Ámbar, la memoria del planeta

Resina fraterna

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El ámbar ha sido apreciado durante milenios, por su belleza y su singularidad, siendo un elemento valioso al cual se han atribuido propiedades mágicas o incluso divinas. A menudo se encuentran en su interior animales, insectos, o semillas que han convertido al ámbar en una máquina del tiempo que nos permite conocer como eran las formas de vida en otras épocas. Pero, ¿qué sabemos realmente de este material tan valioso y peculiar?

Estrictamente hablando, el ámbar es resina vegetal fosilizada, que es cubierta de rocas calizas, arcillosas o arenosas con el paso de muchos años. Con el paso de los siglos adopta un color entre amarillento y anaranjado y se vuelve duro, por lo que es considerada una piedra semipreciosa. Pero, puede tener también otros colores, desde el gris y rojo al blanco o verde. Su color y forma, como si fueran cristales dorados lo hizo muy valorado y valioso, siendo usado como signo de distinción social en joyas u objetos honoríficos. Aunque está presente a lo largo de casi todo el mundo, hay tres puntos principales donde históricamente se ha obtenido: las costas bálticas de Europa, Chiapas en México y la isla de La Española en el Caribe, sobre todo en República Dominicana y en su llamada “costa del ámbar”.

El color del ámbar hace que se lo vincule con la energía solar. En la antigüedad era corriente utilizar un pedazo de ámbar como talismán protector, algo que fue mantenido por el Cristianismo, ya que ha sido empleado como material en las cuentas de los rosarios.

Esta resina tan atrayente contribuye a equilibrarnos ya que, debido a su Origen, el ámbar nos refleja un mensaje claro para el Ser Humano, como es:  el estar más en contacto con el planeta, sus leyes naturales y su convivencia entre todos los elementos. Es por ello, que muestra una parte de lo que llamaríamos la Fraternidad.

Otro de los atributos de este fósil es que en ocasiones, la resina cubrió animales, insectos o incluso plantas antes de fosilizarse, quedando estos preservados en el interior de las piezas de tal forma que conservan material genético e incluso fragmentos de ADN. Ello permite estudiar de forma inmejorable la evolución de las especies y de cómo eran las formas de vida hace millones de años. Incluso se ha planteado la posibilidad de replicar especies extinguidas con el material genético encontrado en estas resinas. Se han encontrado mosquitos, arañas, escorpiones o incluso lagartijas. Uno de los últimos descubrimientos fue este año, cuando un equipo de investigadores chinos encontró un pollito del Cretácico de 99 millones de años preservado en un fragmento de ámbar. Todo ello hace del ámbar, un elemento de enorme valor, en ella quedó plasmado la memoria del planeta.

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