Una Espiritualidad de Laboratorio

La Espiritualidad No es una Moda.

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Cuantas banderas y cultos, guerras y uniones, amistades y maestros en nombre de la Espiritualidad…

La espiritualidad actual es una carrera sin fin donde entran en juego los “dimes y diretes” y las verdades entrecortadas. Esta espiritualidad fabricada entra fácilmente en las emociones humanas y en la mente de los que quieren hacer el camino rápido; sin reflexión, sin detenerse en los detalles que son los que hacen que el ser humano se transforme en un observador cósmico.  Las palabras vacías y adornadas que se tejen en estos laboratorios llaman a cada hogar, en busca de víctimas. Embaucan el órgano más privado y único de cada individuo, su corazón; el cual ansioso por despertar, abre la puerta confiado y obnubilado por fórmulas mágicas fáciles que aseguran hacer desaparecer de forma inmediata cualquier mal que tengan. Pero el individuo, ávido de la fórmula definitiva, se olvida de un paso que suele saltarse a la ligera y es el que verdaderamente nos define como entidad conectada con el cosmos y la tierra: el poder del discernimiento, el sentir y la resonancia.

En ese instante de ceguera absoluta, el individuo, cansado de tanta búsqueda quiere creer que ahí afuera está la respuesta, en esas palabras disfrazadas de belleza o en cada gesto que el actor carismático y vestido de forma inmaculada transmite. En esos rostros considerados espirituales, la persona busca mitigar sus días de soledad infinita, de inquietudes y de nostalgias. Cree encontrar una respuesta a sus grandes interrogantes, “cayendo” y “dejándose caer” entre las redes de un juego macabro. En un principio el buscador de respuestas rápidas devora cada conocimiento y cada aspecto del actor, deseando que sea su última pócima mágica. Pero en corto o mediano plazo se da cuenta de que todo sigue igual, que nada ha cambiado.

Los vicios ocultos del falso gurú se asoman de forma intermitente en la sociedad actual, aunque muchos lo sienten pero callan, la propia mente laberíntica y rebelde de cada uno, maquilla la evidente realidad, fingiendo que es el otro quien meció su alma. Y así, el autoengaño crece cada día más en una sociedad alejada como nunca de las religiones y que pareciera querer sustituirla por los gurús de la new age, que en definitiva son personajes salidos de laboratorios empresariales al igual que los anteriores.

Y es que el espíritu está presente en esas pequeñas cosas cotidianas, en tu sonrisa y palabras; en tu búsqueda y en tus sueños; en tus equivocaciones y aciertos; en cada parte de ti y de él; en lo sencillo y ameno, en la capacidad de síntesis, en el acompañar a veces en silencio, otras a voces y muchas sin saberlo.

Porque Todo es Espíritu, todo es energía, fuente y sabiduría.

El espíritu no hay que usarlo, no hay que exponerlo, no hay que mostrarlo, porque El Espíritu ES. La espiritualidad es Ser consciente de ello y respirarla. Aquel que llega a ti llenándote de halagos, se está alimentando de palabras vacías. Aquel que no expresa su verdad en cada momento de la vida, no es espíritu. Aquel que habla de su humildad constantemente, no es espiritual. Aquel que espera con amor, en silencio recogido y te acompaña en cada decisión, aunque no te comprenda; aquel que permanece de forma perenne a tu lado y que te ama, a su manera; que sientes su mirar con brillo infinito, con limpieza, con alas extendidas…es Espíritu. Aquel que no te juzga, que no te mide ni te miente; que se comunica contigo desde el acompañamiento y no desde la imposición, eso es Espíritu.

Ya no es época de un solo maestro, porque todos lo son.  Es el momento de comprender que el tejido sagrado que nos une, impulsa el intercambio de cada sabiduría y experiencia que habita en nosotros. Si aún seguimos creyendo que el exterior nos va a acercar aquello que nos hace falta, estamos muy confundidos, porque el mundo de afuera muestra un pequeño reflejo de lo que en verdad tú eres capaz de crear. Confía en ti, date la oportunidad de mostrar la divinidad que hay en cada parte de tu piel, de tus células, de tu alma, de tu Conciencia.

  • Mírate a los ojos, y hallarás tu propia esencia.
  • No te juzgues, permítete caminar con tus aciertos y errores porque son experiencias.
  • No tienes nada que demostrar, tan solo permitirte brillar con tu propio reflejo.
  • Abre tu corazón y tu mente; no temas, porque nuevas puertas se abrirán ante ti.
  • El espíritu reside en ti, no es una actitud, ni una carrera de postas, ya está en tí y en cada partícula viva de tu existencia.
  • Se. Sin más.

La Espiritualidad No es una Moda, ni una fórmula, la Espiritualidad ES y está presente en todos y cada uno de nosotros.

 

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