Flores de loto en la selva

Angkor Wat

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Nadie puede resistirse al influjo de las decenas de bellísimas torres milenarias del Angkor Wat. Situado en el centro de Camboya, es un auténtico monumento al arte y a la capacidad humana de superar todos los limites de lo posible. Actualmente es uno de los principales atractivos de este pequeño país de Indochina y adonde miles de turistas llegan cada año para visitar esta joya en medio de las selvas.

En 1586, el fraile portugués António da Madalena se internó en las selvas inexploradas de más allá del río Mekong, en lo que hoy es Camboya. Lidiando con todo tipo de alimañas, mosquitos y la enmarañada vegetación, el monje capuchino no esperaba encontrar más que algún villorrio perdido en la jungla para evangelizar. Cuál sería su sorpresa cuando frente a él apareció un monumental templo, tan impresionante y bello que no encontró palabras para describirlo. Aquel mágico lugar quedó impreso en la mente del fraile y se lo transmitió al historiador Diego do Couto, gracias al cual quedaron registradas sus impresiones:

…una construcción de tal modo extraordinaria que no es posible describirla por escrito, especialmente diferente de cualquier otro edificio en el mundo. Posee torres, decoración y todos los refinamientos que el genio humano puede concebir.

En aquella época, esa región empobrecida y asolada por los saqueos, hizo pensar a los descubridores del esplendente Angkor Wat que los lugareños no podían haberlo construido. El franciscano español Marcelo de Ribadeneyra lo atribuyó a los romanos o a Alejandro Magno, mientras que fray Gabriel Quiroga aseguró que era obra de los judíos. En realidad el templo fue construido por el imperio khmer o jemer, entidad que surgió hacia el 800 y se mantuvo hasta el 1432 y que ocupó prácticamente toda Indochina, muy influenciado culturalmente por la vecina India. La capital de este reino estuvo en Angkor, donde los reyes construyeron enormes palacios, templos y tumbas reales.

Dentro de esta monumental capital, el mayor complejo de templos construido por el hombre, se encuentra el recinto mágico de Angkor Wat. Erigido en el siglo XII, se tardaron 40 años en terminarlo, por orden del emperador Suryarvarman II. Cuenta la leyenda que este rey accedió al trono tras asesinar a su antecesor saltando sobre el elefante en el que paseaba y causándole la muerte. El templo está dedicado a la deidad hindú de Vishnú, de quien el monarca era un gran devoto. Para la construcción de semejante monumento, se realizó un canal de 22 km para traer los miles de bloques de piedra desde la cantera más cercana, en el Monte Kulen. Miles de hombres y de elefantes trabajaron para elevar este recinto, que imita el mítico monte Meru, donde habitan los dioses.

El Angkor Wat es un complejo cuadrado, rodeado por un lago. Dos puentes decorados con balaustres con forma de serpiente de 6 cabezas permiten acceder a él. Un enorme pórtico con columnas y torres señala la entrada, al que solo accedían las grandes personalidades del imperio, los nobles y reyes para venerar a los dioses. El recinto posee unas 54 torres de estilo recargado que se elevan imitando flores de loto, llenas de bellísimas decoraciones y esculturas. En el centro se encuentra el templo principal, llamado Bakan, que se eleva sobre el resto al estar situado sobre una plataforma, imitando el monte divino de los dioses y con escaleras de piedra para acceder. Uno de los elementos más sobresalientes son los refinados bajorrelieves que decoran todo el complejo, antes policromados y que representan las historias de los libros hindúes Ramayana y Mahabharata. Abundan las representaciones femeninas: diosas y bailarinas celestiales.

Al lado de Angkor Wat se encuentra la ciudadela fortificada de Angkor Thom, que llegó a albergar un millón de habitantes. Ambos emplazamientos conforman un conjunto impactante que poco a poco está siendo restaurado. La vegetación selvática engulló los templos, pero a pesar de ello, los árboles son respetados ya que aportan un aire aún más mágico al lugar. Cuando los franceses exploraron este emplazamiento, encontraron a monjes budistas que aun mantenían de alguna forma el lugar que nunca llegó a estar deshabitado. Cuando los primeros dibujos e imágenes de Angkor Wat llegaron a Europa, se desató una autentica fiebre por estas edificaciones. Uno de estos admiradores fue Henri Mouhot, quien a través de la publicación de sus cuadernos de viaje en 1868 llamó la atención sobre este lugar. Convertido en patrimonio de la humanidad en 1993, el complejo histórico es un orgullo nacional para Camboya, estando representado incluso en su propia bandera.

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