Tras los secretos de Troya y Micenas

Heinrich Schliemann

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La vida de Heinrich Schliemann estuvo llena de desafíos, aventuras y curiosidades. Siempre impulsado por su sueño juvenil de convertirse en arqueólogo y sacar a la luz los restos de la mítica Troya de la leyenda homérica, les demostró a los negacionistas que la ciudad existió realmente. Demostró que nada nos impide cumplir nuestros anhelos mas profundos, a pesar de las dificultades inmediatas.

En lo que hoy es Alemania y entonces era el Ducado de Mecklemburgo, un joven se sintió muy conmovido al escuchar la historia de la Ilíada, leída por su padre. El antiguo poema homérico narraba la mítica guerra de los griegos contra los troyanos después del rapto de la princesa Helena, la más bella de Grecia y que acabó con la derrota troyana gracias al famoso caballo de Odiseo. El joven Heinrich siempre soñó en convertirse arqueólogo y desenterrar la mítica Troya, pero sus sueños estaban muy lejos. Vivía en una humilde familia alemana y atendía en una pequeña tienda. Finalmente, buscando fortuna como tantos otros europeos pobres, vendió su reloj y se embarcó con destino a EEUU pero el barco naufragó frente a Holanda. La suerte quiso que él fuera uno de los pocos sobrevivientes, salvándose al sujetarse a una caja de madera junto con todo su equipaje y su documentación. Después de aquel trágico evento, volvió a Alemania donde encontró trabajo como agente comercial.

Aprendió rápidamente varios idiomas y con 33 años ya dominaba 15 lenguas, lo que le permitió convertirse en un próspero negociante e hizo fortuna en Rusia y otros lugares. Tuvo un corto e infeliz matrimonio con una aristócrata rusa, de la que finalmente se divorció. Más tarde se casó con una joven griega de 17 años, Sophia. En California heredó una pequeña fortuna de su hermano fallecido y se hizo banquero, convirtiéndose en un hombre rico. Fue entonces cuando decidió alcanzar su sueño y convertirse en arqueólogo y excavador, en una época en la que todavía no era una disciplina tan estructurada como actualmente. Estudió Ciencias de la antigüedad en la Sorbona de París y visitó por primera vez Grecia en 1868.

Tras obtener su doctorado en Arqueología, realizó varias expediciones en Turquía buscando los posibles emplazamientos de la mítica Troya. Aconsejado por el británico Frank Calbert que ya había iniciado excavaciones, comenzó a investigar la colina de Hisarlik y finalmente se hizo historia. Descubrieron las ruinas de la Troya de la Ilíada, pero los arqueólogos se encontraron con un auténtico jeroglífico: la ciudad era una sucesión de 10 urbes distintas, construidas una encima de la otra, en un espiral de destrucciones y reconstrucciones. Heinrich no pudo identificar claramente cuál de todas ellas era la que aparecía en la leyenda homérica y en su prisa por buscar los estratos más antiguos, se produjeron muchos destrozos en las ruinas y la excavación fue muy desprolija por la inexperiencia.

Máscara de Agamenón, Museo Arqueológico de Atenas

Se desenterraron las murallas, restos de edificios como fortalezas o palacios y cerámicas. Pero, en 1873 se produjo el hallazgo más importante. “Ven ahora mismo. Es vital. No hables” le ordenó Heinrich a su joven esposa que acudió rauda a las excavaciones. Ese día le dieron franco a los trabajadores mientras marido y mujer continuaron excavando en secreto y desenterraron el que se llamaría más tarde Tesoro de Príamo, el mítico rey de Troya. Vasos de oro, brazaletes, joyas, copas de plata, hachas y otros muchos objetos de incalculable valor, que Heinrich decidió sacar ilegalmente de Turquía con destino a Grecia. Aunque fue multado, pudo lograr sus objetivos y el Tesoro fue enviado al país de sus esposa, donde los familiares de ella los ocultaron en granjas y casas para evitar robos y policias corruptos. A Heinrich se le acusó de haber reunido las piezas, comprándolas en mercados de antigüedades turcos y griegos y se puso en duda la autenticidad de los objetos. Actualmente, las piezas se consideran verídicas.

A pesar de las críticas, este tenaz arqueólogo  y su esposa decidieron continuar con sus expediciones. Y se encaminaron a las ruinas de Micenas, en Grecia continental, donde había reinado Agamenón, esposo de Helena de Troya. Estrechamente vigilado por la policía griega, alcanzó otro hito arqueológico al desenterrar 5 tumbas con ricos ajuares funerarios. Objetos de cobre, oro y bronce, joyas, coronas y armas, entre las cuales destaca la impactante “Máscara de Agamenón” hecha de oro y llamada así en honor al rey micénico aunque nada indica que fuera de él realmente. Este nuevo descubrimiento lo convirtió en una celebridad mundial y continuó con sus excavaciones en otros lugares de Grecia. Falleció en 1890 en Italia. Su vida fue un valioso ejemplo de que con perseverancia y pasión se pueden cumplir nuestro sueños personales, a pesar de las negativas de los demás y las dificultades inmediatas.

Tesoro de Príamo, Museo Pushkin de Moscú
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