El alumbramiento del castellano

En San Millan de la Cogolla

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En la comunidad autónoma de La Rioja (España) entre las colinas cubiertas de los famosos viñedos se encuentra el pequeño pueblo de San Millán de la Cogolla, con escasos 150 habitantes. Esta localidad no es muy diferente de otras muchas tranquilas villas del interior de España, sin embargo en ella se encuentra una joya de la época medieval: el monasterio de San Millán, considerado el lugar donde nació el castellano ya como lengua propia.

Antes que nada tenemos que conocer la situación lingüística en la Península Ibérica. Durante el Imperio Romano, el latín era la lengua que se extendió por toda Europa, usada en instancias administrativas, transacciones comerciales y la mayoría de las actividades cotidianas. Pero era un latín mayoritariamente vulgar, llevado por militares romanos y comerciantes, que se mezcló con las lenguas prerromanas que existían antes de la conquista romana. Tras el colapso del Imperio Romano de Occidente y las invasiones germanas, el latín se deformó y fue evolucionando de forma distinta que en otras partes del Viejo Continente, conformándose un proto-castellano aún difuso.

Monasterio de San Millán de Cogolla

Las invasiones musulmanas arrinconaron a los cristianos de la Península en el norte del país, bajo la protección de las Marcas de Carlomagno, hasta que comienza la Reconquista. En medio de este larguísimo conflicto medieval, se logró expulsar a los “moros” de La Rioja y en la naciente San Millán de la Cogolla se decidió construir un monasterio que sería ampliado varias veces. Bajo la protección de los reyes navarros, el lugar se convirtió en un foco cultural de primer orden de Europa, uno de esos lugares donde los monjes se recluían lejos del ajetreo cotidiano y se dedicaban a la contemplación y el rezo. Allí se construyó una scriptoria, una habitación dedicada a la escritura y copia de los bellos códices y la traducción de viejas obras grecorromanas. La importancia de este emplazamiento queda demostrado por el hecho de que a pesar de que San Millán no estaba dentro del Camino de Santiago, algunos peregrinos se desviaban muchos kilómetros para pasar por este lugar.

Códice 60

En el Monasterio, actualmente en manos de la Orden de los Recoletos, se conservan obras de valor incalculable, aunque la mayoría se encuentran en la Real Academia de Historia de Madrid. Entre ellos hay obras del remoto siglo X, libros de santos, salmos, misas, Biblias y valiosos códices, todos hechos a mano en una época muy anterior a la invención de la imprenta y decorados con delicados colores, imágenes y filigranas. Pero lo que hace único este lugar son las llamadas Glosas Emilianenses, un millar de anotaciones en un castellano muy arcaico que hacían los monjes en los márgenes de las páginas para entender y aclarar términos latinos difíciles. Se encuentran en el llamado Códice 60, una recopilación de homilías. También se conservan palabras en euskera, el idioma vasco cuyo origen se remonta a las leguas Atlantes. A través de ellos, se puede ver cómo era el lenguaje en el que se manejaban las personas de forma cotidiana, un castellano incipiente muy latinizado pero que ya empieza a diferenciarse.

«Con o aiutorio de nuestro dueño Christo, dueno salbatore, qual dueno get ena honore et qual duenno tiene tela mantatione con o patre con o spiritu sancto en os sieculos de lo sieculos. Facanos Deus Omnipontes tal serbiio fere ke denante ela sua face gaudioso segamus, Amen»

Una muestra de este arcaico castellano, Códice 60, pag. 72.

Monasterio de Yuso

Este monasterio estaba lleno de decenas de monjes que trabajan a la luz de las velas entre polvorientos libros. Su éxito fue tal, que al primer edificio llamado Monasterio de Yuso (Yuso significa » abajo» en Castellano antiguo) se le añadió una segunda construcción más moderna y amplia, el Monasterio de Suso (de «arriba»), situado a varios kilómetros de distancia. En él trabajó el célebre escritor medieval Gonzalo de Berceo, el primer poeta del castellano. Con el paso de los años, los códices fueron resguardados, pero sin despertar mayor interés, hasta que fueron redescubiertos en el siglo XX. El escritor y lingüista Dámaso Alonso lo consideró “el primer vagido de la lengua española”. Sin embargo, actualmente hay polémica con respecto a si realmente estas glosas son las primeras del castellano, ya que se hallaron documentos que podrían ser más antiguos. Es el caso de los Cartularios de Valpuesta o el curioso Documento de Kesos, un inventario de quesos del año 948. Pero San Millán se sigue considerando la cuna del idioma español, una lengua romance más de Europa como el francés, el italiano o el rumano.

Lo cierto es que es muy difícil establecer el nacimiento de un idioma, ya que siempre el aspecto oral, del que no queda registro, evoluciona antes que el escrito. Pero podemos decir que ya hacia el siglo X, se ha conformado un proto español que con el paso de los siglos se irá diferenciando del latín y complejizándose. Actualmente es el segundo idioma más hablado a nivel mundial, con 437 millones de hispano hablantes en todas sus variantes, siendo la lengua romance la más extendida, en gran parte gracias a la expansión por América.

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