La inmortal Persépolis

La capital persa

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Los griegos observaban con desprecio a los persas, siempre considerándolos bárbaros y gentes incultas, sin embargo, este pueblo de origen nómada logró conquistar y crear un enorme imperio que cubría todo Oriente Próximo, Anatolia, Egipto, Mesopotamia e incluso sectores de lo que hoy es Pakistán y Asia Central. Erigieron refinadas y sofisticadas capitales, como es el caso de la espléndida Persépolis, cuyas imponentes construcciones nos continúan maravillando.

El emperador Darío I había recibido el imperio en su máxima expansión. Preocupado por organizar sus enormes territorios, los dividió administrativamente en satrapías y fijó leyes y una moneda única. Gran constructor, el poderoso emperador Darío decidió hacia el 510 antes de Cristo erigir una nueva capital. Para ello, eligió un emplazamiento al sur de lo que hoy es Irán, donde ya existía antes una rica y poderosa ciudad, que se convirtió en lo que conocemos como Persépolis (ciudad persa en griego). Durante 200 años, Darío y sus herederos fueron levantando y ampliando la ciudad. Hay cierta controversia sobre su función, ya que parece el imperio persa poseía otras capitales en aquella época y que el ocupamiento de Persépolis no era continuado durante todo el año.

Rodeado de murallas y de los barrios de la servidumbre, los complejos palaciegos fueron erigidos sobre una extensa terraza y organizados con una estricta planta octogonal. Los persas que en origen era un pueblo nómada, carecían de un estilo propio de construcción, por ello desarrollaron un modelo ecléctico que se alimentaba de las influencias de babilonios, griegos y egipcios. Desarrollaron una rica decoración de figuras de animales, símbolos de su religión zoroástrica y de su propia monarquía, como las figuras aladas del emperador. Cientos de artesanos griegos fueron llevados a construir estas edificaciones que asombraban a todos los extranjeros, comerciantes y embajadores que la visitaban. Junto a los palacios se han descubierto las estancias de los diversos embajadores, organizadas por nacionalidad: medos, elamitas, jónicos,…

Palacio de Darío o Tachara

A la ciudad se accedía por la pomposa Puerta de Todas las Naciones, custodiada por dos colosales toros alados, decorada con metales preciosos e inscripciones de bienvenida en 3 idiomas. A partir de ella se entraba al Paseo de Procesiones, la avenida principal que llevaba a los palacios. Uno de estos era la fastuosa Apadana, que servia de sala de audiencias con capacidad para 10 mil personas. El edificio constaba de grandes columnas decoradas con figuras de toros y leones, una rica techumbre de maderas finas, cerámicas e incrustaciones de oro, marfil y piedras preciosas. Cerca se encuentra el palacio Tachara o palacio de Darío, construido con una estricta simetría, con grandes columnas de piedra gris y adornado profusamente con relieves. O el imponente Palacio de las 100 columnas de grandes dimensiones, también muy decorado, con techos de maderas de cedro y gran profusion de esculturas y adornos de relieve. Abundan elegantes escaleras, las columnas persas con capiteles de toro, bellas estatuas de animales,… Todos estos edificios estaban rodeados de zonas ajardinadas regadas por un complejo sistema de canalizaciones.

En el 331 antes de Cristo el destino de la ciudad quedó sellado cuando un joven genio macedonio, Alejandro Magno, derrotó a las huestes persas en la mítica batalla de Gaugamela y poco después en la batalla de las Puertas Persas. Entró triunfante en Persépolis y según las fuentes griegas, borracho por los festines de victoria o enfurecido por haber encontrado a los prisioneros griegos mutilados, incendió los palacios. La ciudad nunca se recuperó y cayó en el abandono durante siglos. En 1878 empezó a ser excavada y poco a poco salieron a la luz sus palacios. Con la creación de Irán y después de la revolución de los ayatolás, los propios iraníes lograron evitar que sus ruinas fueran devastadas con maquinaria pesada como querían los gobernantes. Convertida en Patrimonio de la Humanidad, es una de las mayores joyas que nos dejaron los pueblos antiguos, símbolo del fiero y poderoso pueblo persa.

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