Las miradas modernistas de México

Exposición en el MALBA

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El Museo de Arte Latinoamericano (MALBA) acaba de inaugurar una magnifica exposición que muestra el recorrido del arte mexicano en la primera mitad del siglo XX. En ellos se ven las influencias del vanguardismo, el modernismo europeo y la revolución social y política que vivió la nación en esta época turbulenta. La exposición ha sido realizada en colaboración con el Museo Nacional de Arte de México, con unas 170 obras de artistas de la talla de Diego Rivera, Frida Kahlo, Siqueiros o María Izquierdo. Con motivo de esta muestra, Universo y Realidad visitó el museo y realizó un resumen de esta época tan intensa para el arte azteca.

Retrato Martín Luis Guzmán, Diego Rivera, 1915

Durante la primera mitad del siglo XX, el arte mexicano sufrió la influencia de las corrientes modernistas que triunfaban en todo el mundo. En este contexto de renovación de las academias de arte, los artistas mexicanos comenzaron a viajar y generar diálogos y vínculos con Europa, con su intelectualidad y las propuestas vanguardistas. La Ciudad de México, repleta de avances técnicos, inmensa y cosmopolita, se transformó en una moderna urbe que impulsó el imaginario creativo de las artes plásticas, la literatura o el cine. En este contexto, muchas mujeres también formaron parte de este movimiento como creadoras y promotoras independientes. Junto al simbolismo o el muralismo, hay que destacar al movimiento estridentista, inspirada en el futurismo y el reclamo de lo positivo de las urbes. En 1921 miembros de esta corriente publicaron un manifiesto en el que pedían “crear y no copiar” lo que ya existía.

Dentro de esta etapa inicial, de 1900 a 1910 tenemos numerosos ejemplos de artistas que empiezan a explorar estos nuevos estilos. Es el caso del cubo futurismo, que se inicia en la revolucionaria París y llega a México de la mano de pintores como Saturnino Herrán o Diego Rivera. En ellos las formas se descomponen y se funden, conformando formas geométricas, como una forma de ruptura con el clasicismo anterior. También, pintores como Fermín Revueltas o Rufino Tamayo, con escenas industriales que nos muestran los cambios sociales y la creciente industrialización. También, retratos, escenas de pueblo, con un toque costumbrista que demuestran la preocupación por los cambios sociales imperantes en la época.

Después de esta etapa inicial, el arte se ve influido por los profundos cambios que sufre la nación azteca. La eterna dictadura de Porfirio Díaz (el porfiriato) se desmoronó con el estallido de la Revolución de 1910 en Durango y su expansión a todo el país. Los gobiernos de Francisco Madero y más tarde de Álvaro Obregón, comienzan una etapa de reformas e institucionalización que se extendió hasta 1940. La problemática social, los derechos laborales y las raíces indígenas, temas relegados durante años, pasaron a estar en el foco y esto influyó a los artistas. Por otro lado, también hay que destacar la actividad del secretario de Educación Publica, José Vasconcelos que impulsó la búsqueda de una identidad mexicana. Es entonces cuando la pintura mural obtiene mayor notoriedad, buscando difundir la historia y cultural del país desde los muros de los edificios públicos.

Es en esta etapa en la que destacan las obras de grandes maestros como David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera o José Clemente Orozco. Los cuadros se hacen mas grandes, paisajes, escenas con colores intensos, retratos, los medios son muy diversos. Hay un renovado interés por las escenas indígenas, en las que se representan con mucha minuciosidad las telas o los adornos de las colectividades. Se pintan los bellos paisajes naturales del país, como forma de reforzar la identidad. También, el tema social y las reclamaciones proletarias aparecen en la pintura, mostrando escenas de huelga o la difícil vida de los más humildes.

Antonio Berni, La Manifestacion, 1934

A partir de 1930, el surrealismo entra en una etapa de esplendor en esta país. Las causas del éxito que tuvo este movimiento, que busca pintar o expresar lo que esta “mas allá de la realidad”, hay que buscarla en las tradiciones prehispánicas, llenas de elementos mágicos, míticos y totémicos, arquitecturas simbólicas o animales y plantas fantásticos. A esto hay que sumar la llegada de importantes representantes europeos del surrealismo como Antonin Artaud (en 1936) o André Breton (en 1938) que buscaron explorar estas raíces indígenas de México. El estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939 provocó que muchos artistas europeos emigrasen, entre los cuales estaban Leonora Carrington, Alice Rahon o Benjamín Péret, quienes vieron a la nación azteca como un lugar lleno de misterios e irreal.

Este arte surrealista esta lleno de figuras imaginarias, escenas imposibles y arquitecturas fantásticas. Agustín Lazo, la celebre Frida Kahlo o María Izquierdo consolidaron el surrealismo desde dentro, llegando al culmen en el año 1940 con la Exposición surrealista internacional organizada en la Galería de Arte Mexicano. Sin duda, una etapa fundamental la primera mitad del siglo XX, llena de influencias externas, el impacto de los cambios sociales y políticos y el reclamo de una identidad nacional.

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