Año 2050 ¿qué comeremos?

El futuro de los alimentos

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¿Cómo será la alimentación dentro de 50 o de 100 años? ¿Seguiremos comiendo lo mismo? ¿Como haremos para alimentar a un población en constante crecimiento? Esa pregunta ha llevado a fabricantes y científicos a desarrollar las primeras pruebas de lo que podría ser la comida del futuro. Desde hamburguesas in vitro hasta platos creados mediante impresoras 3D. ¿Será el fin de la comida casera de la abuela?

El crecimiento de la población mundial y la necesidad de producir alimentos para todos es una preocupación que tiene ya muchos años. Se calcula que para el año 2050 seremos 9 mil millones de individuos en este planeta y el número seguirá aumentando. Cada vez se necesitan mayor cantidad de tierras y agua para producir más alimentos, así como para alimentar a los animales que comemos. Pensando en este problema la empresa Calysta ha desarrollado un proyecto que podría ser la solución para obtener suficientes alimentos para el ganado. Produce alimento a partir de bacterias que se nutren del gas metano. Estas bacterias llamadas methylococcus capsulatus se reproducen en tanques de metano con las cuales se hacen gránulos semejantes a los del alimento balanceado. La Unión Europea ya ha aprobado este alimento, que se usa solo para peces, pero se espera que en un futuro sirvan para evitar la roturación de más terrenos para producir forrajes.

Pero, ¿y los alimentos de las personas? Actualmente la frontera entre la cocina y lo artificial parecen difíciles de vislumbrar. En los restaurantes más innovadores, los chefs son más químicos que cocineros y abundan los platos moleculares en los que se usan para cocinar herramientas de laboratorio. Ravioles transparentes, espirales de aceite de oliva o esferas de pera, son algunos de los platos que se pueden encontrar en estos lugares, que generan cierta resistencia por parte de los consumidores. En ciudades como Nueva York, Tokyo o Singapur son la última tendencia en gastronomía.

Más allá de las tendencias culinarias y de las caprichosas modas de los restaurantes más sofisticados, diversas empresas y equipos científicos se encuentran desarrollando propuestas para la producción artificial de alimentos. Es el caso de la hamburguesa in vitro, creada por especialistas de la Universidad de Maastricht a partir de células madre vacunas y ya degustada en Londres por expertos en gastronomía. En su opinión, tienen el mismo sabor y características pero con menos grasa. Esta innovación permitiría modificar totalmente el panorama, eliminando establos, frigoríficos y mataderos. Otra de las posibles soluciones serían los alimentos transgénicos, pero estos aún generan mucha resistencia y desconfianza en amplios sectores sociales y su avance es lento.

La biotecnología también intenta hacerse un lugar en la producción de comida. Es el caso del arroz con betacaroteno (que evita el déficit vitamínico), papas que absorben menos aceite, maní hipoalergénico o zanahorias con calcio. Se trata de productos que han sido modificados para incluirles propiedades beneficiosas para la salud que naturalmente no poseen. ¿Y si hablamos de un solo súper alimento que sustituyera a todos los demás? En 2013 nació Soylent, una súper bebida en polvo que posee según sus fabricantes todos los nutrientes necesarios para vivir y que generó bastante polémica. Desarrollada por el experto en software Rob Rhinehart, en 2016 fue retirada del mercado por diversos problemas intestinales que provocaba. Fue modificada la receta, volviendo a ser comercializada entre finales de ese año y 2017. Entre sus principales ingredientes se encuentra la harina de algas.

Sin embargo, según los especialistas y diversos cientificos la gran revolución de la cocina del futuro vendría de la mano de los impresoras 3D capaces de imprimir productos alimenticios. Con ellas se podría obtener cualquier plato del mundo que deseemos, eliminar ingredientes negativos o alérgicos o incluso cocinar a partir de las necesidades del comensal en sabor, estética y salud. Así, por ejemplo la empresa alemana Biozoon se encuentra desarrollando impresoras para alimentos destinados a ancianos con problemas bucales o dentales, tema en el que la NASA está muy interesada para la comida de sus astronautas.

Todas estas novedades ya son una realidad y permiten vislumbrar hacia donde se dirige la gastronomía y lo que podría ser la comida del futuro. Su implementación supondría enormes cambios sociales y culturales de los que aún estamos muy lejos y que requerirán mucho tiempo. El acto de cocinar, sentarse a comer y disfrutar de ello es un ritual que se irá transformando al igual que la humanidad. El rumbo, lo marcaremos nosotros.

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