Los ritmos del silencio

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Los ritmos del silencio se esconden más allá de las líneas de tu destino.
El ahora no crea un futuro, ni modifica en ninguna forma el pasado, porque más allá del instante todo lo que hay a tu alrededor es pura ilusión.Y así crecí, pensando que tal vez un día pudiera encontrar el sentido de mi vida. Pero las coordenadas de la sociedad siempre fueron muy distintas de las mías, los tiempos no rodaban como engranajes perfectos en mi existencia y siempre llegaba tarde a todo, o tal vez no era necesario que perdiera el tiempo en experiencias mundanas.

Nunca viví nada que mereciera la pena olvidar, ni sentí el deseo de nacer de nuevo. Las rutinas se hicieron cada vez más simples y más mecánicas. e incluso se volvieron adictivas, porque sin ellas me perdería entre mis recuerdos, y tal vez si comienzo a pensarlos o a sentirlos descubriría esos huecos que hay en mi alma.
A veces, cuando observo mis lamentos, siento el deseo de cobijar ternura entre mis brazos, aunque sé que todo es una ilusión, que nada perdura, que todo es un instante…me perdería de nuevo entre el cordón que me unió a otra vida, acariciaría mi vientre henchido de gloria divina y cantaría la misma melodía que acompañó el nacimiento de mis hijos. Sentiría el olor de ese primer rayo de vida y volvería a reír con ellos y a jugar con sus inocencias.

Pero los instantes se diluyen y el deber se apodera. Los momentos sagrados se vuelven comunes y así la vida transcurre, desde la esperanza de que otros sean lo que uno nunca fue.
Observo mi rostro apenas ya joven y me doy cuenta de que también llegué tarde, nunca entendí como es el tiempo aquí en la tierra, pero siento que aún no he comenzado a vivir y que la vida de alguna forma se muestra en mis arrugas. Solo ella es quien sostiene mi imperfección y es quien marca mi rumbo. Puedo revisarla por completo y comprender que al fin y al cabo mi destino no fue el de ser mama o esposa o amiga. Creo que mis hijos son conciencias del universo, que mi compañero de vida fue mi gran hermano del alma y que lo más importante es la semilla que dejamos, porque no es trascendental que germine o no, lo importante es el acto de dejar tu huella y por tanto tu estela.

Los ritmos del silencio se esconden más allá de mi destino, en otras dimensiones, entre las redes de mi propia existencia, esperando a ser desveladas por mi observación. Comprendo que solo el ahora es lo único que existe, porque si miramos hacia otro lado entonces, nos devoran las nostalgias, las ilusiones o los deseos. Pero si me aferro a este instante entonces es cuando me encuentro y reconozco mi existencia porque soy eterna y agradecida. Me siento silencio.

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