Magia púrpura

El poder de la lavanda

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La lavanda es un arbusto originario de la región mediterránea, sus flores de color violeta son pequeñas y muy conocidas, existiendo incluso un tono de morado con su nombre. Crece muy bien en terrenos secos y pedregosos y no necesita de muchos cuidados. Pero, a pesar de su aparente sencillez es una planta muy apreciada por sus muchos usos: su fragancia en perfumerías y por sus propiedades medicinales y curativas.

Esto hizo que fuese cultivada en muchos lugares, siendo manipulada genéticamente con cruces e hibridaciones para sobrevivir en diferentes climas y tipos de suelo como Ucrania o los Balcanes. En Argentina también se produce lavanda, pero en lugares muy reducidos y concentrados. En el Sur, hay plantaciones en El Bolsón, Esquel y Bariloche, al igual que en otras regiones como Córdoba, San Luis y la Sierra de la Ventana.

Este auténtico regalo violeta de los dioses ya era usado en épocas muy antiguas por su fragancia y su capacidad curativa y regenerativa. En Egipto era empleada para producir esencias, incienso y sus famosos perfumes, apreciados en todo el mundo antiguo. En Roma era aplicado en las termas y los baños para perfumar y también para alejar animales dañinos e insectos, uso que es muy popular y se mantiene hasta la actualidad. Su nombre proviene del término latino lavare, lavar. Los médicos y botánicos del mundo grecorromano la solían recomendar para dolencias de la piel o para calmar jaquecas y migrañas. A partir del siglo XVII comienzan a surgir destilerías para producir el apreciado aceite de esta planta.

Aix-en-Provenze, en la Provenza de Francia

¿Cuáles son los usos de la lavanda? En el país galo se usa para producir gran cantidad de perfumes, jabones, cremas o incluso gel de ducha, por sus virtudes de regeneración de la piel. La variedad lavándula officinalis es la más fragante y valorada. Se cultivan mucho en la Provenza, al sur de Francia. Fue introducida en el norte de Europa por los romanos, por ejemplo en Inglaterra es muy apreciada el agua de lavanda.

Como planta medicinal es muy reconocida gracias a sus propiedades, utilizándose en infusiones contra el insomnio, estados de fiebre, dolores de cabeza y también como relajante y anti estrés. Su fácil cultivo la ha hecho muy común en cualquier jardín, usándose para aromatizar armarios con ropa, habitaciones o en cajas de perfume.

Pero sin duda, el producto estrella de esta planta es el aceite esencial. Se obtiene mediante la destilación por vapor o agua de las hojas y sus botones de flores, siempre que estén en pleno florecimiento. Muy utilizado en aromaterapia, tiene importantes propiedades calmantes del sistema nervioso en situaciones de estrés o insomnio, también contra infecciones, resfriados y dolores de garganta. Es muy beneficiosa para la piel, como ya sabían los médicos de la Antigüedad, como cicatrizante para heridas, moratones, quemaduras, picaduras de insecto o eccemas. Es un remedio infalible también contra los piojos, usándose como enjuague capilar.

Destilería de lavanda

También, como antiinflatorio sirve para calmar los dolores del reuma y la artritis. Como dijimos antes, tiene innumerables efectos positivos para la piel, como descubrió el padre de la aromaterapia, el francés René Gattefossé. Al sufrir quemaduras graves en un brazo, lo metió en un recipiente lleno de aceite de lavanda, curándose completamente. Esto lo llevó a investigar las propiedades curativas de las esencias de las plantas. Es por ello, que la lavanda fue la principal causa del origen de esta disciplina, en la época moderna. Las increíbles capacidades de este arbusto y sus flores aun hoy nos asombran, viniendo de una planta tan sencilla y fácil de cultivar. La floración se produce en julio boreal, convirtiendo los campos agrestes que rodean el Mare Nostrum en alegres jardines morados.

 

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