Reminiscencias del dios Solar

Su influjo

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ESol es la estrella central de nuestro sistema planetario, fuente de toda luz y energía, es una puerta hacia otros lugares del Universo. El Sol ha sido adorado y venerado desde el inicio de la Humanidad como dador de vida y fuente de poder, por ello, era un elemento fundamental para la erección de edificios y templos. Es algo que se da desde los obeliscos y templos egipcios, a los petroglifos de Arizona, que han sido reinterpretados ahora como calendarios solares. La influencia del Sol, el Astro Rey, en las construcciones antiguas es una constante.

En Egipto, la adoración al Sol fue muy importante. El centro fundamental de todo aquel culto se concentraba en la ciudad de Heliopolis, que significa en griego “ciudad del Sol”. En esta urbe surgió uno de los muchos cultos faraónicos, que veneraba por sobre todo al dios Ra-Atum, divinidad creadora de todo lo que existe. Según la cosmogonía heliopolitana,  esta divinidad suprema nació en la colina primigenia y creó la primera pareja divina. En honor al dios se construyeron templos solares a lo largo de todo el Valle del Nilo, cuyo elemento central era el ben ben o pilar fundamental, un antecedente de los obeliscos, que representan los rayos solares. Posteriormente, el faraón Akhenatón, llamado el “hereje”, prohibió el culto a todos los dioses menos a Atón, otra divinidad solar.

Ejemplos como estos hay muchos, incluso en lugares que están a miles de kilómetros, como por ejemplo en Valle Verde, en los desiertos  y planicies de Arizona. Allí los pueblos nativos de la llamada cultura de Sinagua, antecesores de los actuales indios Hopi, grabaron en grandes bloques de piedra cientos y miles de figuras y petroglifos. Se ha descubierto ahora que durante los cambios de estaciones que marcan el inicio o el final de la época de cosechas, el Sol incide siempre sobre determinados círculos grabados en las rocas, o en espacios entre ellas, por lo que los investigadores han llegado a la conclusión de que estos descomunales paneles de piedra funcionaban como calendarios solares. A través de ellos, los dioses comunicaban a los mortales cuando debían comenzar a cosechar el maíz. Se han encontrado unos 30 de estos calendarios en toda la región.

Y así, tenemos cientos de ejemplos de todo el mundo. Desde los ancestrales monolitos de Stonehenge hasta las pirámides de Chichén Itzá de los mayas. El Sol ha sido estudiado en profundidad por las antiguas civilizaciones, vinculándolo siempre con el poder y la vida. El valor del oro y el ámbar tiene su origen en su brillo dorado y su vinculación al Astro Rey. Siglos después, las monarquías europeas se rodearon de simbologías vinculadas al Sol y sus rayos vivificadores. Es todo esto una muestra de la fuerte influencia del Sol en toda cultura humana, una vinculación que va más allá de lo que se suele decir. Nuestra estrella es fuente de luz y energía, pero también es una puerta que nos permite acceder a las rutas estelares y a otros espacios del Universo. Nuestro Sol, es decir, Ra, es el portal hacia el conocimiento de nuestro cosmos y nuestra multidimensionalidad, hábitat de lo que antes se conocían como “dioses” y hoy seres de otras galaxias.

Petroglifos de Arizona

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