Resuelto el enigma del Yeti

Resultados de una investigación

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Durante siglos los habitantes del Tíbet han temido a una criatura peluda que habita escondida entre las nieves eternas. Incluso, los rusos del otro lado de las montañas tenían su versión propia de este peligroso animal: el chuchuna. Muchas personas en Occidente han defendido su existencia y la abominable criatura de las nieves ha aparecido en incontables películas, series y libros. Pero una investigación aparecida en la prestigiosa publicación The Royal Society ha demostrado que los supuestos restos de la criatura pertenecen a osos y perros.

Supuesta huella del Yeti, tomada por Eric Shipton

La investigación fue liderada por la especialista noruega Charlotte Lindqvist y fue mucho más abarcativa que las realizadas anteriormente. Se utilizaron todo un compendio de numerosas reliquias de templos y museos tibetanos, que se consideraban pertenecientes al abominable hombre de las nieves: pelo, piel, huesos e incluso heces. Y se compararon genéticamente con muestras de las especies de osos que habitan en la zona. El resultado fue contundente: todos los supuestos restos del Yeti eran en realidad de osos.

Se desmonta así una leyenda que lleva siglos en la región de las montañas tibetanas, donde los habitantes temen y veneran a la criatura de las nieves. Cuando llegaron los europeos, se interesaron por este mito y no hicieron más que acrecentarlo. En 1951 el explorador británico Eric Shipton aseguró haber tomado una fotografía de una huella de la criatura en la nieve y poco después comenzaron a popularizarse las expediciones de alpinistas en las cumbres tibetanas. El Yeti entró entonces en la cultura popular occidental. Otro interesado en el tema fue el considerado mejor alpinista del mundo: Reinhold Messner, quien fue el primero en ascender al Everest sin oxígeno y que publicó un libro sobre el tema. En uno de sus museos se expone un diente atribuido a la criatura, pero esta investigación ha demostrado que pertenece a un perro.

En 2008, otra expedición japonesa liderada por Yoshiteru Takashi recorrió la región y obtuvo fotografías de las huellas del animal de unos 45 cm de longitud. Los que apuestan por la existencia del Yeti consideran que se trata de un primate gigante que camina sobre sus patas traseras, seguramente carnívoro. Sin embargo, los que se oponen consideran que no hay suficiente alimento en las montañas para un animal de este tipo, los primates viven solo en las zonas donde hay un adecuado suministro de fruta todo el año. Además, los supuestos avistamientos siempre son de un solo individuo, lo que hablaría de una escasez de grupos animales y de una dudosa supervivencia de estos en un ambiente tan hostil. Otros apuntan a que se trata de un oso, mezclado con las especies autóctonas.

Más allá de que se haya confirmado la inexistencia del temible Yeti, estos estudios permitieron analizar genéticamente a los especímenes de las especies de osos que habitan en la zona y se llegaron a algunas conclusiones interesantes. Por un lado, el oso pardo tibetano y las especies de oso pardo de Europa y Asia tienen un origen en común, mientras que el oso pardo del Himalaya tiene una estructura evolutiva diferente. Lamentablemente todas estas especies están en peligro de extinción y estudios como estos permiten un mayor conocimiento al respecto para mejorar sus situaciones.

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