Luces en el agua

Claude Monet

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En el mes de noviembre se cumplieron 176 años del nacimiento de este pintor que marcó a fuego la pintura de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Uno de los fundadores del Impresionismo y precursor del movimiento abstracto, es sin duda una figura obligada si se quiere conocer el arte. Su objetivo de plasmar el ambiente le llevó a realizar obras maestras, que en su época fueron duramente criticadas por romper con las reglas académicas.

Nacido en París en 1840 en el seno de una familia de clase media. Su padre era comerciante, por lo que se mudaron varias veces y Claude Monet pasó su infancia en la norteña región de Normandía, en el puerto de Le Havre. Asistió al colegio y en las clases pintaba caricaturas de sus profesores que eran expuestas en una tienda de marcos. Aquello le hizo conocido en la ciudad como caricaturista por el que recibía pequeñas cantidades de dinero. Con el apoyo de su padre comienza estudios de pintura en la Academia Suiza de Paris, donde los estudiantes y artistas comenzaban a rebelarse contra las rígidas normas pictóricas y reclamaban un estilo más libre y paisajístico. De esa época es cuando aparecen los primeros paisajes de Monet.

La vida estudiantil de Monet estuvo signada por los desacuerdos con la familia, la necesidad de su ayuda económica y las dificultades para que los salones parisinos aceptaran sus obras. A pesar de ello, en sociedad siempre se presentaba con elegantes ropas, haciéndose pasar por un dandi burgués. Tras participar brevemente en la guerra de Argelia, retornó a Francia y empezó a tener relación con grandes pintores de la época como Sisley, Renoir o Manet. Viajó brevemente a Londres para evitar ser reclutado en la guerra franco prusiana de 1870. A su vuelta, se produce un momento importante cuando en 1872 en la localidad de Argentuil conforma un grupo (Monet junto a Manet y Renoir) que sentó las bases del movimiento Impresionista. Resultado de este cónclave fue su obra Impresión, sol naciente que fue denostada por los críticos pero que dio origen al nombre del movimiento pictórico.

Posteriormente se aleja del grupo y se muda a Giverny, donde gracias a las compras, encargos y cierta popularidad pudo comprar un terreno y vivir dedicado a su pintura. Recorrió Francia pintando las agrestes colinas y costas del Mar Azul, la verde y nubosa Bretaña y por supuesto su amada Normandía. Dedicaba largo tiempo al cuidado de su jardín, a pesar de las preocupaciones de los vecinos por el cultivo de plantas exuberantes. Tuvo una exitosa relación con el marchante de arte Durand-Ruel quien le hacía constantes encargos y le abrió las puertas del mercado norteamericano, donde obtuvo gran resonancia. Respetado por la crítica y con gran popularidad, hizo varios viajes a Italia, Países Bajos y Noruega, hasta que su enfermedad (cataratas) lo deprimió ya que le impedía pintar. Falleció en 1926 en sus propiedades de Giverny, dejando un legado de numerosas pinturas al Estado francés.

Rue Montorgueil, 1878. Museo de Orsay

Revolucionario para su época, Monet reivindicaba la pincelada libre, la distorsión de las formas y sobre todo la importancia del color, el gran protagonista de sus obras. Su preocupación más importante era la luz, lo efímero del tiempo y sobre todo la ambientación, haciendo pinturas de un mismo lugar en distintas etapas del día (como los cuadros de la estación Lazare por la mañana, tarde y noche, en portada). Plasmaba los cambios de la luz y su incidencia sobre las formas con enorme talento. Su compañero Manet lo consideraba “el Rafael del agua” por su interés en representar el elemento liquido en su movimiento, sus tonalidades y por supuesto el efecto de la luz sobre ella. Sus famosas escenas de nenúfares son tal vez uno de los mayores iconos del arte de la época.

Amante de los paisajes y la Naturaleza, su taller estaba siempre al aire libre. Pero, también se preocupó por escenas urbanas, puentes y jardines públicos, mostrándonos una Francia que se industrializa y una sociedad aburguesada y nacionalista. El horizonte y los objetos lejanos se disuelven, siendo solo importante el primer plano que el pintor nos quiere mostrar. Las formas pierden uniformidad, se rompe su primacía absoluta (algo sagrado la pintura tradicional) y se confunden en un mar de formas, colores y reflejos, reduciendo los objetos representados a simples impresiones en la pintura (de ahí viene el nombre de Impresionismo). Este desprecio por las formas y, en definitiva, por lo que dicta la realidad ya empieza a advertir el advenimiento del surrealismo y de nuevos estilos que triunfarán posteriormente en el siglo XX. Por todo ello, Monet es una figura de primer orden en la agitada historia del arte, que con su pintura marca una nueva época y una ruptura con el orden imperante hasta entonces.

Nenúfares, 1915. Neue Pinakothek, Munich

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