Detrás de los relojes

El tiempo inventado

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Si uno busca en Internet la palabra «tiempo» le van a aparecer muchas páginas sobre el pronóstico del clima. El tiempo se ha convertido en una delgada línea cronológica marcada por el futuro y el pasado, en el que el presente solo existe en función de lo que preveemos que ocurrirá y lo que ya ha ocurrido. Una ecuación marcada por causas pasadas y consecuencias futuras. A lo largo del día estamos ocupados en organizar lo que ocurrirá o analizar lo que ya nos ha ocurrido, sin acordarnos del presente, del momento en el que vivimos. Y así transitamos la vida, llenos de planes y objetivos, lamentando el pasado y temiendo el futuro, desconectados de todo y de la vida que nos rodea, del planeta y del cosmos. Y el cuerpo se enferma.

El estudio de las enfermedades mentales esta marcado por dos vertientes, en las que el tiempo es un elemento central. Muchos especialistas en psicología se han dado cuenta que el excesivo miedo o preocupación por el futuro y el estar atrapado en un pasado oscuro es lo que genera casi todos los desordenes psicológicos (ansiedad, depresión,…). Es por lo tanto, fundamental, recordar que a pesar del mañana y del ayer, vivimos el hoy, el presente. La filosofía cósmica de Origen Estelar nos recuerda que lo único que importa es el presente, todos los días volvemos a nacer y tenemos la capacidad de tomar un camino u otro que nos lleve a cumplir nuestros propósitos sagrados. Estamos educados para ordenar los acontecimientos en secuencias temporales, definiendo un antes y un después. Pero ¿y si intentamos ver esto de otra forma? El pasado y el futuro ¿existen? Muchas veces sentimos deja vu, sentimos cosas que ya hemos vivido o el tiempo parece acortarse o alargarse.

A lo largo de la Historia el tiempo fue una variable temida. Los griegos lo personificaron a través del cruel y tempestuoso Cronos, que devoraba a sus hijos para evitar que estos lo derrocasen, una metáfora de los impedimientos a la hora de cumplir los proyectos. Hasta que Zeus lo pudo engañar y lo obligó a vomitar a sus hermanos, los otros dioses olímpicos, y se convirtió en rey de los cielos. Los romanos tenían a Saturno, una divinidad anciana y con una guadaña, símbolo del poder destructor del tiempo, y a veces cubierto con un velo, representando la indeterminabilidad del tiempo. Curioso que en el templo de esta divinidad se guardase el erario publico. El tiempo en la Antigüedad era determinado por los ciclos naturales, creándose muchos sistemas de conteo: desde las clepsidras o los relojes de sol a los de arena. Pero estos sistemas se basaban siempre en los patrones del Sol o el planeta, pero estos no son siempre constantes.

En 1955 es inventado el primer reloj atómico de cesio, que hasta la actualidad siguen siendo de los más precisos, logrando que el tiempo sea medido de forma independiente a los elementos astronómicos. Estos miden el número de vibraciones atómicas del cesio para determinar un número, que es informado a las instituciones internacionales que definen el Tiempo Atómico Universal. Y de esta manera se determina el tiempo que rige nuestras vidas. Fue Einstein quien a principios del siglo XX nos sacudió el tablero cuando aseguró que el tiempo no era siempre el mismo, sino que este cambiaba de acuerdo a otras variables. Por todo esto, el tiempo de las horas y los minutos no es más que otra invención del ser humano, un elemento necesario a nivel organizativo pero sin valor como entidad independiente. Seamos libres de la tiranía de los relojes, aceptemos el pasado y no temamos el futuro. Hagamos como el dios del trueno, Zeus y derrotemos a nuestro Cronos particular.

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