Movimientos sísmicos

Los terremotos y las personas

0 394

Los movimientos telúricos han sido temidos por la Humanidad desde su origen. En un principio se atribuían a los vengativos dioses, a monstruos mitológicos o a castigos de Dios, siendo los griegos los primeros que buscarían explicar estos eventos de forma racional. Lo cierto es que los terremotos siempre han estado acompañados de destrucción y muerte, por lo que el ser humano se ha esforzado durante milenios en entender estos fenómenos y lograr en algún momento predecirlos antes de que tengan lugar.

Placas tectónicas

Antes de que los humanos hollaran la Tierra, ésta siempre estuvo en movimiento y en reacomodamiento. El supercontinente original, Pangea, se fue fragmentando en los continentes actuales y desplazándose hasta conformar lo que conocemos hoy. El interior de nuestro planeta está muy despierto, lleno de estallidos de energía, movimientos y fuerzas internas. La energía acumulada por la actividad tectónica y volcánica se libera violentamente en los bordes de las placas tectónicas, que se presionan y chocan entre sí, originando los seísmos. A la actividad natural también hay que sumarle algunos acontecimientos provocados por los humanos que también generan terremotos: las explosiones nucleares y posiblemente el fracking petrolero (algo que todavía no está confirmado).

Tradicionalmente, los lugares más propensos a estos movimientos son el llamado “anillo de fuego” del Pacifico, que recorre toda la costa oriental asiática y Oceanía siendo Japón o Nueva Zelanda lugares críticos; algunos puntos del Mediterráneo como Italia, Grecia o Turquía; la costa occidental de América, con la peligrosa falla de San Andrés en California, México, Perú o Chile, siguiendo la línea de los Andes. En estos lugares suele haber volcanes activos que generan aun mayor inestabilidad a la corteza terrestre y demuestran la intensa actividad terráquea. La cercanía del mar y la acción en ellos de los terremotos genera un fenómeno aún más mortífero: los tsunamis.

Poseidón

Temeroso de estos movimientos terrestres, el ser humano siempre buscó explicarlos de alguna forma. En la Antigüedad se recurría a la mitología. En Japón por ejemplo, el dios Kashima era el encargado de vigilar y sujetar a un monstruoso pez gato llamado Namazu con una roca. Sin embargo, cuando el dios se distraía, el pez se agitaba, provocando los seísmos. Para los griegos, al cruel dios de los mares, Poseidón, de vez en cuando se le ocurría agitar la tierra para suplicio de los habitantes de las polis. En la mitología nórdica, el dios del caos, Loki provocaba temblores cada vez que se acomodaba en su prisión. Para los mayas, cuando había demasiada superpoblación, 4 divinidades agitaban la superficie terrestre reduciendo la población y restableciendo el orden cósmico.

En la Antigua Grecia, los seísmos eran considerados malos augurios, avisos del mundo divino sobre la conveniencia o no de actos cotidianos. Sin embargo, en la cuna del pensamiento, pronto surgieron filósofos que intentaron explicar estos acontecimientos no como castigo divino, sino debido a alguna causa racional. Tales de Mileto, creía que la Tierra flotaba sobre el agua y que los terremotos eran debidos al oleaje, Demócrito los atribuía a la humedad y al vapor. Fueron Anaxágoras y Empédocles los que idearon la explicación que triunfó en la Antigüedad: los seísmos eran debido a violentos escapes de aire caliente. Hasta la llegada de la Edad Media, cuando eran interpretados como castigos de Dios y cualquier otro pensamiento era considerado anatema y herejía. Explicación que recién comenzó a ser contestada en los siglos XVII y XVIII.

Fueron Humboldt, quien estudió minuciosamente los temblores y los relacionó con los volcanes, o el japonés Koto, que descubrió que se debían a los movimientos de la Tierra, los que empezaron a abrir un nuevo camino en esta disciplina. La creación de sismógrafo fue otro hito, junto con los planteamientos de Reid y Lawson en 1906 que propusieron que el movimiento se debe al reacomodamiento de las placas tectónicas. A lo largo de los años también se fueron creando escalas para cuantificar sus efectos y su potencia siendo el de Richter (que mide la energía liberada) y el de Mercalli (que mide los efectos) los más comunes

Grabado del terremoto de Lisboa de 1755

Mientras, la Historia ha estado llena de terremotos. Los terremotos y tsunamis que arrasaron la cultura minoica en Grecia, los que tumbaron el Coloso de Rodas o el Faro de Alejandría, el que arrasó Lisboa en 1755 y generó un tsunami que afectó a las costas africanas o el de San Francisco en 1906. El más potente del que se tiene registros es el que devastó Valparaíso, Chile, en 1960 con una fuerza de 9,6 en la escala de Richter. Volviendo al plano local, Argentina tiene intensa actividad sísmica en torno a la siempre activa cordillera de los Andes, siendo el primero del que se tienen registros el de Salta de 1692. Pero el más intenso fue el de San Juan de 1944, que provocó una reconstrucción casi completa de esa capital provincial pero también permitió organizar sistemas de prevención inexistentes hasta entonces.

Los terremotos son sinónimo de grandes cambios, así por ejemplo en China eran tomados por augurios de cambio de gobierno por lo que se hacían minuciosos estudios sismográficos. Después de estos fenómenos siempre ha sido momento de unir fuerzas, colaborar entre todos e iniciar la reconstrucción. Hacer recuento y mirar hacia delante. Un ejemplo de esto es la admirable colaboración entre los mexicanos después de los últimos terremotos, que ha sorprendido por su determinación y servicio. Las catástrofes son eventos terribles, pero contribuyen a hacer desaparecer por breve tiempo repúblicas, reinos y gobiernos, permitiendo que las personas se den cuenta de todo lo que pueden sólo con sus manos y su espíritu.

You might also like More from author

Comments

Loading...