El reloj biologico de nuestro cuerpo

¿Para qué sirve?

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En medio de los atentos asistentes a la ceremonia, el prestigioso Instituto Karolinska de Estocolmo anunció que el Premio Nobel de Medicina 2017 se lo llevaban 3 científicos estadounidenses. Jeffrey C. Hall, Michael Rosbach y Michael W. Young fueron los premiados por sus descubrimientos en el campo de los relojes biológicos humanos. ¿Pero qué fue lo que descubrieron?

El cuerpo humano posee un reloj biológico que lo sincroniza con el ritmo de la naturaleza y el entorno, con los ciclos de noche y día, oscuridad y luz, los llamados ciclos circadianos. Es decir, estamos internamente atados a los períodos diarios de 24 horas que regulan nuestro sueño (dormimos en la noche y nos despertamos al alba) pero también repercuten en la regulación de la temperatura, la producción de hormonas o las funciones del aparato digestivo. Una muestra de la importancia de esto es por ejemplo el jet lag, el síndrome de cambio abrupto de zona horaria.

La disociación entre los ciclos diarios y nuestras actividades se ha comprobado que genera problemas a nuestro organismo. Por ejemplo, las personas que trabajan de noche tienen mayor posibilidades de contraer cáncer, sufrir trastornos neurodegenerativos, del sueño o bipolaridad. El sueño es de enorme importancia para una actividad cerebral normal y también para la formación de la memoria, por ello, debemos respetar nuestro reloj biológico y mantener una rutina lo más cercana posible a los ciclos circadianos. Además, sabemos que este reloj no es algo único del ser humano sino que lo posee cualquier organismo, ya sea unicelular o multicelular.

Localización del hipotálamo

La existencia de este reloj biológico ya fue descubierta en 1729 por el astrofísico francés Jean-Jacques Dourtuon de Mairan quien observó el comportamiento de las mimosas. Estas plantas abren sus hojas al amanecer y las cierran al anochecer y lo siguieron haciendo una vez que el científico las metió en un armario cerrado, llegándose a la conclusión de que algo interno las hacía mantener esas rutinas. Muchos años después, en 1970 se logró ubicar este reloj biológico en el núcleo supraquiasmático, una estructura cerebral localizada en el hipotálamo, detrás de nuestros ojos, que detecta las señales luminosas que entran por las pupilas distinguiendo cuando es de día o de noche. Este reloj interno, envía impulsos por el cerebro y el cuerpo regulando los cambios de temperatura, el nivel de actividad, la presión arterial o el sueño.

Circadiano: del latín circa (alrededor) dies (días)

Posteriormente se ha descubierto que además de este reloj central hay otros periféricos situados en otros puntos del organismo como el corazón, el hígado o el páncreas que controlan esas zonas concretas. En las horas de mayor actividad accinan funciones concretas de esos órganos o tejidos. Pero la relación entre el reloj central del hipotálamo y estos periféricos puede romperse con solo cambiar los horarios de las comidas, como se descubrió en el año 2000 en un experimento con ratones.

Los tres científicos premiados con el Nobel fueron un poco más allá de estos descubrimientos. Usando moscas lograron aislar el gen que dirige este reloj biológico y observaron que se autorregula mediante diversas proteínas propias que oscilan cada 24 horas.  Así, se llegó a la conclusión de que cada célula tiene un reloj propio, un cambio fundamental en la comprensión de este sistema del organismo humano. Todo esto permite por ejemplo que la medicina sea más efectiva en algunos tratamientos de acuerdo a estos ciclos circadianos. Cuanto más se va estudiando más sencilla y asombrosa resulta esta maquina que es nuestro cuerpo biológico.

Y como todo lo que es simple, a veces, la mente humana se enreda en poner etiquetas a lo «simplemente natural». El individuo puede llegar a modificar su estructura celular tan solo con crear rutas cotidianas diferentes. Esto generaría un constante cambio en el comportamiento interno de nuestra estructura biológica, asemejándose más al cosmos y menos al asfalto, o lo que es lo mismo, distanciándonos de la estructura fija e invariable que tanto daño a hecho a la sociedad. Esta micro visión ha creado una falsa seguridad en la vida de muchos seres humanos. Modificar pequeños aspectos cotidianos, salir de la rutina, de lo fijo y lineal, puede mejorar de forma incalculable la vida de cada uno de nosotros.

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