Magia y poder de la pintura

Los símbolos ocultos del arte

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Los pintores de otras épocas hacían mucho más que retratar a sus modelos, muchas veces convertían a sus cuadros en talismanes para sus retratados. Hay muchos ejemplos a lo largo de la extensa Historia del Arte, con obras que los pintores dotaban de símbolos e imágenes que intentaban ayudar en sus problemas o proteger a los que retrataban. ¿Qué ejemplos tenemos y qué símbolos se añadían a los cuadros como protección?

Retrato de Johannes Kleberguer, Durero, 1526, Viena

Aunque actualmente los cuadros y la pintura sean considerados adornos o figuras artísticas, en otras épocas tuvieron una gran importancia y poder. Ya en el Antiguo Egipto, las pinturas que decoraban las paredes de tumbas y templos poseían cualidades mágicas y eran realizados por especialistas muy reputados. Las escenas que se representaban en las paredes tenían conjuros y escenas que guiaban al fallecido en su tránsito hacia el Más Allá, funcionando como auténticos mapas. En la Edad Media, las pinturas se utilizaban para adoctrinar a aquellos que acudían a las iglesias, usando la imagen para disciplinar en una época en la que la mayoría de la gente era analfabeta. Es entonces cuando se introducen elementos en las pinturas con una función protectora o incluso benéfica, lo que se denomina efecto apotropaico. No solo en la pintura, sino también en otras disciplinas, como la escultura. Por ejemplo, las gárgolas de las catedrales no eran solo simpáticas figuras que decoraban los aleros, sino sobre todo formas que custodiaban la pureza del agua bendita de las pilas. Los leones representados en las puertas tienen una función protectora.

Así, de una forma que nos recuerda a la gran novela de Oscar Wilde, «El retrato de Dorian Grey», las pinturas sirvieron como amuletos frente a elementos nocivos, con significados ocultos y muchos símbolos. ¿Qué ejemplos tenemos de pintura apotropaica o protectora? Tenemos que viajar a pleno Renacimiento, siglo XVI, a las pinturas de un grande del arte, el alemán Durero, quién retrató a un rico comerciante de la época, Johannes Kleberguer. El cuadro tiene una potente función protectora para el retratado, ya que en la esquina superior izquierda hay una serie de simbolos benéficos, 6 estrellas y el signo zodiacal de Leo, formando la conjunción del llamado Sol Incorde Leonis. Se trata en definitiva de un auspicio de éxito y riqueza para el comerciante, una señal de buena fortuna para sus negocios y su vida en general. El artista le quiere asegurar a su cliente mucho éxito en sus objetivos a través de su cuadro, usando las estrellas y el signo zodiacal, en una época en la que las cartas astrales eran de suma importancia.

Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa, Jan Van Eyck, 1434, Londres

Otro ejemplo lo tenemos en la famosa obra del pintor flamenco Van Eyck, «El matrimonio Arnolfini». Aparentemente se trata de un retrato más de una rica pareja de la boyante ciudad comercial de Brujas, que quisieron mostrar su riqueza y poder. Sin embargo, si observamos atentamente la pintura veremos que hay una serie de símbolos que buscaban atraer la fertilidad y repeler energías negativas. El color verde de la ropa de la mujer, la redondez del vestido que insinúa el esperado embarazo, la borla colgada del cabecero de la cama, todos son símbolos que buscaban atraer la fertilidad, una especie de ritual para atraer la buena nueva de un nacimiento. Los rosarios representados en la pared mostraban que eran devotos cristianos, una forma de conseguir el beneplácito divino. Mientras que el espejo redondo era un poderoso talismán frente a las energías negativas del exterior. Esta pintura tenía por lo tanto la función de proteger a la familia y al hogar, y atraer lo que deseaban.

Todos estos ejemplos nos muestran la fuerza evocadora de la pintura y la imagen, algo que actualmente muchas veces olvidamos. En aquellas épocas, plasmar imágenes era una actividad con un halo misterioso y con una enorme importancia, reservada solo a auténticos maestros. Algo que posteriormente será sustituido por la fotografía, cuyos orígenes también estuvieron signados por lo místico y cierto aire de magia. Era creencia popular que el fotógrafo se llevaba parte del alma de la persona que retrataba y que esta permanecía en la foto. Es por ello que muchos se sacaban fotos como forma de garantizarse la inmortalidad. Un ejemplo más del poder casi ritual de la imagen en todas sus formas.

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