El enclave de los eremitas

Santiago de Peñalba

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Muchas personas a lo largo de la historia se han retirado al campo para vivir en soledad, buscando un mayor contacto con la Naturaleza y la Divinidad. Son los llamados ermitaños, algo muy común en la Edad Media, dedicados a la meditación, la contemplación y una vida sencilla en el ámbito rural, principalmente en montañas y lugares de difícil acceso. Un ejemplo de esto fue San Genadio, santón del Norte de España y constructor de iglesias durante la Reconquista. Una de ellas es la iglesia de Santiago de Peñalba, un santuario antiguo y lleno de misterios.

Valle del Oza o Valle del Silencio

Entre los Montes de León, al norte de la Península Ibérica, discurre el arroyo Oza, un valle sinuoso y estrecho de difícil acceso, entre frondosos bosques, conformando un paisaje impactante. A día de hoy la única forma de entrar en él es a través de una estrecha carretera, solo apta para diestros conductores, que discurre junto a pendientes y paredes de roca. No es de extrañar que este fuera un lugar elegido por los misteriosos eremitas de la Edad Media para retirarse del mundano ruido y dedicarse a la contemplación de la “obra del Creador”.

En el siglo X, mientras los musulmanes sometían la mayor parte de la Península Ibérica, los reinos cristianos resistían en las escarpadas regiones del Norte del país, atrincherados entre montañas y cordilleras. Solo la protección del Imperio de Carlomagno era capaz de aportar algo de seguridad a estos débiles reinos. Es en este contexto difícil, donde el monje Genadio de Astorga decidió iniciar obras de reconstrucción y construcción en la región del Bierzo. Restauró antiguos monasterios y construyó otros nuevos, por lo que su actividad constructiva y religiosa lo llevó a ser nombrado abad y luego obispo. Formó una importante biblioteca monástica, en tiempos en que los libros eran un lujo extraño. Incluso se lo relaciona con el ajedrez, ya que las piezas de marfil de este juego encontradas en una de sus iglesias son las más antiguas de Europa.

Iglesia de Peñalba de Santiago

Pero, Genadio no era afecto a estos cargos que ostentaba y deseaba otro contacto con la divinidad. En sus escrituras siempre hacía referencia a haberlos aceptado más por deferencia al rey que por decisión propia. Finalmente, decidió abandonar sus cargos y se encaminó a las montañas del valle del Oza, donde se internó para vivir en soledad y sencillez, dedicado a los rezos y los salmos. Una parte de este valle es conocido como Valle del Silencio, porque se dice que el santo estaba meditando y le molestaba el ruido del arroyo. Así que golpeó su cayado, le dijo al río que se callara y este le obedeció, quedando enmudecido. El monje habitó en cuevas, que posteriormente fueron objeto de veneración por la población y su tierra era dada en saquitos a los enfermos para que se curasen de sus males. Todavía se hacen romerías hasta los lugares donde habitó, tal fue su influencia y prestigio. Ayudó a construir una hermosa iglesia en una remota villa montañesa, Peñalba de Santiago y desencarnó en fecha desconocida en el siglo X, siendo adorado como santo protector durante generaciones hasta hoy en día.

Cruz de Peñalba

Esta famosa iglesia continúa en pie hasta ahora, siendo una construcción intrigante. Es un edificio de piedra que no desentona demasiado entre las viviendas del pueblo. Posee dos cabeceras contrapuestas, algo muy extraño en estas iglesias. Mezcla elementos de muchas culturas: la celta, la cristiana o la islámica, como un collage arquitectónico. Destaca su bellísima entrada con arcos de herradura, un ejemplo sobresaliente del arte mozárabe y las influencias islámicas sobre el arte cristiano. Tiene bellas bóvedas, gruesos muros y capiteles con formas vegetales. Pero uno de los elementos más curiosos son las pinturas murales, de las cuales solo se conserva una pequeña parte, con motivos vegetales y geométricos, formas extrañas y siluetas. Hay figuras de difícil explicación, como por ejemplo la de un elefante.

Guiadas por manos invisibles, solo esperábamos absortas en el silencio del valle. O nos adentrábamos en los senderos de piedra y cuarzo hasta que el aire comenzaba a bajar de temperatura y entonces sabíamos que la entrada estaba cerca y que, vendrían a nuestro encuentro

Extracto del libro El Despertar, autora Elder, editado por Origen Estelar

Pero la historia no acaba aquí. En esta iglesia se guardó durante un largo tiempo la Cruz de Peñalba, símbolo del Bierzo y de la identidad cultural de la región, cuya representación aparece en la bandera y el escudo de la comarca. Este relicario con forma de cruz griega, tiene poco valor material, ya que está hecha en latón y pedrerías sencillas. Pero destaca por su antigüedad y su valor simbólico, vinculada al poder real. Fue entregada por el rey Ramiro II al monje Genadio, como forma de agradecer a la Providencia por la buena fortuna en la batalla de Simancas contra los musulmanes. En esa época el culto a Santiago era muy fuerte, con la primacía de la iglesia de Santiago de Compostela, y esta cruz también era una forma de veneración hacia su figura. Todo esto demuestra la importancia de este remoto enclave, Peñalba de Santiago, un encantador pueblo de casas de piedra entre las imponentes montañas de León, el Valle del Silencio y los frondosos bosques. Y la influencia de San Genadio, el santón leones.

Cueva de San Genadio
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Via Santiago de Compostela

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