¿Porqué cambian los polos?

Un nuevo paradigma

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Los cientificos se encuentran desconcertados por el veloz cambio en el campo magnético de nuestro planeta, potenciado en los últimos años. ¿Porqué se produce este traslado de los Polos de una forma tan rápida? Nuestro planeta es una entidad viva, en constante movimiento y cambio, aunque lo consideremos como algo inerte o inalterable. Cambiar nuestra concepción del planeta es cada vez más necesario, para entender los nuevos ciclos.

La inmensidad del espacio es surcada por corrientes de energía que se trasladan a la velocidad de la luz, la llamada radiación cósmica. Es potencialmente mortífera para la vida biológica sobre la superficie terrestre, pero el planeta posee una pantalla natural: el campo magnético terrestre o magnetosfera, que apacigua la radiación, transformándola en una “brisa cósmica”  Este campo magnético es generado por las masas de hierro que contiene el núcleo de nuestra Tierra. El hierro del núcleo del planeta es magnético, apuntando como un imán gigantesco de norte a sur, como marcan las brújulas, determinando un polo norte y otro sur. Esto no es algo permanente, ya que este campo sufre variaciones, como es el caso de las inversiones magnéticas o el movimiento de los polos.

Este último tema es el que ha generado desconcierto entre los científicos. El Polo Norte se está trasladando paulatinamente desde Canadá hacia Siberia a una velocidad de unos 40 km anuales. Pero en los últimos años, la velocidad de este cambio se ha incrementado, alterando el llamado mapa magnético mundial, un modelo global que sirve entre otras cosas para guiar a los barcos o los mapas de Google. El actual modelo debía durar hasta el 2020, pero la velocidad de los cambios hace que ya deba ser modificado este año. La razón de este aumento de la velocidad en el cambio es desconocida, pero los científicos apuntan a las masas de hierro magnético que se desplazan en el interior de la Tierra, como ríos calientes. La clave de esto se encuentra en el núcleo de nuestro planeta, de una consistencia sólida pero también blanda, compuesto de hierro, níquel y silicio, a unas temperaturas de 6.700 grados.

Hay que mirar más allá de la materia y comprender que el núcleo de nuestro planeta es multidimensional, al igual que nuestro universo y que dentro de él se genera algo más grande que la fusión de hierro o de níquel entre otros. Todo ser vivo de superficie está enlazado a él; es llamado también “el cristal del centro de la Tierra” o “MA” . Se transforma cada vez que los habitantes del planeta van avanzando, comprendiendo su existencia y conectando con su interior. El núcleo está vivo, por ello emite frecuencias donde el campo magnético y en consecuencia destierra viejas posiciones para formar nuevos meridianos o nadis de nuestra amada esfera. Además, está coligado a razas cósmicas como son los Apunianos, custodios de la sabiduría ancestral planetaria; o los seres de Hidra que preservan la esencia de las ciudades intraterrenas convirtiéndose en nuestros miedos o vulnerabilidades si no estamos preparados para sentirlas; el núcleo también está enlazado con los seres de Procyon quienes monitorean las fuerzas de entradas y salida, quién entra y quién sale. (Más información en el libro Descubre tu Origen Estelar, Autora Anael, Editorial Kier)

Y es que el centro del planeta tiene el enorme propósito de acompañar la evolución de la raza humana, genera el movimiento, la transformación de los campos magnéticos, y de los campos energéticos creando en consecuencia transformaciones en el ecosistema, en el clima y en el ser humano. En 2013 se lanzaron los satélites SWARM con el objetivo de estudiar el campo magnético de la Tierra y mapearlo. Con estos satélites se descubrió que la corriente de hierro líquido que se mueve bajo nuestros pies forma una especie de cilindro que recorre el interior del planeta, con un movimiento semejante al de una toroide. Se trata de una muestra más de que nuestro planeta está en constante movimiento y ritmo, que es una conciencia cósmica, y que, a pesar de olvidarlo muchas veces, caminamos sobre una entidad sagrada que siempre nos brinda lo mejor de ella.

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