La verdad detrás de Robinson Crusoe

Los hechos reales

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La novela de Robinson Crusoe es conocida por todos, un monumento de la novela inglesa, pero ¿en qué se basó su autor Daniel Defoe para desarrollar esta historia tan peculiar como famosa? Diversos acontecimientos tuvieron lugar en la misma época que Defoe escribió su novela y que posiblemente lo inspiraron para dotar de ese gran realismo a su obra.

Daniel Defoe

Esta obra escrita en 1719 marcó un punto de inflexión en la literatura mundial. Defoe, era un reputado periodista, ensayista y escritor que recién en su edad madura escribió ficción, pero esta obra lo convirtió en el padre de la novela británica. Robinson Crusoe fue para la época una propuesta pionera y arriesgada, en un momento en el que se valoraban las historias románticas y el heroísmo guerrero. El interés que provocó fue instantáneo y muchas generaciones se continúan maravillando por el realismo de esta novela a pesar de los siglos transcurridos. Cuando le preguntaron a Defoe en qué se basó para escribirla, él respondió con ironía que en experiencias personales, refiriéndose a su constante soledad en medio de la bulliciosa Gran Bretaña. Pero lo cierto es que diferentes historias tuvieron lugar en esos años y pudieron inspirar a Defoe.

Alexander Selkirk pudo ser una de ellas. Este escocés de condición humilde se enroló en la flota para huir de acusaciones de conducta inapropiada en una iglesia y se hizo a la mar bajo el mando del capitán William Dampier. Por discusiones y fuertes diferencias, Selkirk exigió al capitán que lo dejase en la isla más cercana, el atolón deshabitado de Juan Fernández frente a las costas chilenas. Al darse cuenta de su error, suplicó al capitán que lo dejase volver pero el barco lo dejó allí. El escocés vivió solo durante 4 años, totalmente aislado y utilizando los objetos que halló en un barco encallado: ropa, algo de comida, media libra de tabaco, un mosquete, una tetera, un hacha y un cuchillo. Encontró manantiales de agua dulce, domesticó cerdos, cabras y gallinas e hizo su propia ropa con cuero.

Un elemento fundamental que ayudó a Crusoe a superar su soledad fue la Biblia, algo que se repite con Selkirk, que se dedicó a leerlas durante su aislamiento. Finalmente fue rescatado por un navegante que comerciaba en la zona. Al volver a Escocia, Selkirk mantuvo algunas costumbres aprendidas en la isla, como excavar una cueva cerca de su casa donde solía retirarse de vez en cuando, hasta su muerte en 1721. Otra historia que pudo inspirar a Defoe pudo ser la del propio capitán Dampier, que al mismo atolón de Juan Fernández decidió enviar una expedición buscando agua dulce. cuando navegaban por la zona. Amenazados por la aparición de un barco español en la distancia, se retiraron rápidamente del lugar, olvidando a un indio que viajaba con ellos, procedente de Centroamérica. El hombre tuvo que sobrevivir 3 años aislado en la isla, cazando cabras, construyendo una choza y rompiendo su rifle en piezas para fabricar algunas herramientas. Fue finalmente rescatado por Dampier.

Hoy en día, dos islas del archipiélago de Juan Fernández reciben el nombre de Robinson Crusoe y Alexander Selkirk, en honor a sus náufragos reales y ficticios. Más allá de la anecdota, esta novela también tuvo profundos mensajes. La capacidad del hombre a adaptarse a cualquier contexto gracias a su ingenio, el poder del hombre en su individualidad y su capacidad para juzgar entre el bien y el mal y su relación personal con Dios, un ideal protestante que resaltó Defoe. Sin duda, esta obra sigue inspirando y generando el mismo interés que allá por el siglo XVIII.

Archipiélago Juan Fernández, Chile

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