La ciudad de Santiago Zebedeo

Lugar de peregrinaje

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La ciudad de Santiago de Compostela se encuentra en el interior de la provincia gallega de La Coruña entre los verdes campos. Es la capital autonómica de Galicia y sede de sus principales instituciones políticas, pero también un importante centro de peregrinación. En ella se encuentra la catedral de Santiago, donde están los restos del santo, máximo patrón de España.

La ciudad tuvo su lejano origen ya en época romana, como una pequeña villa y más tarde fue abandonada. Pero serán los acontecimientos que tendrán lugar siglos más tarde, los que le den su importancia como foco religioso. Según la leyenda, Santiago el Mayor evangelizó la Península Ibérica y viajó por toda la región, llegando incluso hasta las Torres de Hércules al sur. Volvió a Jerusalén donde murió decapitado. Los restos del apóstol Santiago fueron llevados desde Tierra Santa hasta Galicia en un mítico barco y el grupo de personas que llevaba el cuerpo fue perseguido por los pobladores del reino de Iria. Hasta que los perseguidores murieron ahogados en un río, así que la reina Lupa les ofreció un carro con bueyes para llevar al santo. En el lugar donde los bueyes se pararon, allí fue enterrado.

La tumba fue redescubierta en el siglo IX. El ermitaño Pelayo, un monje que vivía en el campo alejado del mundano ruido para estar en contacto con Dios, vio luces extrañas en el cielo sobre un punto y hasta allí fue el obispo Teodomiro. En ese lugar señalado por los astros y las estrellas (Campus Stellae, Compostela, Campo de Estrellas) el prelado encontró la tumba de Santiago y en torno a ella se construyó una pequeña ermita y la ciudad. En esa época de guerras contra los musulmanes y de debilidad monárquica, los reyes de la cercana Asturias utilizaron el santuario como elemento de cohesión social y política. Los papas de Roma pronto le dieron grandes privilegios a la ciudad como santuario de la Cristiandad y se fue conformando el Camino de Santiago, que los peregrinos recorrían a pie para llegar a las reliquias del santo.

Pórtico de la Gloria

Durante las guerras contra los musulmanes, la ciudad sufrió ataques y destrucciones, hasta que el peligro islámico se fue alejando conforme los cristianos avanzaban hacia el sur. Fue entonces cuando el pueblo creció, y se empezó a erigir la monumental catedral sobre la tumba del santo. En ella, a lo largo de los siglos de construcción, trabajaron los grandes arquitectos, escultores y pintores de todo ese tiempo. La enorme iglesia posee elementos románicos, góticos, una monumental fachada barroca, en una mezcla de muchos estilos que se superponen unos a otros. Destaca el Pórtico de la Gloria, que decora las puertas de entrada, una profusión de bellas esculturas románicas que representan el Apocalipsis bíblico y la gloria de los bienaventurados, como una bendición hacia los cansados caminantes que llegaban al santuario.

Después de una controversia religiosa sobre cuál era el patrono de España, el rey Felipe IV decidió que fuera Santiago, confirmando la primacía de esta ciudad. Así, en torno a la catedral se fue conformando un hermoso casco histórico con estrechas calles empedradas, palacios (o pazos, en gallego) barrocos, cientos de iglesias y santuarios, plazas y escalinatas. Fue convertido en Patrimonio de la UNESCO y entre ellos destacan algunas construcciones como el espléndido Hospital de los Reyes Católicos, que a pesar del nombre es una hospedería construida con el dinero de la conquista del último reducto musulmán en Granada. Palacios como el de Gelmírez una sede episcopal o el de Rajoy, sede del gobierno autonómico y con aire británico dieciochesco. En ella también se encuentra la Universidad de Santiago, que con 500 años de historia le da un aire juvenil a la ciudad.

Vieira, símbolo del Camino de Santiago

Por todo esto se ha convertido en un foco turístico de primer orden y sobre todo de peregrinación. La tradición decía que incluso Carlomagno peregrinó al lugar y que templó una espada en las aguas atlánticas, cosa que nunca fue cierta pero que alimentó el deseo de llegar hasta allí. Los viajeros necesitaban recorrer al menos 100 km antes de llegar a la ciudad para recibir la “Compostela”, un documento que expide la Iglesia que demuestra que se hizo el peregrinaje. Este documento era un modo de indulgencia (se reduce el tiempo de perdón de los pecados en el purgatorio) mientras que si la peregrinación se hacía durante el año jacobeo, es decir en los años en que el 25 de julio cae en domingo, la indulgencia era plena.

Por ello, cientos de viajeros recorrían el Camino durante meses portando un bastón y la simbólica vieira (la caracola estrellada, símbolo de Santiago) y al llegar a la catedral, todos se concentraban en la iglesia en épocas en la que bañarse no era costumbre. Ante el mal olor de miles de peregrinos, los obispos idearon el botafumeiro, un enorme incensario bañado en plata que se hacía pendular en la nave central mediante un sistema de poleas y cuerdas. Aun hoy se sigue haciendo, más por tradición que por necesidad. A pesar de ello, además de hacer un largo camino por la ruta jacobea, atravesando campos y ciudades a lo largo de cientos de kilómetros, cada peregrino recorre también un camino interior en busca del verdadero Maestro de los Estrellas.

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