El enigma de los seres imposibles

Los primeros animales

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Hace unos 550 millones de años, el planeta estaba habitado por seres que parecían de otro mundo, extraños, de cuerpos frágiles y con formas “fractales”, anteriores a la simetría. Hablamos del período Ediacárico, cuando el mundo estaba lleno de seres de formas acuosas y cuyo encuadre en la estructura de la evolución sigue siendo un problema para los científicos. Nuevos descubrimientos han permitido descubrir que fue en esta época cuando aparecieron los primeros animales.

Organismos del Ediacárico

Hace millones de años, durante el Cámbrico, se produjo la explosión de la vida que dio origen a muchos seres pluricelulares, la vida se vuelve más compleja y con seres de mayor tamaño como moluscos o los primeros con branquias. Además empiezan a surgir hongos y líquenes, ya que entonces no existían las plantas. Sin embargo, nosotros viajaremos más atrás del Cámbrico, a un tiempo anterior hace unos 550 millones de años en una época conocida como Ediacárico. Por entonces, los seres que habitaban el mundo eran muy diferentes a los actuales, con organismos frágiles, sin simetría y formas irregulares, que desaparecieron totalmente en el Cámbrico posterior. Esta etapa es un gran misterio para la ciencia, con mucha dificultad para entender y encuadrar a estos seres, considerados un error de la evolución y un callejón sin salida, que provocó su extinción masiva.

Los primeros fósiles del Ediacárico fueron encontrados ya en el siglo XIX, en la isla de Terranova, Canadá. Sin embargo, estos restos fueron considerados marcas de escapes de gas en las rocas, y hasta muchos años después no serían vistos como fósiles. Sin embargo, el número de restos encontrados siguió aumentando, en puntos de África y Australia, sobre todo en los montes Ediacáricos, que son los que le dan nombre a este período. La datación de estos fósiles demostró que en el planeta ya había vida antes del Cámbrico, algo que entonces no era aceptado. Sin embargo, estos seres que aparecían impresos en las rocas y sedimentos eran muy extraños y hasta ahora desconocemos prácticamente todo de ellos. Empezando por el hecho de que seres con cuerpos tan frágiles hayan dejado sus huellas impresas, algo que es difícil de explicar. Se cree que estos seres quedaron sepultados por cenizas y ello permitió que quedasen preservados.

Fósil de dickinsonia

Durante esta remota época, el mundo estaba cubierto en su mayor parte de aguas cálidas, con una atmósfera mucho menos densa que en la actualidad. Los continentes actuales no existían sino que todos se hallaban unidos en una súper masa de tierra llamada Pannotia, en forma de V entre cuyos brazos se encontraba el océano Panthalassa. En estas aguas cálidas y sin depredadores, las formas de vida unicelulares crecieron y se diversificaron. Pero, ¿cómo eran estos seres ediacáricos? Uno de las principales características es que aún no poseían la simetría característica de cualquier ser contemporáneo, que hace que si los dividimos por la mitad, sus dos lados son iguales. Los organismos ediacáricos eran fractales, con secciones irregulares y repetidas, con formas muy singulares. Algunos parecían galaxias de 8 puntas, otros circulares o con forma de disco como la cyclomedusa, otros se asemejan a bolsas de barro o colchones inflados, con consistencia esponjosa. En 1997 se encontraron en China restos de lo que parecían embriones gigantes datados de este período, posiblemente colonias de bacterias, que generaron un gran interés mundial. En aquellos mares prehistóricos también existieron los primeros predadores, como la cloudina, con forma de tubo.

Sin embargo, la estrella de este extraño catálogo de criaturas es el dickinsonia, seres ovalados que podían medir más de un metro y que es el más conocido y abundante en los registros fósiles. Pero, este organismo es uno de los grandes misterios, ya que desconocemos como se alimentaba o vivía, ya que en las impresiones en la roca no parecen tener boca ni aparato excretor. Una investigación realizada recientemente y publicada en la prestigiosa Nature, analizó restos de este antiguo organismo con un cromatógrafo. Se descubrió que el dickinsonia se alimentaba de las concentraciones de lípidos y colesteroides presentes en los microorganismos que lo rodeaban. Y que estos compuestos ya rodeaban sus células. Ello ha permitido asegurar que este ser fue un animal propiamente dicho y por ello, el primero de la larga historia de este planeta Tierra, hace 550 millones de años.

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