Palmira, la perla del desierto

En Siria

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Este mágico lugar es sinónimo de refinadas construcciones, rutas de caravanas y la reina Zenobia que llegó a enfrentarse al todopoderoso Imperio Romano. Situado en medio del desierto sirio, este lugar conserva bellísimos restos de la época en la que fue un próspero emporio comercial de la Antigüedad. Lamentablemente, la guerra de Siria y el radicalismo del Estado Islámico han dejado su huella en esta joya arquitectónica.

Teatro Romano de Palmira

Conocida como “la perla del desierto” o la “ciudad de las palmeras”, Palmira fue un punto neurálgico de contacto entre Oriente y Occidente, hito infaltable en las travesías de las caravanas que venían cargadas de objetos de lujo como especias, inciensos, seda, mirra u oro. Gracias a ello, pasó de ser un asentamiento en el desierto, mencionada ya en época mesopotámica, a una próspera ciudad comercial. En el siglo I antes de Cristo, llegaron a esta zona las poderosas tropas romanas y lograron conquistar Siria, convirtiéndola en provincia romana. La ciudad continuó prosperando, convirtiéndose en una refinada villa con espléndidas construcciones fruto de la mezcla de culturas que predominaba en la región.

El acceso a la bullciosa Palmira estaba flanqueado por un ornamentado Arco del Triunfo, construido por órden del emperador Septimio Severo en recuerdo de una victoria contra los partos. Traspasando este Arco se entraba en una amplia vía encolumnada en torno a la cual se erigieron importantes edificios. Hay que destacar el Teatro Romano, con el fastuoso escenario y columnatas y el ágora donde la gente se concentraba a comprar, vender y hablar. El Templo de Bel, sostenido por ciclópeas columnas dóricas y decorada con estatuas y relieves, que fue el principal centro religioso de la ciudad y dedicado a esta divinidad de origen fenicio. O el Templo de Baalshamin, de menor tamaño y posteriormente convertido en iglesia.

Templo de Bel antes de su destrucción

Cuando el Imperio Romano comenzó su lento declive en el siglo III, las invasiones persas arreciaron en la frontera. Es en ese momento cuando entra en juego la bella e inteligente reina Zenobia, cuyo esposo, un árabe romanizado llamado Odenato, logró frenar los ataques hasta que fue asesinado. Observando la debilidad de Roma, Zenobia decidió arriesgarse y anunció su intención de crear un reino árabe independiente de persas y romanos, llegando a conquistar Egipto emulando a la mítica Cleopatra. Pero su suerte cambió, cuando en Roma subió al trono el valiente emperador Aureliano, quien devastó a sus adversarios en Occidente y se trasladó a Siria para vengarse de la reina de Palmira. Encerrada en su palacio, Zenobia intentó escabullirse huyendo en sus dromedarios, pero ella y la ciudad cayeron en manos del bravo Aureliano. Se dice que fue llevada esposada a Roma con cuerdas de oro y desfiló ante las multitudes con altivez a pesar de su derrota.

Desde, entonces la ciudad nunca pudo recuperar su antiguo esplendor y se vio sacudida por la llegada del cristianismo y el Islam. Sin embargo, su peor azote llegó en 2015 con la invasión del Estado Islámico en medio de la Guerra Civil de Siria. Los radicales consideraron las ruinas un símbolo de “idolatría” y decidieron arrasar con ellas. Lamentablemente fueron dinamitados y demolidos el Arco del Triunfo, los templos de Bel y Baalshamin y varias tumbas, mientras que el Teatro Romano sufrió daños severos, perdiéndose grandes joyas de la arquitectura. Cuando en 2017 fue recuperada la ciudad, se pudo observar que aunque se habían hecho importantes destrozos, se continúan conservando numerosos restos y ruinas. La perla del desierto, aunque maltratada, continúa brillando.

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