Hablando con María Malusardi

Escritora y poeta comprometida

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María Malusardi es escritora, poetisa, música, docente e imparte talleres de literatura. Su vida esta signada y estrechamente vinculada a las artes y la expresión de su profundo mundo interno. Universo y Realidad tuvo el placer de entrevistarla en su casa particular del barrio porteño de Caballito. Entrar en su despacho es como internarse en la inmensa intelectualidad de María: las estanterías de madera alojan cientos, miles de libros, que con sus lomos de diferentes colores y texturas parecen observarnos desde sus anaqueles. La sensación de que la Sabiduría personificada esta presente en la habitación es constante en todo momento, es una presencia observante que se vuelve tan real como el té que sirve al periodista.

María lleva escritos numerosos libros, en los que la poesía juega un papel muy importante. De profesión periodista (trabajó largo tiempo como colaboradora permanente de Clarín en los 90 y otras publicaciones), actualmente se dedica a enseñar Entrevista y Estilo en la Escuela de Periodismo Tea, además de su actividad como escritora, poetisa y música. Nos cuenta que la docencia así como los talleres literarios, son para ella un gran aliciente que le genera mucha satisfacción ya que la lleva a estar en contacto con la juventud, algo que le da esperanza de cara al futuro. “Lo hago con pasión y compromiso. Para mi la enseñanza es transmisión e intercambio, incentivo a la reflexión. Intento darle al otro la posibilidad de que descubra su interioridad”. Este año publicó el libro “el desvío y el daño” (Buenosaires Poetry) y se encuentra inmersa en varios proyectos. Por un lado, está terminando su poemario “artista del hambre”, en el que recupera el mundo e imaginario kafkiano que tanto le apasiona. Y por otro lado, un ensayo sobre la obra de Alberto Szpunberg, escritor inspirador y amigo suyo.

Pero, ¿cómo empezó esta intensa relación con las palabras y la escritura? “Cuando tenia 12 años yo estaba en una situación difícil, de caos en la que mis padres se acababan de separar, algo que me devastó y además me habían cambiado de colegio. Tuve una prueba de lengua, en la que había que hacer una composición libre. La maestra destacó delante de la clase mi prueba y la leyó.” María nos cuenta que en ese momento no fue consciente, pero aquello le hizo darse cuenta de que ella destacaba por su escritura, era lo que la definía. Le atraían las lecturas que les recomendaban en la escuela, como por ejemplo el “Leve Pedro” del célebre cuentista Anderson Imbert y pronto se sumergió en el mundo de los libros, leyendo un poco de todo. A los 20 años, después de abandonar varias carreras, decidió ser escritora. María se ríe irónicamente recordando aquello: “¡que irreverente! ¿no? pero si uno no es irreverente no logra ciertas cosas en la vida. Porque da miedo, la decisión de ser escritor es algo que tiene que ver con un proceso interno, un proceso largo que hay que poner a prueba todos los días”.

El proceso de escribir y transcribir en palabras lo que habita en nuestra mente, es sin duda el paso más importante para el escritor. “Cuando escribo hay necesidad, hay deseo, hay urgencia o incluso desesperación. Siento paz cuando termino, cuando creo que logré lo que buscaba. Como dice Paul Valery un poema nunca se termina, sino que se abandona. Es también un momento de goce, que incluye padecimiento”. Es como un iniciar un camino de desconcierto, que no sabe hacia donde la llevará. Los temas que la impulsan a escribir son muchos, situaciones determinadas, pero sobre todo la experiencia. La experiencia entendida como apropiación de aquello que ocurre en el mundo, como las sensaciones íntimas, las carencias, los vacíos, aquello sobre lo que se reflexiona y construye nuestra forma de ver el mundo. “La muerte es un tema importante, que siempre está presente en mí. Es algo sobre lo que escribo mucho, la muerte como final trágico. Sobre los sueños, sobre ese mundo onírico tan intenso que poseo. Sobre la infancia, mis recuerdos del campo, cuando iba montar sola a caballo”.

María nos cuenta una de esas situaciones que la llevaron a escribir. En un paseo en coche por las colinas, cerca de Tucumán, una intensa niebla la rodeó y ella sintió una fuerte presencia de muerte. De ahí surgió su obra “variaciones en la niebla” (Alción, 2005). O cuando soñó con un sórdido orfanato junto al mar y escribió 10 paginas de poemas de un tirón (el orfanato, Alción 2010). “Siempre es una sorpresa lo que se genera en el lector, en el otro. Es algo impactante”. También, recibe mucha influencia de la música en su escritura. Nos asegura que si hubiera tenido otra vida, seria instrumentista de orquesta. Le apasiona tocar la flauta traversa y escuchar la música barroca.

En cuanto a su intensa relación con la poesía, nos la describe como un género literario diferente, más musical y plástico. “Me recuerda al acto de tallar el mármol de una escultura, en la poesía se hace lo mismo, hurgar en la materia del lenguaje, modelándolo, en función de sí mismo. Hay una profunda interrelación entre mi interioridad y la del lenguaje”. Es inevitable hablar del alejamiento entre el público masivo y la poesía, un alejamiento prejuicioso, “no hay que ser un erudito para leerla, sino solamente acercarse a ella, dejar llevar las emociones por lo que se lee. La gente se ha alejado también por pereza, la poesía requiere de un compromiso de lectura mas hondo”. E incluso hay una cuestión de clase, en el que este género ha sido encasillado para una minoría intelectual y de clase pudiente. “Los gustos parece que están determinados por la clase a la que pertenecemos. Eso es una desgracia, porque cualquier persona puede acceder a cualquier cosa. El arte es expresión pura”.

En opinión de María, curtida en este género lírico, la poesía argentina actual es muy rica, hay muchos autores promisorios, jóvenes y mayores de 30. Y sobre todo autoras excelentes. Como apasionada del verso, hace una defensa de la importancia de la poesía en este mundo agitado, de la necesidad de esa introspección a la que nos obliga su lectura. “Si todo el mundo la leyera, los periodistas, los narradores, el lenguaje se enriquecería mucho y su profundidad con relación al lenguaje y al pensamiento. Porque la poesía tiene mucho de pensamiento. Por algo, muchos filósofos se acercaron a los poetas para expresar mejor sus ideas”. Su voz nos vuelve a recordar de la necesidad de la lectura, de sentarse a leer un buen libro y dejarse llevar a otros mundos y otras sensaciones. Y de la importancia de tomarnos un tiempo de reflexión y autodescubrimiento.

María Malusardi (Buenos Aires, 1966). Publicó los libros de poesía el sastre (Ediciones en Danza, 2015), artista del trapecio (Alción, 2014), la música (El suri porfiado, 2013), el orfanato (Alción, 2010), trilogía de la tristeza (Alción, 2009), museo de postales (El Suri Porfiado, 2008), diálogo con pescadores (Alción, 2007), variaciones en la niebla (Alción, 2005), la carta de Vermeer (Alción, 2002) y el accidente (Mascaró, 2001). El sastre obtuvo la Mención especial del Premio de Literatura Casa de las Américas 2015, de Cuba. Y trilogía de la tristeza resultó finalista del Concurso Olga Orozco 2009, además fue traducido al francés y editado en 2013 como trilogie de la tristesse (Zinnia Editions), tanto en papel como en formato e-book.
Realizó la selección, edición y el ensayo preliminar de la poesía de Raúl Gustavo Aguirre en el volumen Obra poética (Ediciones del Dock, 2015) y rescató el ensayo Las poéticas del siglo XX (Audisea, 2016). Trabajó, como periodista, desde 1989, en los diarios Clarín, Perfil, La Gaceta Cultural y las revistas Nó- mada, Nueva, Debate, Lugares, El Arca, entre otros. Entre 2013 y 2015 escribió en Caras y Caretas exclusivamente sobre poesía argentina. Colabora en diversos medios electrónicos.

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