La dibujante del Nuevo Mundo

Maria Sibylla Merian

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La historia de una mujer independiente y dedicada a sus intereses en pleno siglo XVII es ya en si una rareza. A ello hay que sumar que además, fue una naturalista y pintora de primer nivel que sentó las bases de una disciplina por entonces inexistente, la entomología o el estudio de los insectos. Una mujer moderna y revolucionaria que llegó incluso a viajar en una expedición científica a Sudamérica, algo que pocos habían hecho. Esta es la historia de María Sibylla Merian.

Nació en la ciudad alemana de Fráncfort en 1647, por entonces dentro del Sacro Imperio Romano Germánico. Se podría decir que la relación con el dibujo le venía de familia ya que su padre, Matthäus Merian, fue un importante grabador de ilustraciones, así como también editor. Pero su padre falleció cuando tenía solo 3 años y quiso el destino que su madre Johanna Sybilla se casara con un pintor, Jacob Marrel quien introdujo a la joven niña en el mundo artístico y el gusto por la pintura. Le enseñó a pintar en acuarelas y gouache, ya que por entonces, una absurda ley impedía a las mujeres comprar pinturas al óleo.

Ya en la adolescencia se interesó por la Naturaleza, las flores y plantas, pero sobre todo por los insectos, un tema poco conocido por aquel entonces. Los científicos de la época creían que estos surgían por generación espontánea a partir del lodo y el barro, basándose en lo afirmado por Aristóteles siglos antes. María se interesó por estos pequeños animales y los retrató junto con las flores y plantas en pinturas de enorme belleza, precisión y demostrando gran talento. Y así, en 1675 publicó su primer libro en 3 tomos, Nuevo libro de flores, que tuvo bastante repercusión entre el público. Más tarde, se interesó en la metamorfosis de las orugas, que dibujó y estudio concienzudamente, publicando su segundo libro La oruga y su maravillosa transformación.

La pintora fue la primera persona en constatar científica y empíricamente que los insectos no urgían del lodo ni eran manifestaciones del Diablo como se creía, sino que nacían de huevos. Pero, sus publicaciones en alemán, en una época en la que se usaba el latín en los ámbitos científicos, ahuyentó a los especialistas. Se divorció de su esposo, el pintor Johan Andreas Graff, y junto con sus dos hijas se mudó a Holanda. Allí se asentó en la localidad Wieuwerd, dentro de un grupo de pietistas, partidarios de la vida comunitaria y espiritual luterana. Un año después, amenazados por la peste, abandonaron la comunidad y las tres mujeres se trasladaron a Ámsterdam, donde abrió un taller de pintura y grabado. Allí entró en contacto con naturalistas y decidió con 52 años hacer un viaje científico a Surinam, la colonia holandesa en Sudamérica.

A pesar de los consejos de sus allegados en contra, María obtuvo una beca y viajó a la colonia. Ella y su hija se internaron en la selva para retratar las exuberantes plantas, animales e insectos. Allí estuvo 2 años realizando una magnifica actividad investigativa, hasta que la malaria las devolvió a Holanda. De vuelta en Ámsterdam, publico en 1705 su obra cumbre con el resultado de sus actividades en el continente americano: Metamorfosis de los insectos del Surinam. En ella propuso una clasificación para los insectos tropicales que sigue utilizándose hoy en día, ilustrada con grabados y acuarelas de exquisita calidad y factura, que son auténticas obras de arte. A pesar de que fue un libro caro al alcance de pocos, tuvo bastante repercusión convirtiéndola en una famosa naturalista y artista. Continuó practicando su arte hasta su muerte en 1717 a los 69 años.

Su importancia para el arte y la ciencia ha sido muy reconocida en Alemania, siendo su obra redescubierta y honrada en el siglo XX. Se ha querido ver en la obsesión de María por la metamorfosis de las orugas un elemento espiritual. Es posible que para ella, fuera una metáfora de la existencia humana, simbolizando la transformación de la oruga en mariposa la ascensión final hacia Dios con la muerte y el abandono del cuerpo mortal. Sea cierto o no, su vida fue muy interesante, signada por el interés naturalista, en una época en la que no era corriente encontrar mujeres independientes y dedicadas a aquello que realmente deseaban.

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