El vidente de Adolf Hitler

Adivino, mago y astrónomo

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Erik Jan Hanussen llegó a ser uno de los videntes favoritos de Adolf Hitler. Lo curioso de esta historia es que era judío, sin embargo Hitler no lo sabía a pesar de que se congratulaba de poder oler judíos a la distancia. Este curioso personaje se hizo muy famoso entre la alta sociedad berlinesa, llegando a poseer un pequeño imperio con sus negocios como astrónomo, mago y adivino. Mezclando sus dotes como conferenciante y cierto aire de misterio y misticismo, conquistó por poco tiempo la capital alemana.

Hanussen en una de sus sesiones de espiritismo

Harschel Steinschneider nació en Viena en el seno de una humilde familia judía, pronto se trasladó a Praga donde creó un pequeño negocio de videncia hasta que tuvo que huir y se instaló en la capital alemana. Allí cambió su identidad por la de Hanussen, dijo ser hijo de aristócratas daneses y ocultó su judaísmo. Se extendió la idea de que poseía poderes telepáticos y paranormales, practicaba la hipnosis y la magia. Pronto se hizo famoso en la vibrante noche de esta ciudad, la capital europea de los espectáculos. Obtuvo mucho prestigio vinculándose con la crema y nata de la sociedad berlinesa. Desde la actriz Marlene Dietricht a los ascendentes jerarcas nazis, entre ellos Ernst Röhm o Hermann Goring. Era simpático y carismático, un auténtico showman, lo que le granjeó muchas simpatías y mucha gente se acercaba a él.

Poco a poco comienza a forjar un pequeño imperio. Cobraba pequeñas fortunas en sus consultas personales, se compró varios departamentos de lujo, 7 coches y un yate que se decía era más lujoso y grande que el del millonario Rockefeller. Sus contactos con los nazis pronto le permitieron acercarse al ascendente Hitler, sin embargo éste no estaba pasando por su mejor momento. En mayo de 1932 el nacionalsocialismo perdió la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y Hanussen decide publicar la carta astral de Hitler, asegurando que llegará pronto al poder, por lo que el futuro dictador se acerca a él y comienza una relación de amistad.

Las reuniones entre ambos eran cada vez más numerosas, el vidente le enseñó sus técnicas de control de masas. Tras una nueva derrota electoral en noviembre de 1932, las tensiones dentro del nazismo crecen, pero Hanussen se convierte en el apoyo de Hitler. Ofuscado por sus dificultades para hacerse con el poder, finalmente el adivino le asegura que para alcanzar sus objetivos debe romper un sortilegio, acudir a la casa natal de Hitler y arrancar una raíz de mandrágora. Poco después de consumar el ritual, en enero de 1933 se producen una serie de acontecimientos curiosos y nefastos. El presidente Hindemburg finalmente cede ante las presiones y le otorga la Cancillería a Adolf Hitler, haciéndose realidad las previsiones de Hanussen.

Su fama llega al clímax, compra un palacete para hacer sesiones privadas a los ricos donde su egolatría se desató: ordena erigir una estatua de 3 metros de sí mismo en la entrada. Además, empieza a adquirir medios de comunicación para extender sus redes. Poco después, en una pomposa ceremonia de inauguración con  los más eminentes políticos, artistas y empresarios, predijo el incendio del Reichstag, el parlamento germano. Al día siguiente, un incendio se desató en el edificio, la excusa perfecta para que Hitler acusara a los comunistas y disolviera la democracia alemana. Sin embargo, la gente comenzó a sospechar del vidente, pensando que tal vez hubiera tenido algo que ver con el incendio.

De repente el imperio comenzó a desmoronarse como un castillo de naipes. Los comunistas intentando hacer ver a Hitler como un crédulo, hicieron público el pasado judío del adivino con una partida de nacimiento. Además, Hanussen empieza a ser una molestia para los ya todopoderosos nazis, por todo el dinero que les había prestado y por su conocimiento de las orgías que organizaba y en las que habían participado los jerarcas hitlerianos. Poco después, a finales de marzo de 1933 un pelotón de las temibles SA lo secuestran y lo asesinaron. Su meteórica carrera se terminó abruptamente, pasando a la historia como una de las primeras victimas del régimen que había ayudado a construir.

Incendio del Reichstag en 1933. Marcó el principio del fin de Hanussen

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