Seres oceánicos

Delfines, ballenas y marsopas

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Todos consideramos a los grandes mamíferos marinos, como los delfines o ballenas, animales muy inteligentes. Pero, constantemente surgen nuevas investigaciones que aportan información sobre lo semejantes que son a nosotros en sus comportamientos. Varias universidades de Inglaterra y Canadá recabaron gran cantidad de información de 90 especies diferentes de ballenas, delfines y marsopas. Y descubrieron que sus comportamientos sociales son muy sofisticados, relacionándolos con el tamaño de su cerebro, publicando sus conclusiones en la revista Nature Ecology & Evolution. Pero, ¿cuáles son estos comportamientos que han sorprendido a los especialistas?

Sabemos que estos grandes animales marinos tienen un complejo sistema de comunicación entre ellos, vocalizaciones, gemidos y sonidos que emiten para entenderse entre sí. A esto hay que unir también mímica vocal y silbidos exclusivos para cada situación, así como los característicos “clics” que utilizan como ecolocalización, de forma parecida al sónar de los submarinos. Pero ahora sabemos además que los grupos poseen dialectos regionales, algo muy semejante a las lenguas de los seres humanos. Ello les permite cazar y trabajar juntos para un beneficio mutuo, así como la cooperación con otras especies animales y con humanos. También, practican el juego como actividad social.

Otros aspectos interesantes es que “enseñan” a sus crías a cazar o utilizar herramientas. Por ejemplo, los delfines del Indo-Pacifico utilizan esponjas para protegerse el hocico mientras remueven la arena del fondo marino para buscar alimentos. Esta conducta se transmite de generación en generación. Otro comportamiento destacable es que las hembras cuidan crías que no son suyas, el llamado cuidado aloparental, algo poco común entre los animales. Con todos estos datos, los científicos llegaron a la conclusión de que estos animales marinos han desarrollado un cerebro cultural y social, que les ha permitido hacer crecer en tamaño su cerebro (encefalización) para adaptarse mejor a su entorno.

Ya en la Antigüedad se los consideraban animales sagrados y seres de extraordinaria inteligencia. Por ejemplo, los griegos creían que los delfines eran en realidad piratas castigados por el dios Dionisio por haberlo capturado. Las ballenas siempre fueron veneradas como representantes de lo divino y como símbolo del poder oculto de los mares. Argentina ha sido bendecida con los santuarios de vida marina de las costas del Sur, como el de Península Valdés o el de Punta Tombo. Situaciones constantes en todo el mundo nos demuestran la capacidad de estos extrordinarios seres de manifestar su esencia en cada recoveco de los misteriosos océanos. Ellos no muestran el amor, la fraternidad entre las especies y la grandeza en todas sus formas. Si pudiéramos detenernos por un instante y observar sus movimientos y escuchar sus sonidos, podríamos quedarnos eternamente entre sus magnéticas mallas, que al igual que la Madre Tierra y la Madre océano, están constantemente abrazando nuestra raza.

 

Via El Faro de las Orcas

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