"Detrás de cada Manifestación hay una inconmensurable Fuente"

La medicina del bosque

Inmersión profunda

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Aunque es todavía incipiente, la practica de los “baños forestales” o shinrin yoku, se ha vuelto cada vez más popular. Originada en Japón, esta técnica supone entrar en contacto con los bosques de una forma muy intensa. Diversas investigaciones han demostrado el poder benéfico para nuestro organismo de una caminata bajo los árboles, alejándonos del ritmo urbano. Se calcula que más de 2 millones de  personas ya realizan estas experiencias guiadas en la nación nipona. Pero bien es cierto, que esta actividad sin estar de moda ha sido, desde tiempos remotos,  lo que le ha otorgado al ser humano la conexión con el cosmos y el planeta.

Los romanos popularizaron la frase “locus amoenus” que se refiere al placer de la vida en medio de la Naturaleza, frente al bullicio de Roma, la capital imperial. Ahora con megalópolis con millones de habitantes y un ritmo de vida desenfrenado, la necesidad de volver a la tranquilidad del campo y los bosques es casi una obligación para no enfermarse. Por ello, surge esta práctica que se basa en una inmersión completa en los bosques para absorber la vibración completa de este lugar, guiados por monitores. Se realizan caminatas, meditaciones entre los árboles, y sobre todo, se ponen en funcionamiento todos los sentidos. El tacto de los árboles, el suelo, los aromas, cerrar los ojos o sentarse entre las raíces. Se acompaña de medidores de presión para mostrar el influjo calmante de los bosques en el cuerpo.

Esta técnica tiene su origen en el país del Sol Naciente, pero se está extendiendo a otros puntos. Se realizan en bosques especialmente señalados, unos 50 en las islas japonesas y se espera extenderlo a otros lugares, siempre bajo supervisión de la Agencia Forestal. Esta práctica está muy vinculada a las religiones predominantes en Japón: el budismo y el sintoísmo, que veneran las fuerzas naturales como seres divinos.

Sabemos que internarse en los bosques, trae armonía y estabilidad a nuestro cuerpo, mente y emociones. La ciencia ya ha demostrado que reduce la presión arterial y baja un 12% la producción de hormonas de estrés; además supone un alivio para nuestro sistema circulatorio, reduciéndose la posibilidad de infartos y se estimula la producción de glóbulos blancos que nos protegen de las enfermedades. Otra conclusión interesante es que la actividad del cerebro cambia, concentrándose más en las emociones y la introspección.

Más allá de los datos que nos aporta la ciencia, lo cierto es que los bosques siempre han sido verdaderos lugares sagrados, remansos de paz donde el ser humano retorna a su estado original. Otras culturas como los griegos, celtas, bálticos, germanos, etc,… veneraban los bosques y montes como Templos de poder. Nuestros ancestros conectaron con la naturaleza desde tiempos inmemorables, así como nosotros nos escapamos a esa otra realidad que nos devuelve a un estado sublime y pueril.  Custodiados por los grandes maestros, los árboles, las florestas son espacios donde existen puertas dimensionales, que nos permiten acceder a otras frecuencias para elevar nuestra vibración. Lugares donde el ser humano logra conectar con su esencia, con su interior y retornar al mundo de los sentidos y la intuición, librándonos de las estructuras del mundo de los hombres. Son los bosques donde podemos adecuar nuestro pulsar al del planeta Tierra invitándonos al silencio y a una meditación en movimiento.

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