La prehistoria de los robots

Los antepasados de los androides

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A lo largo de la Historia ha habido muchos ejemplos de autómatas, máquinas que podían moverse de forma independiente del ser humano. En un principio fueron ideadas con el objetivo de sorprender o llamar la atención, poco a poco se han ido perfeccionando hasta llegar a los robots y androides con rasgos humanos de hoy en día, que pueden sustituirnos en muchos oficios. Repasamos los anales de estas máquinas autónomas.

Hefesto

El ser humano siempre se ha sentido fascinado por el poder divino de dar la vida, aportar el hálito que alimenta la llama interior e imitar a Dios. Es por ello que siempre ha intentado replicar la vida. En la mitología se habla del dios herrero Hefesto, que creó un grupo de mujeres mecánicas de oro que le ayudaban en sus tareas o el Golem judío, una figura en arcilla a la que la palabra Yahvé le dio la vida. La palabra autómata, proviene del griego automátos que significa “espontaneo” o “con movimiento propio”. Fue ya en la época de esplendor de la Alejandría helénica en el siglo I d.C. cuando aparece la primera figura de este recorrido, el fascinante inventor Herón de Alejandría. Creó puertas que se abrían solas o una primitiva máquina de vapor, la eolipila. Fue el primer escritor de libros de robótica del que se tengan noticias.

Otro ejemplo inicial fue el del sabio y genio del Renacimiento, Leonardo da Vinci, quien inventó dos autómatas. Uno de ellos, fue además el primero con forma humana, imitaba a un caballero con armadura. Aunque nunca fue construido, el artilugio fue ideado en 1495 y podía mover los brazos, girarse o sentarse. Y el otro fue un león mecánico, hecho a petición del monarca Francis I de Francia, que simbolizaba a la ciudad de Florencia (el león) y podía moverse de forma autónoma siguiendo al rey cuando caminaba.

Reloj de Praga, República Checa

Estos primeros intentos fueron anecdóticos, con el fin de entretener y llamar la atención más que otra cosa. Será en la Edad Moderna cuando se dan los pasos definitivos, a partir de la invención del reloj y su mecanismo autónomo. Partiendo de ahí y usando los mismos principios mecánicos, se fueron creando maquinas más complejas que incluso imitaban el comportamiento humano. Es por ejemplo, el caso de los relojes de cuco o los grandes relojes públicos de Centroeuropa acompañados de figuras móviles. Sus mecanismos internos estaban vinculados a estos relojes de iglesias o ayuntamientos y su objetivo era llamar la atención de los viandantes.

Tenemos el caso del experto mecánico y relojero Juanelo Turriano, un español que en el siglo XVI trabajó para la Corte madrileña. Su invención más famosa es el Hombre de Palo, un artilugio de madera que se decía que recorría las callejuelas de Toledo pidiendo limosna y que se inclinaba al que se la daba. Se le atribuyeron muchas acciones, pero la mayoría no son consideraras ciertas ya que no estaban al alcance de la técnica de aquella época. También está el Papamoscas de la ciudad de Burgos, una figura de forma humana que toca una campana y gesticula o las figuras de un león y de un caballero en la catedral de León. Lamentablemente, con el paso del tiempo, muchos de ellos se han perdido o han caído en desuso.

Dibujo de “El Turco”

Muchas veces estos autómatas estaban vinculados a la Iglesia. Había Cristos automatizados que flexionaban los brazos o incluso pestañeaban. Pero también, muchos consideraban a estas máquinas objetos satánicos o herejías y fueron destruidos por decisión eclesiástica. Esta el caso de las cabezas parlantes, que rozaban el límite con la magia. Algunas respondían preguntas del futuro, otras hablaban distintos idiomas o la del papa Silvestre II que respondía sí o no a las preguntas que se le hacían. Mezcladas con la leyenda, tuvieron mucha popularidad en el pasado.

Pero si hablamos de autómatas no podemos olvidarnos de “El Turco”, el artilugio más famoso de los siglos XVIII y XIX, construido por el inventor eslovaco Wolfgang von Kempelen. Consistía en una mesa y un maniquí vestido con ropajes turcos que podía jugar al ajedrez. Era llevado por las cortes europeas asombrando a las monarquías. Se dice que incluso llegó a derrotar a Napoleón Bonaparte y su fama fue enorme. Tiempo después se supo que el maniquí había tenido operadores encubiertos que movían el mecanismo y jugaban en un ajedrez paralelo con imanes en las piezas. Acabó destruido en un incendio en Filadelfia en 1845.

Actualmente, nos encontramos en la que ya se considera la Cuarta Revolución Industrial, la progresiva sustitución de mano de obra humana por la artificial. Los robots ya son una realidad en muchos lugares y empresas y en pocos años seguramente nos encontremos en el mundo robotizado que el visionario Isaac Asimov predijo en sus libros.

Via Herón de Alejandría

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