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Mitologia egipcia, entre dioses y templos

Sus bases fundamentales

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Aunque han pasado miles de años, las divinidades de Egipto y su religión siguen fascinando y generando curiosidad. Existían miles de dioses, vinculados a ciudades, templos y santuarios, repartidos por toda la geografía del valle del Nilo, cada uno con su propio carácter y atributos que lo hacía único. La religión egipcia poseía diversos rituales y formas, que en definitiva no se diferencian mucho de las confesiones actuales, con procesiones y plegarias a los dioses.

Dios Horus

Los dioses egipcios fueron muchos y cambiantes. Continuamente surgían nuevos cultos, como el del dios solar Atón, o se abandonaba el de otros, como el de Jnum. Otras divinidades eran unidas, como es el caso de Amón-Ra. Todo ello hace muy complejo el mundo de las divinidades de los antiguos egipcios. Su gran número responde a que antes de la unificación de Egipto bajo la égida de los faraones, los egipcios vivían en pueblos independientes, teniendo cada ciudad su propio dios protector. Una vez unificado el reino, se asimilaron todos los cultos, pero sobresalieron algunas divinidades principales, mientras que otras tuvieron un culto muy limitado a determinados lugares. Especial importancia tenían dioses vinculados al Nilo, como Osiris; al Sol, como el dios halcón Ra o el escarabajo Khepri; y sobre todo Amón, considerado como dios supremo. Según se creía, estas divinidades poseían el cuerpo de oro, huesos de plata y aroma a incienso.

Al contrario que en otras culturas, en Egipto no hubo un único mito de la creación del mundo, pero todos coinciden que hacer referencia a la heka, ese impulso o poder divino que dio origen al todo. La cosmogonía heliopolitana estaba vinculada al importante templo de Heliópolis, y según esta mitología el origen del todo está en Atum, el dios que se creó a sí mismo y a los primeros dioses. Otros mitos apuntan al dios Ptah, el alfarero, que creó las cosas visualizándolas y verbalizándolas, o también al dios Amón, que era el dios original y primero de todos. Un mito fundamental fue el de Osiris, dios de la fertilidad y del rio Nilo, que era envidiado por su hermano Seth, personificación del caos. Seth asesina a Osiris y reparte trozos de su cuerpo por todo Egipto, y usurpa el trono. Isis, esposa de Osiris, la sanadora divina, los recoge y embalsama el cuerpo de su esposo, logrando resucitarlo y concibiendo a Horus. Este mito explica el origen de la momificación y de los faraones, los descendientes de Horus.

Dios toro Apis

En el siglo XVI antes de Cristo, el faraón Akhenatón decidió prohibir el culto a los dioses tradicionales y surge la divinidad de Atón, representación del Sol. A pesar de esta breve experiencia de un único dios, la religión egipcia fue profundamente politeista, con miles de dioses. Aunque no todos, muchos se vinculaban a animales, como metáfora de las fuerzas naturales. Sobek, era el dios cocodrilo; Thot, el dios de los escribas era representado como un ibis o un babuino; Renetutet era la diosa cobra; y Bastet, protectora de los nacimientos era una gata. Otros eran sumamente curiosos, como Bes, con forma de enano burlón que protegía los hogares, el dios Min se representaba con el pene erecto como metáfora de la fertilidad, o Ptah, que era simbolizado como un hombre momificado. Sea como sea, todos los dioses contribuían a mantener el orden cósmico, la maat, frente al caos imperante. Sin embargo, los poderes de los dioses no eran infinitos, sino que estaban limitados al mundo material, y ninguno poseía la tradicional omniscencia que se suele atribuir al mundo divino.

Aunque diferente en algunos aspectos, el culto religioso se asemeja al actual. Los egipcios solían rezar a los dioses, acudiendo a espacios delimitados a los templos, ya que el acceso a los santuarios estaba vedado. Sólo los sacerdotes podían acceder, mientras que en el sancta sanctorum del templo, donde se encontraba la estatua del dios, sólo podía entrar el sumo sacerdote. La estatua era alimentada, vestida y bañada cada día. Por ello, las clases populares solo podían ver la estatua en las festividades especiales, cuando se hacían procesiones. Pero, los egipcios creían que los dioses habitaban también en sus estatuas y relieves, o se les presentaban en los sueños. Hacían ofrendas para ganarse su apoyo y evitar las dificultades de la vida cotidiana. Por todo ello, la mitología egipcia, tan compleja, rica y singular sigue fascinando a pesar de que hace milenios que los templos fueron abandonados y cubiertos por el desierto del tiempo.

Templo Philae

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