Un futuro genético

Los riesgos del CRISPR

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La noticia del nacimiento de dos niñas modificadas genéticamente ha provocado un auténtico terremoto en la ciencia, con enormes implicaciones para la medicina y la investigación genética. En medio de una polémica, el foco vuelve a ponerse sobre la técnica empleada, el llamado CRISPR, conocido desde hace unos pocos años pero que supone la última frontera de la ciencia. Este experimento ha hecho saltar todas las alarmas y ha desatado un debate ético, ya que básicamente se está modificando nuestro ADN y se está creando un nuevo tipo de seres humanos.

Para entender esta situación hay que retroceder hasta el año 2012. Ese año, se logró un hito en la Universidad Berkeley de California, donde un grupo de científicos descubrió la técnica de modificación genética llamada CRISPR. El hallazgo, totalmente fortuito, se dio cuando analizaban bacterias y el mecanismo interno que les permite evitar infecciones. Descubrieron que las bacterias utilizan una especie de tijeras genéticas, las enzimas CRISPR, que les permitían cortar su ADN defectuoso y bloquear infecciones. Los científicos se sorprendieron al observar que estas enzimas pueden ser usadas también para alterar el ADN en humanos, animales y plantas. Esto abrió las puertas a un enorme abanico de aplicaciones, desde modificar nuestra genética para “borrar” enfermedades a incluso crear embriones “a la carta”.

Sin embargo, el CRISPR generó un intenso debate sobre las implicaciones de manipular nuestro ADN. La posibilidad de crear bebés de diseño genera muchos interrogantes y debates, sustituyendo la acción de la Naturaleza por la de la ciencia de laboratorio. Nos estaríamos acercando demasiado a esas novelas en las que se hablaba de un futuro en el que la procreación es controlada por la medicina o por el Estado. El temor a que intereses económicos, políticos o incluso militares puedan interferir en los procesos naturales genera urticaria y grandes debates éticos. Por ello, países como EEUU o Europa fijaron fuertes limitaciones a la investigación del tema y se estableció un protocolo para seguir una serie de pasos. Pasar primero por investigaciones en animales, para luego intentarlo en embriones que no sean implantados en en una madre. Y por ultimo, hacerlo en personas, ya adultas, en casos extremos en los que la salud esté muy comprometida y no haya otro remedio.

He Jiankui

Y así, el CRISPR echó a andar. Se lograron éxitos importantes, como eliminar enfermedades hereditarias en ratones y en 2017 se logró en embriones humanos. Pero, también hubo importantes dificultades. No se lograron resultados satisfactorios en el tratamiento del cáncer, con un índice de éxito de menos del 40%, y el riesgo de que las mutaciones genéticas se acabaran transformando en cáncer sigue siendo muy alto. A pesar de todos esos riesgos, el genetista chino He Jiankui anunció hace unos días el nacimiento de 2 niñas cuyos embriones habían sido modificados genéticamente (para evitar el VIH) y luego introducidos en una mujer. El científico de Shenzhen aceptó haberlo hecho a pesar de los enormes riesgos. El efecto fue inmediato, desatando una lluvia de críticas no sólo contra el científico, sino también contra China por la ligereza de sus controles, que inició la apertura de una investigación. Aún no se sabe si el peligroso experimento se realizó realmente o si es una táctica propagandística.

Este hecho pone de manifiesto los límites de la ciencia. El avanzar sólo por el hecho de hacerlo, sin tener en cuenta las consecuencias, supone una agresión a las leyes naturales. Es necesario un control y evitar comportamientos individualistas o guiados por intereses personales. Nuestro ADN es un elemento sagrado. Es donde se almacena la información de nuestra raza humana, un mapa de nuestro pasado y futuro como individuos y como especie. Es por ello, que los cambios y avances en este campo deben ser mesurados, fruto de un amplio consenso y no de los planes temerarios de una sola persona. Y supone también un llamado de atención sobre los protocolos de seguridad internos de los ciencia, los científicos no han logrado autorregularse de forma adecuada o los controles han sido ineficaces. Es por todo ello que este suceso es una experiencia más de la que aprender y modificar errores.

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