Colonias marinas

Los corales

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Los corales siempre fueron un dilema para los investigadores de otras épocas. Algunos decían que eran animales, ya que por ejemplo respondían al tacto, y otros que eran vegetales, sin que llegaran a ponerse de acuerdo. Ahora sabemos que son grandes colonias de organismos marinos llamados pólipos que se desarrollan sobre los arrecifes. Pueden ser blandos o duros, siendo estos últimos los que construyen las formaciones más vistosas. Conforman bajo las aguas hábitats de enorme variedad y riqueza en los que viven miles de especies de peces, invertebrados y plantas.

Atolón en las costas de Belice

Los arrecifes de coral sólo habitan en aguas cálidas y en una profundidad nunca mayor a 50 metros. La razón es que los corales viven a partir de una relación simbiótica con un determinado tipo de algas unicelulares (las zooxantelas) que les sirven como alimento y para eliminar excesos de amoníaco y fosfato en el coral. Estos organismos solo pueden vivir en profundidades donde les llegue la luz solar para realizar la fotosíntesis (zona fótica). También, son ellos la causa de la profusión de colores. Los pólipos que conforman los corales se alimentan de microorganismos como plancton o pequeños peces, que son capturados mediante púas venenosas en los diminutos tentáculos, con los cuales inmovilizan a la presa y la dirigen al estómago. Ademas, generan y dispersan luz propia, cuya función se desconoce.

Estos pólipos conforman los grandes arrecifes fijando el calcio disuelto en los mares creando así las estructuras rígidas. Suelen colocarse en franjas en las zonas costeras, pero también forman barreras de coral delimitando lagunas frente a las playas. O también en plataformas o atolones en alta mar, semejantes a islotes que apenas sobresalen de las aguas. Los más conocidos se encuentran en el Océano Pacifico, como la Gran Barrera de Coral de Australia de 2000 km o en las miríadas de islas y atolones dispersas a lo largo de los miles de kilómetros de aquel océano. También, hay en el Mar Caribe como el arrecife Mesoamericano de 700 km, en el Mar Rojo o en el Mediterráneo, todos mares cálidos donde pueden sobrevivir estas especies.

Anémonas de mar

Miles de pequeñas especies proliferan en estas grandes colonias llenas de color y bellas formas. La diversidad es tal que en dos acres de coral puede haber la misma diversidad de peces que la de especies de aves en toda Norteamérica. Desde las plumas de mar con figuras casi transparentes y ligeras que se mueven con la marea, moluscos, lapas, gorgonas de colores, erizos de mar, hasta multitud de peces y medusas. Se calcula que el 25% de los seres marinos dependen de los corales, que solo ocupan un 1% de los mares. También contribuyen a beneficiar al ser humano absorbiendo dióxido de carbono de la atmósfera y el impacto de huracanes y tormentas, protegiendo las costas.

A pesar de ello, actualmente la mayoría de los corales están amenazados por la actividad humana. Desde la contaminación y los residuos, hasta la pesca o incluso las anclas de los barcos que arrasan estas colonias. Muchos de ellos, debido a situaciones de estrés se han blanqueado o han terminado desapareciendo. Se han ideado algunas soluciones para evitar esto, como la creación de zonas protegidas, la prohibición de extraer coral para el turismo e incluso dar descargas eléctricas de baja tensión para disolver las acumulaciones de cabonato blanco. O medidas mas atrevidas como las bolas de coral artificial, que imitan las superficies rugosas donde se fijan algas, peces y medusas. Es por ello, que es necesario proteger y cuidar estos lugares, auténticas selvas marinas llenas de biodiversidad y de vida.

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