La catedral roja

Entre cátaros y la Inquisición

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La ciudad francesa de Albi es una de las más visitadas de Francia, entre otras cosas, por su enigmática catedral roja y su fama como lugar de los herejes cátaros. Pero, ¿qué hace de esta singular catedral uno de los lugares más visitados del Sur de Francia? Sus formas, sus materiales, su increíble decoración, todo la convierten en un edificio digno de ser visitado y donde uno puede perderse, imaginando otras épocas de cruzadas, constructores de catedrales y herejes.

En medio de la campiña del sur de Francia, en el cálido Languedoc, se encuentra Albi. Rodeada de bosques mediterráneos y colinas, la ciudad se asienta en el valle del río Tarn, una zona rica en arcilla, lo que ha hecho que sea el material usado para construir la mayoría de edificios y la catedral. Esta inmensa iglesia es el edificio más grande del mundo realizado con este material, elevándose como un centinela que custodia la urbe. Su arquitectura recuerda a la de una fortaleza, con formas gruesas y cerradas. Construida en plena Edad Media, se tardaron 200 años en terminarla, convirtiéndose en un  collage de los diferentes estilos que recorrieron la Europa medieval. Su impresionante torre es de una gran altura (78 metros) mientras que su planta es extraña, pues no tiene la típica forma de cruz latina, símbolo de Cristo. Su nave es un extenso y uniforme pasillo, al que además se accede por un costado, no por los pies, como solía construirse.

Frente a un exterior austero y casi militar, el interior es una auténtica maravilla por sus pinturas murales, siendo la catedral pintada más grande de Europa. Sus techos fueron pintados con un tono azul que posteriormente se vinculó a la monarquía versallesca, y que actualmente conocemos como azul francia. Figuras, círculos, medallones, con tonos dorados decoran las bóvedas. Más abajo, las paredes fueron cubiertas de escenas renacentistas de una riqueza enorme, como la descomunal escena del «Juicio Final», con 200 metros cuadrados de extensión y vivos colores. Sus autores son desconocidos, pero se apunta a maestros de la actual Bélgica, entonces llamada Flandes. Cientos de estatuas policromadas que muestran lo mejor del arte medieval y renacentista, añadiendo un poco más de belleza a un lugar ya de por sí impactante. Una construcción imperdible, que nos remonta a épocas en el que el poder y la riqueza de la Iglesia no tuvieron límites. Además, la Sala del Tesoro de la iglesia guarda objetos religiosos de incalculable valor.

Albi se encuentra en lo que anteriormente fue el principal foco de la herejía cátara o albiguense. Fue llamada albiguense, por una mala traducción, ya que el núcleo de esta «desviación» religiosa fue la ciudad de Toulouse. El catarismo tuvo su origen en pleno siglo XII, en medio de una Iglesia desgarrada por las fracturas internas, las excesivas riquezas del clero y las luchas políticas. Frente a la decadencia y los vicios de Roma, surgieron voces en contra, alimentadas por grupos llegados de Oriente. Así, surge el catarismo, que propugnaba un retorno a la pureza, al celibato, la pobreza o incluso el vegetarianismo. Rechazaban a la Iglesia tradicionnes, el bautismo, las riquezas materiales o el matrimonio, lo que provocó alarma en Roma. A los intentos moderados de mitigarlo, se terminó apostando por una violenta represión mediante la Cruzada Albiguense a principios del siglo XIII y la implantación de la tenebrosa Inquisición en la región. El catarismo acabó desapareciendo, pero ciudades como Albi aún guardan una impronta de aquella época enigmática.

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