El lago de la vida

Lago Texcoco

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En 1519, el español Hernán Cortés, acompañado por 300 compatriotas y unos 3.000 tlaxcaltecas aliados, llegaron al Valle de México. Extasiado por la belleza del lugar, Cortés afirmó que estaba en «un sueño». Había llegado al corazón del Imperio Mexica, al próspero y fértil valle del lago Texcoco, a los pies de los volcanes nevados de Popocatepetl e Iztaccihuatl. Allí se encontraba la capital de los mexicas, la ciudad de Tenochtitlán. Además de la riqueza de las gentes o de los impresionantes templos y palacios, los españoles se asombraron por una ciudad construida sobre las aguas y la muy inteligente política de las aguas que se llevaba a cabo. La relación de la ciudad con el lago era muy intensa, razón de su prosperidad y su gran desarrollo. ¿Qué fue de este lago?

Lago de Texcoco en 1519. Se aprecian las calzadas y el dique Nezahualcoyotl que dividía en dos el lago.

El lago de Texcoco formaba parte de una red de 5 lagos, que crecían o se reducían de acuerdo al nivel de lluvias. En las épocas de precipitaciones, los lagos se unían conformando una gran masa de agua, dejando sólo algunos islotes secos. Las cadenas montañosas de las Cruces y Sierra Nevada vertían sus aguas a través de ríos y corrientes hasta los lagos. Sin embargo, estas lagunas eran salobres, por lo que no podían ser usadas para cultivo o consumo humano. Eso cambió con la llegada de los mexicas, quienes estudiaron y analizaron el lago, buscando sacarle el máximo provecho. La fecha de fundación de Tenochtitlan es una incógnita, pero los últimos descubrimientos apuntan a que los mexicas primero habitaban en la ciudad de Tlatelolco y posteriormente se trasladaron a las islas, formando Tenochtitlan hacia 1330. Idearon así un sistema hidráulico complejo pero muy eficiente, la clave del éxito y la prosperidad de los mexicas. ¿Qué fue lo que hicieron para sacar tanto provecho de las aguas?

Los españoles que llegaron en 1519 se sorprendieron por lo que llamaron «jardines flotantes». Estas eran las chinampas, islas artificiales construidas sobre tejidos y sujetas al fondo del lago, donde se colocaba cieno y con el tiempo se podía cultivar. Estas chinampas eran sumamente productivas y permitían hasta 7 cosechas al año, pudiéndose alimentar a toda la población de la ciudad e incluso generar excedentes. Estos fueron usados sobre todo para abastecer a los ejércitos que extendieron las fronteras mexicas y conquistaron a los pueblos vecinos, como los tlaxcaltecas. Otro elemento muy importante fue la construcción del Dique de Nezahualcoyotl, una impresionante obra de ingeniería que dividió en dos el lago. Del lado de Tenochtitlan, las aguas eran dulces, pues en ellas se vertían y embalsaban las aguas de los ríos y de los lagos Xochimilco y Chalco, mientras que del otro lado estaban las aguas salobres. Además contaba con exclusas, que permitían controlar el nivel de las aguas y evitar inundaciones.

Chinampas de Xochimilco

Pero además de esto, había otros muchos elementos que hacían del sistema algo complejo y multidisciplinario, manteniendo el delicado equilibrio de las aguas. Tenochtitlan estaba comunicada a tierra a través de 5 sistemas de calzadas, con puentes y exclusas, elemento que también contribuía a controlar las aguas. Junto a estas calzadas, corrían dos acueductos que surtían de agua corriente a la ciudad. Recordemos que había letrinas y que los aztecas solían bañarse 2 veces al día. Además, había una estricta política de limpieza de residuos. Unas 1000 personas se encargaban de limpiar canales y calles, barcazas recogían los desperdicios, recolectando los excrementos, que eran usados como fertilizante en las chinampas. Esto permitía mantener limpias las aguas y el lago en buen estado. Los canales y las calles fueron delimitados con mucha atención, algo que debía ser respetado, bajo la supervisión del calmimilocatl.

Lamentablemente, durante la conquista, la guerra devastó los canales y la infraestructura hídrica. Aunque fueron reconstruidos por los españoles, las obras fueron mal hechas, con materiales pobres y el lago rápidamente se secó. La basura y el descuido, convirtieron las aguas que quedaban en charcos pestilentes que generaban enfermedades y los canales fueron quedando en desuso. El equilibrio se había roto, y el lago alternaba la desecación con inundaciones que devastaron la ciudad virreinal. Por ello, las autoridades decretaron el cierre de los canales y el desvío de los ríos para eliminar lo que quedaba del lago, en una lucha continua contra las aguas que se mantuvo hasta principios de 1900. La coexistencia y el equilibrio con el lago se había convertido en una batalla abierta. Cuando el hombre convirtió al lago en su enemigo, las tornas cambiaron, acabándose la prosperidad del Valle de México. Una metáfora que puede ser aplicada a cualquier tipo de relación que establezcamos con nuestro planeta azul, que debe estar basada en el respeto y un equilibrio.

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