El enigma bajo la selva amazónica

Los geoglifos de Acre

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En el estado de Acre, el extremo oriental de Brasil, se descubrieron hace años numerosas estructuras sobre el suelo que recuerdan a enigmáticas líneas de Nazca de Perú. Los arqueólogos han estado estudiando estas figuras para intentar encontrar su razón de ser y recientemente han llegado a la conclusión de que tenían una función espiritual. Se calcula que fueron realizados hacia el siglo XIII de nuestra era.

A partir de 1977 la deforestación de la selva amazónica dejó al descubierto cientos de formas realizadas sobre el suelo, los geoglifos amazónicos. Círculos, triángulos o cuadrados junto a otros símbolos más complejos con estilos zoomorfos y antropomorfos que recuerdan a figuras de animales y personas. Hechos con gran prolijidad, consisten en fosos y zanjas de ente 1 y 4 metros de profundidad. Son unos 450, pero se estima que puedan aparecer más, ocupando unos 13 mil kilómetros cuadrados. Pronto los científicos, antropólogos y arqueólogos llegaron al lugar para intentar explicar el porqué de estas construcciones realizadas por los pueblos indígenas. Se descartó la posibilidad de que fueran poblados, por la escasez de restos materiales, y de que fueran estructuras defensivas.

Un nuevo estudio publicado en la revista American Antropologist ha llegado a la conclusión de que su función era espiritual. Servían de puerta al Más Allá para comunicarse con los espíritus de los ancestros y con las fuerzas sobrenaturales. Las estructuras tienen un gran tamaño y fueron observadas y estudiadas desde aviones, teniendo una perspectiva amplia de todas ellas en su conjunto, pero también sobre el suelo. Otro tema que se buscaba resolver era el interrogante de si en las épocas en las que fueron realizadas por las poblaciones indígenas, estos lugares estaban cubiertos de selva. Esto rompería la concepción de que los nativos prehispánicos respetaban la selva y no la talaban para hacer construcciones.

Un equipo multidisciplinario realizó estudios sobre el suelo y tomaron muestras de diversos elementos como el carbón, isotopos y fósiles microscópicos. Gracias a ello, pudieron confeccionar un historial de la vegetación de la zona a lo largo de los siglos. Los resultados fueron presentados a principios de este año en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y nos hablan de pueblos indígenas que ciertamente transformaron su entorno para cultivar y construir, pero de forma muy limitada. Utilizaban los bosques concentrándose en explotar solo aquellas especies que les resultaban de provecho, como las palmeras, haciendo una selección. No talaban ni quemaban grandes extensiones, sino que actuaban casi como cirujanos, solo en aquellos puntos que necesitaban para obtener recursos o para construir, por ejemplo, estos geoglifos.

Todo esto nos muestra un uso del suelo ingenioso y organizado, en el que no había el grado de explotación como el de la actualidad sobre la vegetación amazónica. Se cree que diversos pueblos realizaron estas construcciones rituales: primero tribus arawaks y más adelante las tipu-guaraní. Vivían de forma organizada, en aldeas y en forma sedentaria. Nuevamente, la ingeniosidad de los indígenas amazónicos y su gestión inteligente del terreno nos deja una lección para aprender, mientras que en la actualidad la selva brasileña se encuentra cada vez más en retroceso por las actividades humanas descontroladas e insostenibles.

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