El sendero de la felicidad

Bután, Japón y Dinamarca

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¿Qué es la felicidad? Para algunos será conseguir el trabajo de sus sueños, para otros irse a vivir a las montañas, otros ganar la lotería o llegar a casa y abrazar a tu familia. La felicidad tiene tantas caras como personas hay en el mundo. ¿Cómo conseguir ser feliz? Y una vez que se consigue la tan ansiada felicidad, ¿cómo mantenerla? Viajamos a tres países distintos con altos niveles de felicidad para conocer los caminos que proponen.

Bután

Este pequeño país se encuentra enclavado entre India y China, en pleno Himalaya y era hasta hace poco el más aislado del mundo. No se permitió el ingreso de la televisión y el Internet hasta 1999, la capital Timbu carece de semáforos. Los atascos y la contaminación son casi inexistentes, en una nación famosa por sus montañas nevadas y sus cristalinos ríos de montaña, un reino que es la democracia más joven del planeta y basado en la agricultura. Atento a este atraso, el rey Jigme Singye Wangchuck, educado en el Reino Unido, casado con cuatro hermanas y padre de 10 hijos, decidió abrir el país al mundo pero de forma progresiva y acompañada de algunos elementos que fueron pioneros.

En 1974 en su discurso, el monarca afirmó que la felicidad interna bruta (FIB) es más importante que el PIB, pilar sobre el cual el país ha planificado su desarrollo, anteponiendo el concepto de felicidad al de ingresos económicos. Para los butaneses, el verdadero desarrollo social no está en su flujo de dinero, sino cuando los avances materiales y espirituales van juntos y se complementan. Esto se entremezcla con los principios budistas, religión mayoritaria en el país, que siempre buscan el camino intermedio entre los extremos. Por ello Bután ha creado un índice de felicidad, un sistema de comités y una comisión nacional de FIB que se encarga de encuestar a la población y tomar medidas para incrementar la satisfacción de la población. Se considera que le corresponde al Gobierno crear un entorno que facilite acceder a la felicidad.

Los principios de estas políticas deben ser:

  • Un desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo.
  • La preservación y promoción de la cultura.
  • La conservación del medio ambiente.
  • El buen gobierno.

En Bután el 45% de la población se considera “muy feliz” por lo que podría decirse que estas políticas han tenido éxito. En este caso, el aislamiento se convirtió en una ventaja ya que permitio a los butaneses observar los errores de sus vecinos India y China, aprender de ello y planificar su desarrollo de una forma diferente.

Japón

En el país del Sol naciente y los samuráis, existe el concepto de “ikigai”, que propone un objetivo para alcanzar la felicidad. El ikigai japonés está viviendo una época de redescubrimiento y empieza a llegar a Occidente a través de libros de autoayuda. Pero, ¿en qué consiste este término? Surge de la unión de las palabras ikiru (vivir) y kai (alcanzar el objetivo) y significa algo así como “encontrar un objetivo en la vida”, un propósito de acción. No se trata del empleo soñado, sino que puede ser cualquier cosa, todo aquello que nos lleve a sentirnos realizados y satisfechos con nosotros mismos. Encontrar aquello por lo que vale la pena vivir. Y ¿cómo lo descubrimos? Según esta filosofía hay que responder a 3 preguntas:

  • ¿Qué es lo que amas?
  • ¿Qué sabes hacer bien?
  • ¿Qué crees que el mundo necesita de ti?

El ikigai no es algo complejo, sino algo simple que está muy cerca de nosotros, que debe ser revisado cada cierto tiempo ya que las necesidades y las formas de pensar van cambiando con la edad. Es algo frágil al cual debemos llegar sin utilizar comportamientos negativos, construyendo relaciones con los demás de forma tranquila y reflexiva, no estando con personas que no nos aportan nada positivo. Este concepto es muy usado por los ancianos japoneses, que suelen transmitirlo a los jóvenes. Teniendo en cuenta que en Japón la esperanza de vida es de las más altas del planeta, no les ha ido nada mal.

Dinamarca

Este país nórdico es el más feliz del mundo y uno de sus conceptos clave 100% danés es el hygge. Este principio se refiere a lo acogedor, a disfrutar de un tiempo de ocio y relax en el hogar, estar en un lugar agradable y cálido junto a personas que queremos ya sean amigos  familiares. Hay que tener en cuenta el severo clima de Dinamarca, con inviernos largos y fríos, por lo que la actividad casera es muy importante para sus habitantes. Pero no solo supone estar en casa, sino que los daneses extrapolan esta actitud a todas las facetas de la vida: la comodidad, el sentirse bien en un espacio, la actitud positiva y el olvidarse de los problemas.

El hygge supone tener a lo largo del día, momentos determinados para disfrutar de aquello que nos gusta, ya sea leer un buen libro, ver una película o hacer yoga. Esos momentos que nos permiten volver a conectar con nosotros mismos o estar con aquellos que nos hacen sentir bien. Esto también supone tener una casa agradable y con elementos que nos traigan buenas sensaciones. Este cuidado del entorno físico ha sido llevado a otros lugares del mundo, replicándolo en lugares de trabajo, restaurantes o mueblerías. Pero en definitiva, lo que propone el hygge es disfrutar de aquellas pequeñas cosas de la vida que tanto apreciamos y tomarnos un tiempo para ello.

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