El arte de los relojes astrológicos

Desde China a Estrasburgo

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Aunque en la actualidad sean vistos solo como atracciones turísticas, los relojes astrológicos fueron la cresta de la ola de la tecnología antigua y medieval. Como si fueran auténticas computadoras, estos portentos mecánicos mostraban la hora, la situación de las estrellas, los planetas, las estaciones o fechas de festividades religiosas. Todo ello acompañado de el arte medieval, esculturas y adornos. Sin duda, un arte excepcional, que nos muestra la importancia del cosmos incluso en aquellas épocas.

Reloj astrológico de Praga

La época dorada de los relojes astrológicos fue entre los siglo XIV y XVI, etapa final de la Edad Media y comienzo de la Edad Moderna. Fue en esos años cuando las ciudades más ricas y poderosas erigieron catedrales, acompañadas de el mayor portento tecnológico de la época, estos relojes que funcionaban como computadoras. De enorme complejidad, poseían numerosas agujas, círculos que indicaban las fechas, horas, posiciones astrológicas y muchas veces acompañadas de figuras mecánicas que desfilaban ante los asombrados ciudadanos al marcar la hora. Los desarrolladores fueron matemáticos y astrónomos que idearon complejos mecanismos que se movían de forma milimétrica. Ello también hizo que una vez que sus diseñadores morían, estos relojes quedaban parados hasta que alguien lograba repararlos. La mayoría de los que se conservan actualmente se encuentran en Centroeuropa e Italia, en ciudades como Venecia, Lyon o Frankfurt.

Uno de los más famosos se encuentra en el Ayuntamiento Viejo de Praga, República Checa. Construido entre 1410 y 1490, consta de dos esferas que muestran las horas, las posiciones del Sol y la Luna (incluyendo los equinoccios) y los meses del año. Con forma de astrolabio, son célebres las figuras de madera añadidas posteriormente y en las que aparecen alegorías de la muerte, la lujuria o la vanidad, junto con los 12 Apóstoles que desfilan ante una ventana. Otro es el de la de la catedral de Estrasburgo, que tuvo tres relojes, siendo el primero de 1352-1354 que ya contaba con figuras de los Reyes Magos que se inclinaban frente a la Sagrada Familia y un gallo que cantaba y movía las alas. Este gallo aún se conserva y es el autómata más antiguo de Occidente. El segundo, es de 1574, con bellos dibujos de 48 constelaciones y más de 1000 estrellas. Mostraba la hora, día, mes, los movimientos del Sol, la Luna, los 5 planetas conocidos entonces y un calendario de fiestas religiosas. El último fue construido a mediados del siglo XIX, una autentica maravilla que incluso reproduce el lento giro del eje terrestre que tarda 25.800 años en dar una vuelta completa. Estos relojes astrológicos indicaban incluso la ubicación de cometas como el Halley, en el caso del reloj de Lier, en Bélgica.

Tercer reloj de Estrasburgo

Sin embargo, el origen de estos relojes es mucho más antiguo. En el siglo XI el erudito chino Su Song construyó una torre con reloj en la ciudad de Kaifeng por orden del emperador. Este genio desarrolló todo un complejo sistema de engranajes movido con agua, que incluía un globo celeste de bronce, figuras mecánicas que mostraban placas con la hora y una orquesta de gongs, tambores y campanas. La torre fue devastada por invasores años después de la muerte de Su Song. Otro antecedente nos lleva incluso a la Antigüedad, cuando un barco griego se hundió junto a la isla de Anticitera en el siglo I antes de Cristo. Sus restos fueron encontrados en 1901, y entre ellos había un objeto de bronce arruinado que poseía un engranaje. Los investigadores descubrieron que este objeto, llamado Mecanismo de Anticitera, servía como reloj, indicando las posiciones de los astros, los eclipses o incluso las fechas de los juegos más importantes de Grecia (Olímpicos, Itsmicos, Nemeos,…). Su origen geográfico se desconoce, proponiéndose las bibliotecas de Pérgamo o Alejandría. Este objeto nos muestra lo avanzado de la mecánica helénica y el ya temprano deseo de crear relojes astrológicos.

Los relojes astrológicos nos muestran la preocupación del ser humano por el tiempo y el siempre presente influjo del cosmos. En aquellas épocas la religión quiso arrogarse el control del tiempo, por ello, los relojes se concentraban inicialmente en torres de iglesias o catedrales. Y se rodeó al concepto del tiempo de todo un imaginario clerical de metáforas sobre la brevedad de la vida, la irremediable llegada de la muerte y el siempre futuro Juicio Final y Apocalipsis. El tiempo como algo para temer y a la vez escaso. Y por otro lado, se observa la siempre presente influencia del cosmos, de ese Universo lleno de brillantes estrellas y enigmáticos planetas, algo que se da en cualquier época y cultura humana.

Mecanismo de Anticitera (siglo I antes de Cristo)

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