La edad de oro

La tercera edad

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Vivir como un ser humano implica abrazar y comprender todas las etapas que vamos a ir experimentando en esta encarnación. La memoria social ha dejado en nuestra psique incontables obstáculos respecto de cómo ver y sentir la vida, pero aun así estamos cada día más convencidos de que hay que avanzar y dejar atrás conceptos que ya no están vigentes en la sociedad actual. Hoy quiero enfocar nuestra mirada en la llamada tercera edad o también podríamos decir la edad de oro, un estado de sabiduría.

Llegó el momento de enlazarnos con una realidad más cósmica y de sentir todas nuestras facetas, desde las más divertidas y genuinas, hasta las más complejas y delicadas que existen en nuestro cuerpo biológico, como por ejemplo: la infancia y nuestros primeros pasos, esa parte pueril que nos llama a observar sin ser vistos; la juventud y su revolución sexual, los descubrimientos del contacto con los sentidos; la madurez que viene enlazada a la reflexión y por sobre todo a la creación; la vejez que nos trae la plenitud de nuestro Ser y la experiencia del conocimiento que se convierte en sabiduría. Y esta última etapa nos trae la templanza y algo muy importante: la comprensión de quienes somos y de quién es el otro.

  • «El envejecimiento no es una patología, sino una característica más de la vida» asegura el doctor Francesc Formiga, director del programa de envejecimiento del Hospital Universitari de Bellvitge en Barcelona, y redactor jefe de la Revista española de geriatría y gerontología.

La edad de oro es un momento de la vida donde el trayecto de la misma convoca a tener la mirada del buen observador. Es una edad donde se refleja lo mucho que se experimentó, pero que además, se localiza también lo que aún queda por explorar.  Y es que un individuo de la edad de 70 u 80 años en adelante, es un ser humano activo, para amar, para compartir y para crear. El sistema de creencias se ha focalizado en ver la envoltura y no el interior de los individuos y es por ello que, la vejez es un buen momento para recordar que somos conciencias cósmicas habitando un cuerpo biológico.

Envejecer no es sinónimo de enfermedad, ni de estorbo; envejecer significa que ha llegado el momento de ser un maestro o un consejero; de ser un experto de la vida, pero no en retirada sino más bien todo lo contrario, activo. El humano que vive las edades del tiempo y sus huellas, nos puede guiar hacia nuevos senderos, porque este ser ancestral nos convoca a mirarles con detenimiento y ternura, a escucharles y a sentir la voz de la experiencia. Porque sin ellos, sin nuestros mayores, jamás hubiera existido la humanidad de hoy. La tercera edad actual es independiente, aunque lleven anteojos; es coqueta aunque tengan arrugas; es bella aunque no se tiñan las canas; es audaz aunque manejen otros tiempos. Es dinámica, sabia y por ende es vida.

Uno de los muchos ejemplos que nos encontramos es el de Jane Fonda, una mujer activa y decidida a vivir con naturalidad el paso del tiempo. Tiene una larga y exitosa carrera como actriz, ganadora dos veces del Óscar. En 1991 anunció su retirada del cine, sin embargo, a partir del 2005 retornó a las pantallas incrementando sus apariciones en películas, junto al lanzamiento de su autobiografía «My Life So Far» Es activista política y social, y actualmente tiene un rotundo éxito con su serie (muy aconsejable) Grace y Frankie de Netflix. El vídeo que adjunto en la nota es un  discurso de Fonda que no tiene pérdida.  Sin más, les dejo para que lo escuchen detenidamente y lo disfruten.

Hay un trabajo por hacer entre todos nosotros y es el de comenzar a vernos como Seres, empezando por uno mismo y después focalizando en el otro, porque al fin y al cabo todo cuanto nos rodea es una parte esencial de nuestra vida.

  «Las mujeres mayores, representamos la mayor población mundial. Si podemos volver atrás y redefinirnos y llegar a ser íntegras, esto va a crear un cambio cultural en el mundo y dará un ejemplo a las generaciones más jóvenes»

Jane Fonda

Jane Fonda – “Todavía se vive en el viejo paradigma, donde la edad es como un arco, en vez de ser una ascensión
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