Los secretos del valle de los dinosaurios

Valle de la Luna

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Cerca del límite oriental de la provincia argentina de San Juan se encuentra uno de los lugares más llamativos del país: el Parque Provincial de Ischigualasto. Más conocido como el Valle de la Luna, este espacio protegido es considerado uno de los mejores del mundo para desenterrar fósiles. Pero este monumento a la paleontología es también un lugar de bellos, impactantes y variados paisajes que sorprenderán a todo el que lo visite, como si fueran de otro mundo.

Muy cerca de la frontera con la vecina La Rioja, se encuentra el espectacular Valle de la Luna. De hecho, la UNESCO unió este lugar con el cercano Parque Nacional Talampaya en una gran reserva considerada Patrimonio de la Humanidad. Valle de la Luna empezó a tomar relevancia a partir de las expediciones de los primeros paleóntologos en la década de 1940, que se sorprendieron por la calidad y abundancia de los fósiles descubiertos aquí. En 1995 fue convertido en espacio protegido y en el 2000 recibió la máxima condecoración de la UNESCO. Valle de la Luna fue hace miles de años una depresión formada por el calor del interior de la corteza terrestre, lugar donde escurrían cursos de agua y lagunas. Así, se fueron acumulando sedimentos con restos animales y vegetales durante millones de años, que por nuevos efectos tectónicos salieron a la superficie. Así se formó el paisaje singular de este emplazamiento, único en el mundo, que parece hacernos retroceder millones de años a cuando los dinosaurios aún caminaban bajo el Sol.

En 1944 fue publicado el primer estudio de fósiles de Ischigualasto, un cráneo de cinodonte que fue analizado por el paleontólogo Angel Cabrera. Se lanzaron varias expediciones que desenterraron cientos de esqueletos y restos. Valle de la Luna es el único lugar del mundo donde están al descubierto y ordenadas las secuencias del Triásico. Una figura importante para este lugar fue el paleontólogo norteamericano William Sil, quién se radicó en la provincia en 1969 atraído por los fósiles. Trabajó allí hasta que se vio obligado a huir por la dictadura, retornando tras la restauración democrática. En el 2000, gracias a sus gestiones se logró convertir a Valle de la Luna en Patrimonio de la UNESCO. Trascendió en 2008 y tal cual fue su deseo, sus cenizas fueron depositadas en el Parque. En reconocimiento a su figura, uno de los museos de Ischigualasto lleva su nombre.

Pero, Valle de la Luna esconde también paisajes espectaculares. Puede ser recorrido en automóvil, siempre acompañado de un guía del Parque. Destaca el Valle Pintado, una antigua depresión de colores blancos y grisáceos que recuerdan a la Luna. El recorrido está salpicado de impresionantes formaciones rocosas con formas que recuerdan a esfinges, torres, cráneos humanos o chimeneas. Están por ejemplo, el Submarino, con pedruscos suspendidos en el aire, o el impresionante Hongo, símbolo de la Provincia de San Juan. Entre colores extravagantes y cardones, hay que destacar el Campo de Bochas, sembrado de lo que parecen esferas negras, fósiles que emergen de la tierra con formas ovaladas y un interior rojizo. Y por último, son impresionantemente bellos los farallones rojos de las llamadas Barrancas Coloradas, semejantes a palacios rojos y columnas de templos rosas, que rodean el camino de salida del Parque. Sin duda, una visita obligada, entre dinosaurios y vistas extraordinarias.

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