El pintor de almas

Edvard Munch

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El autor de “El Grito” es, sin duda, una de las figuras más interesantes e innovadoras del siglo XX. Pero, el pintor noruego Edvard Munch sigue siendo una persona poco conocida y llena de rincones oscuros, con una vida ambivalente entre la luz de su genial arte y las tinieblas de sus dificultades personales. Preocupado por captar y expresar las emociones, sus obras están llenas de vívidas imágenes y un profundo simbolismo.

Madonna 1894-95. Óleo sobre lienzo. Galería Nacional, Oslo.

Munch nació en la ciudad de Loten en 1863, con una infancia difícil marcada por la temprana muerte de su madre y su hermana y por la crianza de su padre, una persona autoritaria y compulsiva, con profundas creencias religiosas. Todo esto le generó un carácter inestable, con inclinación al alcoholismo y a cierta locura. Tras una breve incursión en la Ingeniería, finalmente se decantó por hacer carrera como artista, siendo su maestro el artista Christian Krohg. Se relacionó con el mundo intelectual y artístico de la capital noruega, Oslo, pero pronto comenzó a viajar.

En la meca artística, París, se vinculó con los pintores más vanguardistas y con las nuevas tendencias que empezaban a delinear el Impresionismo. Se sintió atraído por la nueva forma de pintar en la que lo importante era la carga emotiva de la pintura, más que su contenido. Continuó viajando por Francia y sobre todo por Alemania, donde vivió varios años, volviendo cada tanto a su Noruega natal. Durante su periplo, fue conformando un estilo artístico muy propio, en el que expresaba fuertes sentimientos a través del color, las formas y los emotivos rostros de sus personajes. Según él, intentaba captar “el alma” de las personas, con temáticas profundas como la muerte, la sexualidad, la religión, la enfermedad o la angustia. Sus obras causaron revuelo y varias de sus exposiciones fueron clausuradas o cerradas.

La niña enferma 1885- 86. Óleo sobre lienzo. Galería Nacional de Oslo.

Pero, a partir de 1900 sus pinturas empiezan a ser muy valoradas, sobre todo en Alemania donde fue pionero del Expresionismo germano. Su obra más conocida es “El Grito”, que sin duda marcó un hito en la Historia del Arte, pero realizó más de 1000 obras y otros cientos de litografías, grabados y dibujos. Le interesaba mucho la figura de la mujer, como demuestra en otra de sus grandes obras, “Madonna”, los sentimientos profundos y las emociones más descarnadas como por ejemplo en “Celos”. Influenciado por la fotografía, realizó numerosos autorretratos, en un intento de exorcizar sus demonios internos. Viajó por prácticamente todo el Viejo Continente recibiendo cada vez más reconocimiento, a pesar de sus continuos ataques de nervios y recaídas en el alcohol.

“La enfermedad, la locura y la muerte fueron los ángeles negros que guardaron mi cuna y me acompañaron durante toda mi vida”

Desde 1930 tiene una etapa de retraimiento, marcada por el ascenso del nazismo en Alemania, que requisó todos sus cuadros del país por considerarlos “degenerados”. Cuando los nazis tomaron el control de Noruega durante la Segunda Guerra Mundial, Munch se negó a tener cualquier tipo de contacto. Finalmente falleció en 1944, después de una vida llena de esplendor artístico, pero signada por la soledad y los problemas mentales que lo aquejaron. Actualmente es uno de los artistas más reconocidos, con su propio museo en la moderna Oslo.

Museo Munch, Oslo

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