Estados digitales

De Estonia a Singapur

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Desde finales de los 90, el mundo se encuentra sumergido en lo que muchos llaman la Cuarta Revolución Industrial, la Era Digital. Algunos países han logrado colocarse a la cabeza de los demás en materia de tecnología y modernización, con sistemas estatales totalmente informatizados y un alto índice de e-conectividad entre sus habitantes. Es el caso de Singapur, Estonia o Finlandia, que marcan el paso de lo que será el futuro o por lo menos, una posibilidad para imitar.

Tallin, capital de Estonia

Desde hace varios años varios organismos mundiales elaboran el NRI, un índice de países con la mayor conectividad. Son aquellos que han logrado crear un importante sector económico dedicado a las nuevas tecnologías, donde prosperan los nuevo oficios que se extienden por el mundo y que en su mayoría suponen trabajar desde casa con una computadora. Entre ellos hay que destacar a Finlandia o Suecia. El primero es por ejemplo el país con mayor numero de patentes per cápita, lo que da una idea de la constante innovación y la alta capacitación. Por su parte, Suecia avanza rápidamente hacia la eliminación del dinero físico, suponiendo las transacciones de billetes solo el 20% del total. Otro caso es de Suiza, que está transformando sus sectores tradicionales (relojería, banca o farmacia) mediante la robotización e informatización. Pero, el número uno de este NRI es un país asiático, Singapur, líder en trabajos millenials.

Por otro lado, se encuentran los países que integran el llamado D-7, especialmente concentrados en informatizar sus instituciones estatales. En este grupo se encuentra nuestro vecino Uruguay, junto a otros como Israel o Japón. Pero, si hablamos de un estado digital tenemos que hablar obligatoriamente de Estonia, considerado el primer Estado Digital del mundo. Este jovencísimo país se desmembró de la URSS y se declaró independiente en 1990, siendo una nación pequeña y pobre, con escasa población. Urgidos de desarrollar su economía y construir rápidamente sus instituciones públicas, apostaron por las nuevas tecnologías, convirtiéndose en un Estado con bajo gasto público y muy informatizado. Modernizaron rápidamente su sistema educativo para enseñar a niños y mayores a utilizar las computadoras y portales informáticos, cuna del Skype, creado en 2003.

Pero, ¿qué supone vivir en un e-Estado? Por ejemplo, excepto casarse, divorciarse o las compras de propiedades, todos los trámites se hacen por Internet. Desde el 2000 no se usan más documentos en papel en el Estado, todos los historiales clínicos están informatizados o los padres se comunican con los profesores por teleconferencia. Los ciudadanos también pueden opinar sobre las decisiones gubernamentales. Todo esto genera un fuerte entrelazamiento entre Estado y las personas, las 24 horas del día y todos los días del año, y a la vez aligerando esta relación, dejando de ser una molestia hacer los trámites y eliminando la burocracia. A esto hay que añadir el concepto de “ciudadanía digital” que ofrece Estonia y que supone conceder la residencia virtual a personas que lo deseen para agilizar negocios, pero que supone un fuerte cambio de paradigma, eliminando barreras y fronteras.

Todo esto nos muestra el camino a seguir hacia un Estado que esté realmente al servicio del ciudadano y no al revés. El Estado reinterpretado no como un peso burocrático o una mochila ideológica, sino como un portal ágil y rápido que administre un territorio y ofrezca servicios a sus habitantes de forma eficaz. Y eso incluye también otros aspectos, como el dinero o el trabajo. Esto nos permite desinflarnos de aquello que resulta innecesario y que muchas veces absorbe nuestra existencia, dándonos la oportunidad de centrarnos en lo que realmente importa: el desarrollo personal y el camino de cada uno.

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