Murillo, el pintor de los niños

Las calles de Sevilla

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Se cumplen 400 años del nacimiento de Bartolomé Murillo, uno de los pintores que marcaron la llamada Edad de Oro del Barroco español. ¿Porqué es tan importante para el arte la figura de Murillo? Este pintor fue aclamado no sólo en España sino en otros países de Europa, algo que entonces no era tan común como ahora. ¿Porqué especialistas de todo el mundo y de cualquier época se rinden ante sus pinturas?

Niños comiendo uvas y melón, 1645-1650, Munich

La semana pasada se cumplieron 4 siglos del nacimiento de Murillo, en pleno siglo XVII. Una época difícil para el Reino de España que intentaba mantener el inmenso Imperio que habían creado reyes anteriores, que se extendía desde América hasta los dominios europeos o las lejanas islas Filipinas. Las guerras con los vecinos europeos, la crisis interna, pestes y sequías azotaban a los españoles. A pesar de la depresión y las dificultades, esta época fue también llamada el Siglo de Oro por la brillantez de las artes españolas: de la mano de literatos como Quevedo o Góngora, la música de la zarzuela, los teatros de Calderón de la Barca y la pintura de genios como Zurbarán o Velazquez. En medio de ese contexto, apareció un joven Murillo, proveniente de una familia acomodada de Sevilla, el principal puerto del reino.

Tras una etapa de estudios y preparación, Murillo empezó a recibir encargos de las iglesias, cofradías y hermandades, así como de ricos comerciantes que querían decorar sus oratorios privados. Las rentas que recibía por herencia de su padre y los continuos encargos le permitieron una vida acomodada. Murillo realizó muchas escenas religiosas, de intensa belleza y un crudo realismo. Es llamado el pintor de las Inmaculadas, por la cantidad de obras que hizo de este tema, así como escenas bíblicas o de la vida de Jesús de Nazaret. En sus inicios su pintura está muy marcada por el violento contraste entre luces y sombras, el llamado tenebrismo. Pero poco a poco, la luz y el color se abren paso, abandonando los claroscuros tan marcados. Pero, hasta ahí no hay mucha diferencia con otros artistas que también realizaron esa evolución. ¿Qué es lo que hizo destacar a este artista entre la brillantez de la época?

Niño riendo asomado a una ventana, 1670-1680, Londres

Sensible y observador, Murillo realizó numerosas obras en las que retrató la vida cotidiana de los sevillanos, pero sobre todo de los niños. Sus cuadros están llenos de niños corriendo, jugando o simplemente observando las escenas con ironía. Infantes que fueron retratados con delicadeza, en medio de su naturalidad y espontaneidad, mostrando la pobreza en la que habitaban, pero llenos de dignidad y belleza. Hay que recordar la época difícil de la que hablamos, con una Sevilla que se vio afectada por graves epidemias y en las que sólo la solidaridad de las cofradías podía sacar adelante a los miles de pobres y enfermos. Las pinturas de este magnífico pintor muestran un gran realismo, con personajes captados como si de una fotografía se tratase, en medio de una risa o a punto de comer algo. Las escenas están llenas de la cotidianeidad más cruda, como nos muestra por ejemplo, el cuadro del “Niño espulgándose”.

Murillo nos permite acercarnos a esa época, lejos de los palacios y las catedrales, y observar escenas de la vida cotidiana del llamado “pueblo llano”, algo que pocas veces se plasmaba en los cuadros. Tras su muerte en 1682, su pintura fue recordada y reivindicada, sobre todo en otros países de Europa y en EEUU e influyó en la pintura social de los siglos XIX y XX, en la que el marxismo apostaba por retratar la cotidianeidad de las clases obreras. Muchos cuadros fueron llevados a museos e instituciones internacionales, recordándonos el poder de inmortal de la pintura y de los que son retratados, incluidos los niños que jugaban despreocupadamente en las calles de Sevilla, sin saber que los estaban pintando.

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