La creadora de Frankenstein

Escritora vanguardista

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Mary Shelley fue una figura brillante de principios del siglo XIX, la creadora de Frankenstein y otras muchas obras singulares. Una escritora que se adelantó a su época, pensadora y reivindicadora, una mujer sorprendente y llena de luces y sombras. Mary Shelley nació en Londres, en un ambiente de libros y pensamiento. Su madre era nada menos que la reputada filósofa feminista Mary Wollstonecaft, defensora de los derechos de las mujeres, encerradas en aquella época en la oscuridad de las cocinas o tras las cortinas de las casas. Es famosa su obra Vindicación de los Derechos de la Mujer de 1792, en la que rechazaba la inferioridad de la mujer, y se convirtió en una escritora independiente, algo inédito en la época. Su padre era William Goodwin, con ideas más radicales, un pensador político que criticaba la monarquía y esbozó el anarquismo.

Pero, su madre falleció en el nacimiento de Shelley, hecho que la marcó e hizo que sufriera un sentimiento de culpa por ello. Y su padre, que había sido un gran pensador político, se ató a un nuevo matrimonio lleno de frustraciones, mientras intentaba sacar a su familia adelante con la apertura de una librería y la escritura. Shelley creció rodeada de libros, de discusiones políticas y de sus primeros escritos. Se enamoró de Percival Shelley, un poeta y escritor romántico, con el cual se lanzó a una vida llena de altibajos económicos, rechazada por los puristas de la época y cerca de los grandes escritores. Fue ahí cuando conoció a una de las figuras más rutilantes de la letras inglesas, lord Byron, narcisista, alocado pero exquisito poeta, una celebridad de aquellos años. Byron invitó al matrimonio a su palacete en Ginebra, donde en una noche de tormenta hicieron un campeonato de escritos de terror. Aquella noche, Mary Shelley esbozó su obra maestra, Frankenstein o el Moderno Prometeo.

Considerado el primer libro de ciencia ficción, tuvo muchas dificultades para ser publicado, por el hecho de que la autora fuera mujer y por su vanguardista contenido. Pero finalmente pudo ver la luz y su fama fue en aumento, convirtiéndose en una de las obras más importantes de la Historia. Se trata sin duda de una descarnada metáfora del abandono, de la soledad y la imperfección de la existencia, Frankenstein fue una obra vanguardista en la que también se critican los excesos de la ambición de la ciencia. Se hace una actualización del mito de Prometeo, el gigante rebelde que dio el fuego a la Humanidad y fue castigado eternamente por ello. En este caso es la ciencia la que crea vida y desata el caos. Pero, Shelley también escribió otras obras sorprendentes como “El Ultimo Hombre”, una novela apocalíptica, basada según la propia autora, en obras proféticas encontradas en Italia y en la que se reivindica la soledad del hombre y una critica hacia la Ilustración y la razón.

Shelley tuvo que sobrellevar la muerte de su círculo más intimo, su esposo o la de lord Byron, en distintos accidentes, algo que se transparentó la melancolía y el aire gótico de su escritura. Crió a su hijo sola, pues se nego a casarse nuevamente a pesar de las propuestas que recibió. Se dedicó a la escritura y la edición de libros, lo que le permitía vivir humildemente y le permitió viajar por Italia y Alemania, siempre en contacto con otros escritores e intelectuales. Feminista, Shelley reivindicó la capacidad de la mujer de superar los obstáculos y su poder como creadora de vida, algo que se ve en su obra Frankenstein, en la que demoniza la creación de vida del hombre individualmente. Su vida, terminó en 1851 víctima de un tumor cerebral, pero dejándonos como legado sus brillantes escrituras y ese monstruo tan humano y vulnerable, Frankenstein.

Cuando la mentira se parece tanto a la verdad, ¿quién puede creer en la felicidad? Me parece estar andando por el borde de un precipicio, hacia el cual se dirigen los miles de seres que intentan arrojarme al vacío.

Mary Shelley

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