"Detrás de cada Manifestación hay una inconmensurable Fuente"

La revolución de las formas

Auguste Rodin

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Revolucionario y visionario, Auguste Rodin fue una figura clave en la escultura y el arte en su conjunto, el que quebró los cánones de la escultura tradicional del siglo XIX y el que abrió las puertas al siglo XX. Su vida estuvo llena de curiosidades, fulgurantes éxitos y grandes fracasos, dejando un legado en el que nos transmitió que en el Universo las formas no siguen estructuras fijas, ni ángulos rectos, ni puntos de vista únicos. Desde el año pasado, museos del mundo recuerdan el centenario de su muerte y uno de ellos es el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires, ciudad en la que hay algunos originales de este escultor francés. El Museo expone obras de este autor, que forman parte de la colección, compradas al mismo Rodin y que generaron también una fuerte influencia en la escultura argentina.

El Beso, 1887, en yeso. Donación al MNBA de Auguste Rodin en 1907

Nacido en 1840 en París, vivió sus primeros años con su modesta familia hasta que, viendo su enorme interés por el dibujo, su padre decidió enviarlo a la llamada Petit Ecole de Dibujo y Matemáticas. Obtuvo premios y menciones de honor, mientras realizaba prácticas en el Museo del Louvre, empezó a modelar en arcilla y a estudiar la anatomía humana en el Museo de Historia Natural. Sus obras, sin embargo, resultaban demasiado alejadas a los estilos de la época, generando rechazo y siéndole negado el acceso a la Escuela de Bellas Artes. Para mantenerse, tuvo que realizar trabajos de decoración. Lo marcó profundamente el viaje que realizó a Italia, donde descubrió el talento de los escultores renacentistas como Miguel Ángel, influencia que se aprecia en sus obras.

El año 1877 marcó el punto de inflexión para Rodin, cuando expuso su obra “La Edad de Bronce” en el Circulo Artístico y Literario. Su obra generó una honda impresión por su belleza sin igual, que sorprendió incluso a sus detractores y muchos se preguntaban como una persona sin estudios en Bellas Artes pudiera alcanzar tal nivel. Desde entonces, su popularidad se disparó y le llovieron pedidos, sobre todo del Gobierno francés para realizar esculturas o grupos de esculturas para los nuevos edificios públicos y plazas. Fue tal el aluvión, que Rodin tuvo que contratar ayudantes y sus obras llegaron a muchos lugares del mundo. Una de sus principales esculturas fue El Pensador, una de cuyas dos únicas replicas en el bronce original se encuentra en la Plaza de los Dos Congresos de Buenos Aires, de 1907.

La Tierra y la Luna, 1898, en mármol

La importancia de Rodin se encuentra en que fue capaz de romper las normas de la escultura tradicional, creando figuras con distintos puntos de vista, despreciando la frontalidad imperante hasta entonces. Sus formas fueron muy arriesgadas, con cuerpos que se retuercen y llenas de emotividad y dramatismo. El realismo de sus figuras alcanza el culmen, con escenas de amor, pasión, dolor o tristeza. Otra de sus características es que nunca esculpió, su talento se escondía en sus manos como modelador, haciendo sus obras en arcilla, yeso o terracota, siendo luego sus ayudantes los que las pasaban a la piedra o el bronce. Rodin dejó partes de sus obras inconclusas, permitiendo que el espectador las completase con su imaginación. Por ejemplo, una de sus grandes obras, La Puerta del Infierno, nunca la dio por concluida, añadiendo siempre modificaciones. Rodin nos deja singulares enseñanzas en su arte, nos ubica como observadores impulsándonos a contemplar su obra desde múltiples formas. Por todo ello podemos reflexionar que no hay una única manera de ver las cosas, sino múltiples. Tanto el Universo, como en el ser humano hay ausencia de ángulos rectos, ya que toda forma manifestada es el resultante de puntos y curvas. Rodin fue un gran revolucionario de las formas dándole al cuerpo el vuelo a lo ilimitado.

El MNBA expone en sus salas algunas de las piezas originales de este autor que posee, como por ejemplo Fugit Amor o la Cabeza Monumental de Balzac. Sin duda, la obra más valiosa es El Beso, donación realizada por el mismo Rodin al Museo en 1907. Las piezas expuestas nos permiten un completo y abarcativo recorrido visual por la trayectoria de este inmortal escultor.
Fugit Amor, 1902, en bronce

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