Dos antibióticos naturales

El ajo y la cebolla

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El ajo ha sido utilizado desde tiempos inmemoriales como alimento, condimento y también como medicina. Se cultiva desde hace unos 7000 años, estando su origen en Asia Central para luego expandirse al Mediterráneo, sobre todo a Grecia y Egipto. En las pirámides quedó registrado el consumo de ajos entre los obreros de las grandes construcciones para tener salud y fuerza, siendo considerado un alimento sagrado. En la península griega, el ajo era muy consumido y también usado como medicina, siendo uno de los pilares de la dieta saludable que recomendaba el celebre medico Hipócrates para evitar la enfermedad. Posteriormente se extendió al resto de Europa y al resto del mundo, siendo Argentina uno de los 10 mayores productores del mundo.

Las virtudes del ajo son muchas, convirtiéndola en un alimento muy recomendable en cualquier dieta. Posee vitamina B, mejorando la circulación de la sangre y evitando trombos o coágulos. Ayuda mucho a la actividad de nuestro hígado, estimulando su actividad, eliminando parásitos, depurando toxinas y metales pesados como el mercurio o restos de medicamentos. Es un poderoso descongestionante contra resfriados y enfermedades pulmonares, reduce el colesterol, favorece una buena digestión y protege la piel. Pero destaca por ser un antibiótico natural que estimula el sistema inmunitario, ayuda a cicatrizar y cura infecciones leves, contribuyendo a luchar contra virus u hongos. Es por ello, que durante la Segunda Guerra Mundial fue muy usado en los enfermos ante la escasez de medicinas.

La cebolla es también otro alimento excelente, con muchas propiedades. Su origen no esta claro, posiblemente África o Asia Central, y desde allí se extendió a la cuenca mediterránea y a China, donde es muy consumida. Los ejércitos antiguos la consumían mucho, pues pensaban que les daba fuerza. Es un cultivo que se adapta fácilmente a cualquier tipo de clima y suelo, lo que permitió su rápida extensión. Argentina es uno de los principales productores del mundo, con unas 450 mil toneladas, estando las zonas productoras en provincia de Buenos Aires, Río Negro y Mendoza.

Sus virtudes son muchas. Al igual que el ajo, es un excelente bactericida y descongestionante, muy recomendable contra resfriados, catarros o tos. Su acción diurética es muy conocida, ayudando a la evacuación de orina y líquidos corporales, siendo un aliado contra cálculos renales o hipertensión. Contribuye a limpiar el estomago, estimulando el páncreas y el hígado, siempre que se consuma cruda. Reduce el colesterol, ayudando a mejorar la circulación y a evitar trombos o problemas cardíacos. Protege y energiza la piel y el cabello, siendo un remedio contra la caspa. Posee vitaminas, gran cantidad de minerales (yodo, níquel, fósforo, silicio) y además se ha descubierto que posee glucoquinina, una insulina natural que actúa contra la diabetes. Sin duda, la cebolla y el ajo son dos regalos de la Naturaleza, llenos de propiedades excepcionales.

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