Biblos, la ciudad de los libros y los obeliscos

Capital del papiro

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Antes que los griegos, los fenicios fueron los grandes comerciantes del Mediterráneo, el eslabón fundamental que surtía de todo tipo de mercaderías a las clases altas de Egipto y otros reinos importantes. Este pueblo procedía de las costas de lo que hoy es Siria y Líbano, asentada en un pequeño país liderado por 3 grandes ciudades: Tiro, Sidón y Biblos, esta última conocida como la ciudad de los papiros. Biblos fue una poderosa y rica ciudad comercial, el premio codiciado por los muchos pueblos invasores de la zona, un importante núcleo religioso. Actualmente es Patrimonio de la Humanidad por sus muchas ruinas.

Bandera libanesa

Biblos era la más antigua de las grandes ciudades fenicias, asentada en una colina entre dos bahías. Su antiguo nombre era Gebal que significa “colina”. Esta situación la convirtió en un importante puerto que pronto se llenó de mercaderes que traían sus artículos de cualquier punto del mundo antiguo. Hasta allí llegaban metales, oro, plata, especias, aceites o vinos que luego eran enviados a cualquier punto del Mediterráneo con las veloces y también frágiles embarcaciones fenicias. Pero la principal riqueza de Biblos eran los bosques: lo que hoy es Líbano estaba cubierto de una extensa floresta de pinos, encinas y la estrella indiscutida, el cedro libanés, aún hoy símbolo del país y presente en su bandera. Estas maderas resistentes eran muy demandadas para la construcción de estructuras, sobre todo en Egipto, lo que impulsó una gran industria maderera que enriqueció a la urbe.

Biblos estaba custodiada por líneas amuralladas, lo que no impidió que fuera invadida por diversos pueblos, desde los hicsos o los amorreos a los llamados pueblos del mar. La ciudad estaba gobernada por una monarquía que era asistida por un Consejo de Ancianos, de los cuales sabemos muy poco. Biblos fue un importante núcleo religioso, con importantes templos y santuarios, venerados incluso por los egipcios por haber sido visitados por la diosa Isis en el mito de Osiris. La ciudad era guardianada por la diosa guerrera Baaltis, vinculada a la diosa Astarté, a la cual estaba dedicado el principal templo. Allí también se adoraba a Baal, uno de los dioses más importantes de la religión fenicia, esposo de Baaltis y personificación del trueno y la fertilidad, culto muy importante en las secas colinas de la costa libanesa que dependían de las escasas lluvias. Uno de los elementos más importantes de Biblos fue su Templo de los Obeliscos, un edificio lleno de obeliscos, que representaban el rayo solar, y numerosas estelas. Posiblemente estaba dedicado al dios Reshef, divinidad vinculada a la curación y el tiempo, que posteriormente también fue adorada en Egipto. Fue un centro de irradiación cósmica y solar de importancia fundamental.

Templo de los Obeliscos, Biblos, National Geographic

Hacia el 1.200 antes de Cristo, el Mediterráneo entró en crisis por los saqueos de los llamados pueblos del mar, una especie de federación pirata atemorizó a los pueblos costeros. Pero Biblos se recuperó rápidamente y pronto añadió un atractivo más a su lista de virtudes: se hizo con el control del comercio de los papiros. Este material de escritura era sumamente importante, en una época en la que la escritura se consolida y se incrementa la burocracia en los palacios. Aunque la industria principal estaba en Egipto a partir de la planta que nace en las orillas del Nilo, Biblos se hizo con el control de la distribución del papiro y recibió el nombre de”Biblos” de la palabra griega que hace referencia a este producto. Un ejemplo de la relación intensa entre el papiro y la ciudad fue que la Biblia cristiana recibe su nombre debido a que los papiros con los que se escribió el primer ejemplar provenían de esta ciudad. Con el paso de los siglos, Biblos sufrió los avatares del tiempo, pero aún sigue siendo una de las ciudades más importantes de Líbano, con numerosas ruinas de la época en que fue capital de los libros.

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