El templo de todos los dioses

Enorme y majestuoso

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En la actual costa turca, justo frente a Grecia, se encontraba la pujante ciudad de Éfeso, en lo que por entonces se llamaba Jonia. Fue una poderosa urbe que fue creciendo durante el periodo clásico, tanto griego como romano, gracias a la constante actividad comercial de su importante puerto. Éfeso, junto a otras ciudades cercanas como Mileto o Samos, conformaban una red de ricas y poderosas urbes que controlaban los caminos comerciales y las rutas marinas en el mar Egeo oriental.

Artemisa cazadora

Éfeso nació con la llegada de griegos que se mezclaron con los habitantes de la región, mientras que la mitología nos aporta diversas hipótesis más coloridas. Se dice que esta ciudad fue fundada por las amazonas, las feroces guerreras asiáticas de las leyendas griegas. Sea como sea, Éfeso siempre tuvo una fuerte relación con la diosa Artemisa, patrona de la ciudad, que surgió y se desarrolló a partir de un antiguo santuario dedicado a ella. Artemisa o también llamada Diana por los romanos, era una de las grandes divinidades del panteón olímpico griego, protectora de la caza, la luna y la guerra. Vivía sola en los bosques siempre portando un arco y flechas, hija de Zeus y hermana gemela de Apolo. Se decía que quien la viera bañarse sola en las lagunas de los bosques moriría instantáneamente.

Sin embargo, su culto en Éfeso tenía un carácter diferente, más arcaico y vinculado a la fertilidad, amalgamado con el de la divinidad oriental Cibeles. Es por ello, que mientras la aldea se convertía en ciudad helénica, el culto a Artemisa fue también creciendo. Las excavaciones más antiguas muestran que había altares y un pequeño templo que resultó destruido por las inundaciones. Las autoridades de la ciudad decidieron reconstruirlo pero con el fin de crear un templo mucho más grande, bello y majestuoso. Hacia el 550 antes de Cristo comienzan las obras, que duraron muchos años, pero el resultado fue monumental y llenaba de asombro a las personas que visitaban la ciudad jonia.

Levantado a lo largo de más de 100 años por los arquitectos Quesifronte y Metagenes, el templo de Artemisa fue el primero en el mundo griego en construirse íntegramente en mármol, una novedad que rápidamente fue replicada. Destacaban sus más de 100 columnas del orden jónico embellecidas con relieves y decoraciones de oro y plata, que creaban un auténtico bosque de columnas. Había esculturas y pinturas de los mejores artistas clásicos como Fidias o Policleto. También contenía muchas riquezas y objetos suntuosos, resultado del tributo que pagaban mercaderes y visitantes para admirarlo. Poseía una imponente fachada y estaba rodeado de jardines y otras construcciones religiosas. Tenía carácter de santuario y protección, un lugar de refugio para todo el que lo necesitase, condición que mantuvo durante largos años y a pesar de las conquistas extranjeras. Se decía que incluso las amazonas se habían refugiado en este templo del dios Dionisio y del héroe Hércules.

El templo fue venerado por varios siglos y motivo de orgullo de Éfeso. Sin embargo, la desgracia llegó en el año 356 cuando un hombre llamado Eróstrato lo quemó intencionalmente, buscando la fama. El edificio quedó arrasado y los furiosos gobernantes prohibieron mencionar el nombre del pirómano. El mismo día de su destrucción, nacía Alejandro Magno, quien años más tarde ofreció ayuda para su reconstrucción obligando a que los impuestos que antes se pagaban a los persas fuesen a las arcas del templo. Como en una ironía del destino, el mismo año de la muerte del genio militar (326) comenzó la reconstrucción del templo que siguió el mismo diseño del anterior pero con mayores dimensiones. Resistió 6 siglos más y hasta el llegaron predicadores cristianos llegados desde Tierra Santa. Una vez que se impuso el Cristianismo, el templo fue perdiendo importancia. Su destrucción definitiva vino de manos de los invasores godos ya en el 268 después de Cristo y sus famosas columnas fueron usadas para construir edificios de la región, como por ejemplo la Hagia Sofia de Bizancio.

Actualmente Éfeso es una ciudad turca muy visitada por turistas, debido a sus numerosos restos de esta época clásica. El ágora, varios templos, teatros, gimnasios, murallas,… lo convirtieron en Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Del famoso templo de Artemisa queda una sola columna y la planta, ya que la mayoría de los restos fueron trasladados al British Museum de Londres. A pesar de ello, aquellos que visitan las ruinas aun pueden darse una idea de la magnificencia de este templo, alabado por cronistas, escritores griegos y gentes de todo el mundo antiguo

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