La nación de las alfombras

La cultura azerí

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Entre el Cáucaso y el Mar Caspio se encuentra el pequeño país de Azerbaiyán, conocido también como el “país del fuego”. La cultura azerí, predominantemente musulmana, destaca por sus refinadas artesanías, pero sobre todo por sus alfombras. Tradición familiar que se ha mantenido viva durante miles de años y que ha llegado hasta ahora, siendo convertida en patrimonio histórico, que llevó a la construcción del primer museo de alfombras del mundo.

Situado en una zona en constante conflicto territorial, Azerbaiyán recién logró independizarse de la URSS en 1991 y luego se enfrentó en una cruenta guerra a su vecina Armenia por unos territorios en disputa. A pesar de ello, este país logró convertirse en un lugar tolerante y abierto, siendo la primera nación islámica en aceptar la apertura de teatros y garantizando constitucionalmente la libertad religiosa. A esto hay que sumar sus reservas de petróleo, que lo convirtieron en un país rico y moderno.

A pesar de los vientos de cambio que trajo el oro negro, los azeríes han sido desde antiguo un pueblo agrario con una intensa relación con Asia Central e Irán. Siempre interesados en las artes, sus habitantes ya eran famosos en la Antigüedad por sus metales, su joyería o las cerámicas. Pero sin duda, uno de los elementos que lo definen como cultura son sus valiosas alfombras, realizadas por las mujeres en una tradición oral que se transmite de madres a hijas desde épocas inmemoriales. Los registros arqueológicos señalan que ya en el tercer milenio antes de Cristo se confeccionaban estas alfombras, que en la Edad Media eran muy apreciadas por su calidad entre la nobleza europea.

Se fabrican a mano en telares domésticos durante los inviernos. Los hombres esquilan la lana de oveja en primavera y otoño, las mujeres por su lado se encargan de hilar la lana, fabricar los tintes y colorear el hilo. El tintado en sí ya es un auténtico arte, pues se utilizaba todo tipo de colorantes vegetales como la cáscara de nuez verde, la corteza de la granada, el índigo azul o el membrillo. Aparte de lana, también se usa algodón o seda. La fabricación de las alfombras esta ritualizada, marcando el inicio de una nueva pieza con un festín y el final con una gran celebración familiar.

La alfombra es un elemento angular de la vida cotidiana. Constituye la dote de una esposa, mientras que si la familia tiene un varón, será la madre la que confeccione la alfombra para el casamiento. En las festividades del Año Nuevo (Nobruz) las mujeres jóvenes recitan adivinanzas o cantan sobre las alfombras. También se hacen para los nacimientos, ceremonias fúnebres o para orar. Son un elemento del mobiliario básico en las casas azeríes. Hay muchos estilos, tramas y diseños diferentes de acuerdo a la región y cada color tiene un significado determinado. Por ejemplo el rojo, se usa para las bodas y simboliza la buena suerte y la energía positiva. Se decoran con rombos, líneas, motivos geométricos o los tradicionales “S” del estilo verni, que representan dragones.

Interior Museo de la Alfombra en Bakú

La fama de los tejidos llegó hasta la UNESCO que convirtió a esta técnica ancestral en Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en el 2010. En Bakú, la moderna capital de Azerbaiyán, se creó en 1967 el primer museo de alfombras del mundo trasladándose a un nuevo edificio en 2014. La nueva sede tiene la curiosa forma de alfombra y en su interior se exponen más de 5000 con una luz tenue y a temperatura estable para evitar que se deterioren los delicados pigmentos naturales. Se trata de una muestra más de la importancia que le da este país a sus antiguas tradiciones y que intenta reafirmar en medio de la fiebre occidentalizante.

Museo de la Alfombra en Bakú

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