Los secretos de los códices mayas

Antigua cultura

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La escritura maya fue la primera de América, registro de los profundos conocimientos astronómicos y matemáticos de esta civilización, así como de su acervo cultural o sus avatares cotidianos. Creada hacia el siglo III antes de Cristo, su origen pudo estar en la anterior cultura olmeca. Esta antigua escritura, devastada por la conquista española, pudo sobrevivir en varios códices que aún se conservan y que han permitido que sea traducida en parte, acercándonos a esta singular cultura mesoamericana.

Glifos mayas

Cuando los españoles llegaron al Yucatán y Centroamérica descubrieron una agonizante cultura maya, de la cual sólo quedaban monumentos abandonados y las sombras de un antiguo esplendor. En libros, inscripciones y estelas los españoles vieron por primera vez la escritura maya a la que posteriormente se  llamaron “jeroglíficos” ya que recordaba a los caracteres egipcios, aunque no tenga ninguna relación. A pesar del declive, los conquistadores españoles tuvieron que guerrear contra algunas ciudades mayas, hasta su final en 1697 cuando claudicó Nojpetén, la última ciudad rebelde. Los monjes españoles, entre los cuales destacó Diego de Landa, ordenaron quemar todos los libros mayas para eliminar el acervo cultural, perdiéndose incontables obras. Durante siglos nadie pudo traducir los bellos y delicados simbolos, pero durante el siglo XX renació el interés por esta cultura y las numerosas excavaciones arqueológicas permitieron descubrir nuevas fuentes . Desde 1950 hubo un fuerte avance gracias a intelectuales como Tatiana Proskouriakoff que aseguraban que estos símbolos tenían una estructura compleja y no eran solo signos matemáticos como se creía. Pero, aún no se ha podido traducir en su totalidad, quedando muchos textos sin que podamos interpretarlos.

La escritura maya se plasmaba en pergaminos de pieles de jaguares o venados, piedra, arcilla o papel del árbol de amate. Usaban glifos como signos, que se elaboraban con profusión de colores. Es famosa por su complejidad ya que se calcula que existieron unos 800 diferentes signos o glifos, representando cada uno una sílaba o a veces palabras completas. Si tenemos en cuenta nuestro alfabeto, un signo representa un sonido. Pero en el caso de los mayas, podían escoger diferentes signos para representar un mismo sonido, lo que explica su complejidad pero también su riqueza.  A esto hay que sumar el hecho de que solían condensar los glifos, simplificándolos y abreviándolos, uniendo palabras. Todo esto hace de los códices mayas auténticos rompecabezas, pero de una inmensa belleza visual y abundante colorido.

Los mayas hablaron diferentes lenguas, el yucateca y el protochol eran las más importantes, pero también hubo otras como el mixe o el nahua. Por todo ello, los signos tuvieron que ser adaptados a diferentes lenguas. Lamentablemente, actualmente sólo se conservan unos pocos códices que reciben el nombre de la ciudad en la cual están guardados: los de Madrid, París y Dresde.  En 2016 hubo que añadir otro códice a esta triada, el Códice Grolier, que se consideraba una imitación. Depositado en el Museo de Antropología de México, esta obra no fue sólo reclasificada como verdadera sino que con la datación de carbono se descubrió que es la más antigua de toda América, del año 1150.

En los códices conservados hay registros astronómicos, mitos, archivos históricos, calendarios,… que nos muestran el esplendor intelectual que tuvo esta cultura, constructora de impresionantes templos, grandes ciudades y una refinada sociedad. Siempre atentos al cosmos y las estrellas, los mayas cuyo origen les une a las Pléyades y sus escuelas iniciáticas (en concreto a Maia); se centraron especialmente en Venus, cuya sabiduría fueron integrando y anotando compulsivamente, así como su trayectoria y su brillo. También señalaban a la estrella Sirio, que la vinculaban con la intuición. Elevaron sus edificaciones haciendo cálculos astronómicos y siempre orientándolos hacia determinadas estrellas y astros. Elaboraron minuciosos calendarios, ya que para los mayas el tiempo era fundamental, la fuerza que sincroniza a todas las demás que componen el Universo. Su escritura no hace más que sorprender a los investigadores por su precisión y complejidad, habiendo todavía muchos textos que no han podido ser traducidos. Por ello, la sabiduría de este antiguo pueblo todavía no ha sido completamente descubierta, quedando ocultos muchos secretos.

Códice de Dresde

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