Tocar el cielo con las manos

Conquistar las alturas

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Las ciudades en las que habitamos están cada vez más llenas de rascacielos. Junto a la obvia necesidad de aprovechar el espacio también se encuentra el siempre presente deseo del ser humano de conquistar los cielos, mostrar su poder y su prosperidad. Desde la metáfora de la Torre de Babel, hasta los colosos que actualmente se construyen en el mundo, con alturas imposibles, ha habido un largo camino de orgullo, deseo de alardear frente a los demás y de alcanzar el poder que encierra la altura.

Sería imposible descubrir el momento en el que el ser humano empezó a interesarse por levantar estructuras altas. Pero una de las primeras muestras sería la Torre de Babel, construida en Babilonia y símbolo del desafío a la Divinidad, del orgullo y la utopía humana. Mencionada en la Biblia, la Torre muestra el ya temprano deseo por acercarse a las alturas, al mundo divino y presumir de poder o prosperidad. La altura esconde una serie de características que la hacen muy importante psicológicamente. El hecho de estar siempre a la vista de todos encierra un ingrediente de control permanente, el tamaño simboliza la dominación estratégica y mental. En la Edad Media, se levantaron las esbeltas y enormes catedrales, símbolo del poder de Dios, a las que recién a finales del Medievo se atrevieron a desafiar en altura las torres de los Ayuntamientos, palacios o las lonjas, cuando el poder civil empieza a batallar con el religioso.

Esta fascinación por las alturas, el deseo de conquistar los cielos, se chocó durante muchos siglos con la imposibilidad técnica de lograr más altura. Hasta el siglo XIX, cuando aparece la arquitectura de hierro, que daba más ligereza a los edificios y permitía mayor altura. El deseo de construir rápido, la aparición del ascensor y también el aprovechamiento del espacio, se unieron a finales del siglo XIX, cuando un incendio asoló la ciudad de Chicago. La prosperidad económica y la necesidad de recuperar las construcciones llevó a la aparición de los primeros rascacielos de 20 plantas en esta urbe. Pronto, las grandes ciudades de EEUU y Europa empezaron a levantar rascacielos cada vez más altos, símbolo del poder de la ciudad y de la prosperidad económica. Empieza una auténtica carrera por ver quien hace el edificio de mayor altura. Un hito fue sin duda la construcción de la Torre Eiffel en París, muy criticada pero que acabó convirtiéndose en símbolo de la ciudad y la modernidad.

Puerto Madero, Buenos Aires

Pronto, los rascacielos se extendieron a todo el mundo, Sudamérica, Asia o a cualquier ciudad que se precie de ser importante. El skyline de toda ciudad globalizada intenta mostrar el mayor número de edificios altos y modernos, como símbolo de su vanguardismo y poder e incluso como identidad de la propia urbe. ¿Podemos pensar en Nueva York sin el Empire State, en Shangai sin su Distrito Financiero o en Kuala Lumpur sin las Torres Petronas? El skyline se ha convertido en la carta de presentación de las metrópolis, su decorado, y cuantos más edificios altos tenga, más bella, moderna y puntera nos parece. Y esta carrera no se detiene e incluso tiene visos de potenciarse.

Las ciudades futuristas de las monarquías árabes se disputan la construcción del coloso más alto del mundo, agujas de cristal y acero de cientos de metros de altura. El Burj Khalifa de Dubai fue inaugurado en 2010, siendo la estructura más alta jamás construida con más de 800 metros, un hito arquitectónico. Sin embargo, otro gigante aspira a arrebatarle el trono: la Yedda Tower de Arabia Saudí, que será el edificio más alto del planeta con 1.000 metros, nada menos que un kilómetro de alto. Sus 58 ascensores futuristas permitirán subir al último piso en un minuto. Pero otros edificios comienzan a batallar por la victoria en las alturas. En 2016 se comenzó a erigir el Dubai Creek Tower, que según las predicciones alcanzará los 1.300 metros de altura. Uno de los problemas para levantar estas moles es el de los ascensores y cómo llevar a más gente a las alturas rápidamente. Pero, en los últimos años se están incluyendo nuevas tecnologías que permitan superar esta obstáculo, como ascensores de levitación magnética o con cables de fibra de carbono. Todo con el fin de conquistar los cielos y elevarse por encima de las nubes y la Humanidad.

Futura Yedda Tower, en Yeda, Arabia Saudí

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